Mujeres

Ecos de la Conferencia “Aclaraciones necesarias sobre las categorías sexo y género”, debate en curso

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Foro “Aclaraciones necesarias sobre las categorías sexo y género”

  • Intervención de Marcela Lagarde y de los Ríos

Guadalupe López García

SemMéxico, Cd. de México, 30 de marzo, 2022.- La perspectiva de género incluye una vocación transformadora, radical, feminista. Está plasmada en constituciones de todo el mundo, en leyes, en políticas, en la base de la reforma del Estado moderno que hemos estado construyendo en cada país, en cada región, afirmó la antropóloga feminista Marcela Lagarde, en el foro “Aclaraciones necesarias sobre las categorías sexo y género”.

La actividad en la que participaron además la filósofa española Amelia Valcárcel y las abogadas Alda Facio, de Costa Rica, y Andrea Medina, de México, se efectuó el 24 de marzo pasado y fue convocada por el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH), de la Universidad Nacional Autónoma de México, La moderación estuvo a cargo de la académica Aimée Vega y la defensora de derechos humanos Angélica de la Peña.

Al inicio, Lagarde pidió que el foro sea presidido en ausencia por tres feministas que murieron en durante la pandemia por covid-19: Diana Rusell, a quien se le debe la categoría de femicide, que sirvió de base para el delito de feminicidio que desarrolló Marcela Lagarde. María Elena Chapa, quien aterrizó la política feminista, generosa y plural, y Martha Sánchez Néstor, amuzga guerrerense dirigente de movimientos de indígenas en México y América Latina. También mencionó a Alaíde Foppa, fundadora de la revista fem, guatemalteca desaparecida en 1980, y a Ernestina Ascencio, indígena que murió el ataque sexual cometido por militares, cuyo caso fue reabierto. Agregó “a todas las víctimas que no han podido acceder a la justicia”.

La disertación de Lagarde y de los Ríos giró alrededor de la obra de la filósofa francesa Simone de Beauvoir, El segundo sexo, publicado a finales de la década de los años 40. Desde un discurso crítico, De Beauvoir subrayó que la opresión está basada en el sexo, y creó —sin proponérselo ni llamarla así— no solo la categoría sino la teoría de género.

De Beauvoir no llamó género al género, aclara. Fueron otras generaciones. Una fue la antropóloga estadunidense Gayle Rubin, estadunidense y otra, Joan Scott, historiadora socialista, marxista y feminista. El género, apuntó, es el resultado de la interacción de los componentes subjetivos, simbólicos, sociales, económicos, culturales y políticos. Es una serie de atributos asignados a las personas, de acuerdo con su sexo, enmarcado en la sexualidad. Otro aspecto es la interpretación cultural que siempre lo acompaña.

El género no se define a sí mismo, explicó; está sujeto a la heterodesignación. Su construcción es compleja y contradictoria. Atañe al sujeto, a la sociedad civil y al Estado. Las feministas abonamos en esos procesos para dejar de ser para los otros, de otros. Y como lo dijo Franca Basaglia —a quien llamó la antipsiquiatra—, impulsar un para sí. Un ser para sí, un cuerpo para sí, fundamental para convertirnos en sujeto.

Para Lagarde, De Beauvoir develó el contenido androcéntrico y patriarcal de biólogos, genetistas, antropólogos, historiadores, filósofos que no veían a las mujeres y que las ignoraban mediante mecanismos como el lenguaje o la política. En su libro, la francesa analizó la obra teórica de la vanguardia del humanismo moderno, democrático, al que se adscriben los movimientos feministas. Criticó los diversos determinismos como el biologicismo, el naturalismo, el psicologismo, etcétera, e hizo evidente el poder de dominio y de opresión de género de las mujeres.

Cada enfoque hasta entonces se consideraba la única fuente para explicar aquello que llamamos sexo y que llamamos género, pero el feminismo ha modificado esta división de las disciplinas científicas y del pensamiento, reflexionó Lagarde, e hizo énfasis en que el sexo y el género no son categorías solas ni aisladas. Pertenecen a teorías emanadas de corrientes ideológicas y políticas sobre el lugar de mujeres y hombres en el mundo, al dejar de creer en los estereotipos y capacidad de control.

En dichos procesos han estado involucradas las ciencias sociales y humanidades que han trabajado teóricamente, han definido metodologías y se han sumado disciplinas científicas a ese encuentro académico. No tratamos, dijo, de saber acerca de cualquier fenómeno en este mundo, sino de saber más y mejor sobre las personas, sus necesidades, sus sociedades, sus comunidades, sus instituciones y sus cosmovisiones.

Durante dos o tres siglos, los movimientos feministas han considerado que el feminismo es la noción de que las mujeres son mujeres. Es una consigna del movimiento a nivel internacional vigente, con la que nos identificamos todas y por las que estamos en esta causa. Por ello, Lagarde encuentra que las categorías de sexo y género han servido a las mujeres que se sintieron atraídas por el feminismo, por su formación y acceso a diversas formas del pensamiento, actividades, funciones, oficios, modos de vivir, maneras de ser. Desde ahí la indignación. Algunas llegan buscando justicia y cambiar la condición opresiva en que vivimos, por un modo de vivir progresista, satisfactor de necesidades.

La autora de la obra antropológica, Los cautiverios de las mujeres. Madresposas, monjas, putas, presas y locas, que ha servido como base en el feminismo en México para fundamentar la opresión de las mujeres, insistió en que se deben poner nombre a las cosas, si no, no existen, y que se debe continuar integrando el lenguaje, las ideas, la imaginación, pero, sobre todo, generar conocimiento sobre lo nombrado, lo oculto, lo callado, sobre los tabúes.

Instó a que se debe generar conocimiento para mejorar la ruta de genealogías personales y colectivas, de corrientes de pensamiento. Por eso, no se cansa de citar a Simone de Beauvoir, pues “nos dio la llave de entrada a una nueva epistemología, nueva manera de mirar y pensar el mundo, con transgresividad como lo llamó”.

De Beauvoir incluyó los componentes de la condición humana, pues no solo somos biología, pero somos biología. No solo somos psicología, pero somos psicología. No solo somos economía, pero lo somos. Somos entes bio-psico-socio-juridi-politi-cultural. Con toda esa disertación, la filósofa francesa innovó el pensamiento interdisciplinario que revolucionó la modernidad. Agregó que se debe seguir cotejando con otras condiciones del sujeto: edad, sexual, social, de casta, de estamento, de clase y un etcétera muy amplio.

En el análisis de las obras de los pensadores de la época, Lagarde citó a Freud quien se preguntaba ¿qué quiere la mujer? De Beauvoir lo refutó: la mujer no quiere nada, es un símbolo. Reúne las diversas y estereotipadas formas que cada sociedad, cada clase, etnia y organización social define. La mujer no es un ser, es un mito, una norma, unas condiciones de vida. Quienes existimos somos las mujeres, en plural, concretas, cinceladas socialmente para ser y transcurrir, y somos únicas e irrepetibles. Y si tomamos nuestro destino en nuestras manos, podemos enfrentar de mucho mejor manera al orden patriarcal.

Mencionó a otra filósofa, la española Celia Amorós, quien señala que las mujeres no somos idénticas. El patriarcado quisiera seres idénticos para manipular, sustituir, desechar a unas mujeres con las otras. En todo caso, se debería preguntar qué quiere a cada mujer. Y es el feminismo el que nos orilla a pensar qué queremos, a construir una voluntad, un deseo, un anhelo, a transitar por nuestras vidas para hacerlo realidad, de la utopía a la topía. Ese es el tránsito feminista, estableció la antropóloga feminista mexicana, autora de diversos ensayos y libros. Una recopilación de parte de su obra es la de El feminismo en mi vida.

De Beauvoir también analizó a Marx por su visión analítica del capitalismo, la lucha de clases y la historia frente a diversas opresiones y, aunque asumió esa posición, lo criticó porque su visión androcéntrica le impedía ver la opresión que hoy llamamos género. En Engels y en socialistas como Alejandra Kolontay, Clara Zetkin, y en algunos aspectos Rosa Luxemburgo encontró afinidad en la visión genérica del mundo y de la historia. No obstante, hubo discrepancias ideológico-políticas.

Lagarde cuenta que las socialistas revolucionarias consideraban que el feminismo no correspondía con su clase social, sino con clases medias, altas, con la burguesía; por ese hecho, no se unieron los dos grandes afluentes de inicios del siglo XX, de la mayor transformación radical que se ha vivido en la historia social. Con todo, De Beauvoir consideró ese discurso crítico socialista un aporte para entender y plantear el papel trastocador en los cambios en la construcción de mujeres y hombres.

En otra parte de su intervención, Lagarde dijo que el cuerpo es la base fundamental de la persona. Somos cuerpo subjetivado, siempre intervenido, que se constituye en el paradigma central humano de formas de opresión que pasan por él, incluyendo la violencia feminicida. De ahí que citó la célebre frase de Beauvoir: No se nace mujer, se llega a serlo. Se tiene, dijo, el soporte maravilloso de los cuerpos, sobre los cuales podemos construir variadas formas de ser, de existir, de pensar, de anhelar, de desear.

En su exposición, Marcela Lagarde indicó que se está impulsando la concreción de la perspectiva de género en políticas, en gobierno, en ciudadanía en modo de vida, que conduce al empoderamiento de las mujeres, el cual se define como un proceso por el cual transitamos de cualquier situación de opresión, desigualdad, discriminación, explotación, exclusión o violencia, a un estado de conciencia. También mencionó la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, con la que se busca que la mujer pueda salir de esa violencia.

La conferencista puntualizó que es necesario volver a leer a Simone de Beauvoir, a sabiendas de que se disentirá de ella en más de un tema. Tal vez ahora mucho más que antes, pero no importa. Asimismo, se puede conocerla a través de la escritora mexicana Rosario Catellanos, poco recordada, valorada como literata, por su poesía, sus obras de teatro, su lírica, pero no por ser la introductora en México de El segundo sexo, cuando escribió su texto Meditación en el umbral.

Asfixiada, Castellanos se pregunta si será posible otro modo de ser humano y libre. Después esta andanada de estereotipos literarios y míticos sobre la mujer se pregunta si no hay otro modo de ser humano y libre. Largarde dijo que sí es posible responder, a condición de hacer la pregunta en femenino, porque “Nosotras estamos construyendo ese otro modo de ser humanas y libres”, porque la libertad se experimenta al aproximarnos al pensamiento y la práctica feminista que son ambos: pensamiento y praxis, como agüita de mayo para alguien que viene del desierto. “Por la vida y la libertad de las mujeres y las niñas”, finalizó.

SEM/glg

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