Mujeres

El Asilo Marillac A.C. mantiene incomunicadas a los familiares con sus residentes. No saben si están vivas o ya fallecieron

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  • De María Teresa Ortiz y Ruíz de 90 años sólo han visto una fotografía desde hace casi 3 meses
  • Y denunciaron al Instituto Nacional de las Personas Mayores, sin respuesta

Elda Montiel

SemMéxico. Cd. de México. 17 de febrero del 2021.- Existe preocupación por parte de los familiares de la señora María Teresa Ortiz y Ruíz, de 90 años, por no poder comunicarse con ella ni por celular. Residente en el asilo Hogar Marillac A.C. en Naucalpan, la reportaron con Covid 19 desde el pasado 10 de diciembre, aparentemente se recuperó, pero seguía con problemas de salud. No hay contacto con ella.

Lo que preocupa es  conocer su estado de salud y emocional de María Teresa, de 90 años, por dificultades para verla, darle  el cariño, cuidarla  por su edad, afirman sus familiares quienes narran que a principios de enero, ante su  insistencia  y solicitar proporcionarle un celular y ofrecer un doctor particular para que la viera, sólo obtuvieron una fotografía de ella en silla de ruedas.

Esta situación que inquieta  fue turnada al Instituto Nacional de las Personas Mayores (INAPAM).

Gema Montserrat Ortiz Martínez precisa que María Teresa reside en el Hogar Marillac desde el 2012. A partir del mes de marzo del 2020 debido a la pandemia solo se permiten las visitas esporádicas, con muchos  cuidados y a distancia. Entonces si permitían llamadas. 

A partir del mes de julio el contacto solo se hizo en  llamadas telefónicas, desde entonces percibieron decaimiento notable en la salud de la señora María Teresa, dificultades notorias para identificar palabras correctas, mal humor e incluso se dormía  cuando hablaban con ella.

En agosto, María Teresa se empieza a quejar por teléfono de mal trato por parte de su cuidadora. Se comunicaron  vía Zoom con el director del Hogar,  Jaime Javier López Mejía, y, éste, les confirmó que la persona de la que se quejaba la residente ya no tiene contacto con ella. 

El 30 de septiembre se buscó atención privada de un cardiólogo para la señora María Teresa Ortiz.

El 9 de noviembre piden que la vea otro médico. Del mismo hogar Marillac les recomiendan a la doctora Rocío Velázquez Constante, porque la doctora de planta no está presente desde la pandemia. La contratan de manera particular, ya que tiene acceso al hogar porque atiende a otras residentes.  

Le realizan estudios, le detectan una fuerte anemia y se le indican tratamientos con sueros, hormonas para elevar los glóbulos rojos  y oxígeno durante las noches. Además, se conoce que tiene  rasgos de infección urinaria.

Afirman que están al pendiente, saben que satura oxigeno entre 75 y 85, por lo que envían un aparato para dar oxígeno a María Teresa, esto sucede el 11 de noviembre.

Al día siguiente ya con el tratamiento de sueros y hormonas, vitaminas, pagado externamente por la familia, María Teresa comienza a recuperarse y puede hablar con más congruencia, gracias al  tratamiento recibido.

Sin embargo, comienzan a tener problemas con el director del Hogar quien nos  accede a que una enfermera del Hogar proporcione el tratamiento de inyecciones por ser  recetados por  una doctora externa.

El 2 de diciembre el director pide a los familiares la aprobación para hacer la prueba del Covid a María Teresa, lo cual lo aprueba Gema que es la responsable legal.

El 9 de diciembre es la última vez que habla Gema con Teresa, quien está totalmente alterada, y le informa que le practicaron una radiografía a sus pulmones. Inmediatamente, personal del Hogar, le retiran el teléfono y les dicen que la residente ya no quiere hablar con ellos.

 El 10 de diciembre Margarita Olmedo, del grupo Vicentina, parte del equipo de voluntarias del hogar, habla para decir que María Teresa tiene Covid.

Se pide acceso para hablar con Ma. Teresa, que no está entubada, y “solo se nos manda foto de que está atendida y Margarita Olmedo promete que podremos hablar por teléfono a un celular que hay en el piso de Covid. Esto nunca sucede, no nos permiten hablar. Hasta cierta medida, durante el tratamiento de Covid se puede entender la dificultad de contacto”.

Gema pide información sobre la infección urinaria a la trabajadora social Angélica Sepúlveda, quien desconoce este dato. También ofrecen enviar un celular para hablar con María Teresa y contratar una nueva doctora, ya que la anterior al enterarse que tenía Covid deja de verla y la trabajadora social responde que “Si no confías en nosotros, tienes la libertad de buscar otro lugar para ella”.

El 3 de enero Gema se queja por escrito de la falta de información sobre la salud de María Teresa y la posibilidad de que un geriatra externo dé seguimiento. No obtiene respuesta.

Ese mismo día una acompañante del Hogar habla para pedir otro tipo de pañales y les informan que la señora Teresa está libre de Covid y que pueden hacer llamadas telefónicas.

El 4 de enero se habla con Margarita Olmedo, les responde que es mejor no tener más doctores, que es difícil hablar por celular, pero promete que se les permitirá hablar dos veces a la semana, previo aviso. Y les envía una fotografía de María Teresa Ortiz en silla de ruedas, en la que se ve con claridad que podría hablarse con ella por teléfono.

El 26 de enero se comenta en las redes del Hogar este impedimento de 45 días para comunicarnos con María Teresa y le avisamos que buscaremos apoyo para resolver esta situación insostenible.  

Cabe señalar que el Facebook del Hogar Marillac no tiene movimiento desde el pasado 23 de noviembre donde se registra la participación del director como panelista en un seminario internacional con temas sobre envejecimiento.

 También, en la sección de los comentarios se puede ver un mensaje de un familiar de otra residente donde se lee.

María Ruíz “No hemos tenido contacto con mi tía… Y tampoco han mandado los reportes diarios como quedaron. Hoy hable, lo único que sé es que sigue viva. A ver si por aquí sí pueden mandar algún reporte. O ¿esperamos ya nada más a que se muera?”

En el blog de Hogar Marillac se anuncia como una asociación civil con apoyo de grupos de voluntarios como las Vicentinas. La residencia es permanente y dicen que tienen visitas las 24 horas del día, con asistencia médica y enfermeras 24 horas, supervisión en toma de medicamentos y seguimiento diario de signos vitales. La cuota mínima por estancia permanente es de 12 mil pesos y no refieren el precio por atención personalizada.

  

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