Mujeres

El caso de Debanhi Escobar desde la mirada feminista

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Misoginia, omisiones, falta de transparencia y de respeto por la víctima

Hablan 4 expertas de primer nivel y reflexionan sobre la persistencia del pacto patriarcal

Juana María Nava Castillo, corresponsal*

SemMéxico, Monterrey, NL, 30 de julio 2022.- Había escuchado y leído el nombre de Debanhi una infinidad de veces, pero nunca me había tocado escribirlo. Hacerlo ahora implica una enorme responsabilidad, sobre todo por cuidar la no revictimización, y no caer en la repetición y estigmatización que ha generado el caso de la joven nuevoleonesa desde el pasado mes de abril, y cuyo manejo atraviesa por la vida, las acciones y el cuerpo de la víctima, aún después de su muerte.

Debanhi Susana Escobar Bazaldúa, fue vista por última vez con vida la madrugada del 9 de abril de este año en el municipio de Escobedo, Nuevo León, situado al norte de la zona metropolitana. La última fotografía, al menos que conocemos públicamente, se ha convertido en un símbolo de la lucha por la no violencia, las desapariciones y el feminicidio.

Su caso, que sobrepasó fronteras locales y nacionales, no es el único, pero sí uno de los más visibles de manera reciente. Se había conocido el caso de María Fernanda Contreras, desaparecida y encontrada sin vida en el municipio de Apodaca, también en la zona norte de la metrópoli. Luego trascendió la desaparición de Yolanda Martínez, quien incluso llevaba más tiempo con reporte de búsqueda, y que finalmente fue localizada sin vida en el municipio de Juárez. En medio de esos casos surgieron otros en Nuevo León, como el de Jessica Ramírez, desaparecida y encontrada sin vida cerca de su casa, en Monterrey, y por los familiares.

¿Qué sucedió en el caso de Debanhi? ¿Fueron las redes sociales?, ¿fue la actuación de las autoridades, especialmente de la Fiscalía? ¿Fue la exigencia de la familia, particularmente de su madre y padre? ¿Fueron los medios de comunicación, o las movilizaciones feministas, o una ciudadanía más informada o sensibilizada?

Debanhi fue localizada sin vida el 21 de abril, a 13 días de su desaparición. Los  resultados que desde entonces han presentado las autoridades sobre la forma en que murió o fue asesinada la joven, han dejado cada vez más preguntas sin respuesta.

Omitiré la cadena de discursos y dictámenes emitidos por las autoridades, así como la descripción de hechos ultraventilados desde que desaparece, hasta la versión más reciente presentada el pasado 18 de julio. Pero a su vez, es a raíz de los recientes resultados, dados a conocer por la Fiscalía General de Justicia del Estado de Nuevo León, que SemMéxico, quiso explorar desde la mirada feminista, de mujeres expertas en el tema de no violencia, feminicidio y desaparición de personas, la lectura y el análisis del caso de Debanhi Escobar Bazaldúa, partiendo de cuatro aspectos principales: el desempeño de las autoridades, el manejo de los medios de comunicación, la participación de las colectivas y feministas, y la actuación de la ciudadanía en general.

Las voces de las mujeres entrevistadas nos señalan que los diferentes resultados en las investigaciones por el caso de Debanhi dan cuenta de una falta de coordinación institucional, omisiones, ausencia de rendición de cuentas, además de la revictimización de que ha sido objeto la joven no sólo por las autoridades, sino por los medios de comunicación y la ciudadanía.

Narrativa misógina, centrada en el cuerpo de la víctima

Mariana Gabarrot Arenas

En este sentido, y respondiendo a la pregunta de arriba, de por qué el caso de Debanhi trascendió de esa manera, Mariana Gabarrot Arenas, profesora investigadora de la Escuela de Humanidades y Educación, del Tecnológico de Monterrey, con especialidad en Geografía Humana, nos señala cómo a partir de esta tragedia, es que se construye una narrativa escandalosa, creando un personaje con el cual la sociedad se puede identificar, y esto tiene que ver con la interseccionalidad, de un perfil visible socialmente, con características específicas, distintas a la de otras poblaciones, por ejemplo las mujeres indígenas o las mujeres diversas.

La también maestra en antropología del cuerpo, sociología y feminismos, refiere que la resonancia de este caso ha estado plagado de misoginia, no solo por el odio a las mujeres, sino por la clasificación de las mujeres en “buenas y malas”, cuestionándose cómo una joven, buena estudiante, estaba en una fiesta.

Respecto de la actuación de las autoridades, Gabarrot Arenas, comenta que se ha notado una falta de coordinación de las diferentes instancias, además de una total falta de transparencia ante las diversas versiones y resultados hechos públicos.

“Nos dan resultados distintos sin explicar por qué son distintos. ¿Qué pasó? No explican inconsistencias, no asumen responsabilidades. Hubo un mal manejo desde el principio, y no hay rendición de cuentas; es necesaria una auditoría del proceso”.

Destaca también que todo el caso está centrado en el cuerpo de la víctima, en sus restos, sin tener información de quién o quiénes la lastimaron y ocasionaron su muerte.

Hay una falta de respeto a su cuerpo, hasta en su muerte. Se la sigue revictimizando, pero es más importante saber quién fue y qué le hicieron. Toda la narrativa es misógina, tanto de las autoridades como de los medios de comunicación, sin que aparezcan agentes masculinos o quiénes son los culpables, afirma, ¿Cómo es posible que se trate así a las mujeres muertas? Tienen que ser tratadas con dignidad.

Lamentablemente, el caso lejos de indignarnos porque la tragedia es más profunda que un solo caso, abona más al escándalo, que a una conciencia real de lo que pasa en este país, donde diariamente diez mujeres son asesinadas, concluye Mariana Gabarrot.

Falta de coordinación para acceder a la verdad y la justicia

Liz Sánchez Reyna

Liz Sánchez Reyna, defensora de Derechos Humanos, experta en el tema de desapariciones, integrante del Centro Fray Julián Garcés, Derechos Humanos y Desarrollo Local AC, coincide en la falta de coordinación entre las autoridades, aunque considera que el aparato de investigación demostró que puede movilizarse, como no lo ha hecho en otros casos de mujeres, adolescentes y hombres que llevan hasta más de una década en condición de desparición.

También señala que los resultados de las tres autopsias realizadas al cuerpo de Debanhi, generan más elementos que abonan a la desconfianza y a la incertidumbre frente a la posibilidad de acceder a la verdad y la justicia.

Al igual que Mariana Gabarrot, Liz Sánchez pone el foco en el hecho de que hay aspectos de los que no se habla, como lo es la presencia de sujetos masculinos en los espacios donde estuvo la joven, y la presunta vinculación con funcionarios de gobierno estatal, incluido el propio gobernador.

Respecto de la actuación de los medios de comunicación, considera positiva la visibilización del tema, pero no propiamente del manejo realizado, porque en general se ha revictimizado a Debanhi, y a otras mujeres desaparecidas, emitiendo juicios sobre su persona, actividades y amistades,  mostrando falta de ética, visión patriarcal, y ausencia de perspectiva de género. 

El movimiento feminista ha levantado la voz, ha exigido investigaciones con perspectiva de género y ha generado solidaridades de muchas mujeres de todas las edades, conectando con el riesgo que vivimos de violencia feminicida en este país, dijo Liz Sánchez.

Considera que entre la ciudadanía hay una mayor conciencia del riesgo que estamos viviendo, y de las condiciones de violencia en que nos desenvolvemos las mujeres, en particular las más jóvenes, sin embargo, me parece que aún no se alcanza a ver el espectro tan amplio y terrible de la cantidad increíble de desapariciones en el país y en el estado.

Es necesario, puntualizó, continuar exigiendo de manera conjunta un alto a las desapariciones y ejecuciones de personas, un alto a los feminicidios y una actuación clara de las autoridades, así como la aprobación de la ley estatal en materia de desaparición que sigue detenida en el Congreso, y que no se ha puesto a revisión de personas expertas en la materia.

Las instituciones no trabajan para las mujeres

Leal Puerta

La experta en la atención de las violencias en contra de las mujeres, y fundadora de Alternativas Pacíficas, AC, Alicia Leal Puerta, comenta a SemMéxico, que es indispensable dar respuestas claras respecto de una serie de preguntas relacionadas con el caso de Debanhi, específicamente en lo que respecta a las personas involucradas en los espacios en los que estuvo la joven.

Aun cuando los medios de comunicación han puesto en la agenda el tema de la violencia, en este caso, considera que no se han  hecho las preguntas adecuadas, por ejemplo para saber ¿quiénes estaban en la fiesta a la que acudió Debanhi? ¿quiénes operaban el hotel?; los dueños del hotel ¿ya fueron interrogados?, ¿qué pasó en las primeras 72 horas de la desaparición?, y se pregunta si más bien están respondiendo a peticiones del gobierno. ¿Negocian con la justicia y la verdad a cambio de otros intereses?

Tenemos instituciones, rebasadas, cooptadas por otros intereses, y hablo de instituciones operadas por servidores de gobierno en los tres niveles y los tres poderes, que no están funcionando en favor de las mujeres en este caso que nos ocupa, pero en general ante la fuerte problemática de violencia, desapariciones y feminicidios.

Más bien están manejadas por personas que siguen trabajando bajo el pacto patriarcal, bajo un sistema de dominación, señala la también extitular de la recién creada Secretaría de las Mujeres.

Hay, dijo, un desconocimiento profundo de qué es lo que necesitamos cambiar para que las cosas sucedan. Tenemos un alto nivel de impunidad, y solo contamos a las que denuncian, pero no a las que están siendo recurrentemente agredidas.  Podemos seguir haciendo cambios en las leyes, pero el problema siguen siendo los criterios en los que se aplican las leyes. El sistema de justicia, no trabaja para nosotras, en general.

Enfatiza: Nosotras ya cumplimos con la parte de romper el silencio; queremos que los hombres y el Estado, responsable en garantizar nuestros derechos, respondan, y asuman las responsabilidades de sus omisiones.

Llamar a cuentas a la Fiscalía

Séverine Durin,

La antropóloga, Séverine Durin, profesora investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, CIESAS, afirma que el caso de Debanhi visibilizó el grave aumento y feminización de las desapariciones en Nuevo León, especialmente de mujeres jóvenes, en lo cual han venido insistiendo desde hace tiempo, enfrentándose a la indolencia de las autoridades, a instituciones patriarcales, con un profundo desprecio hacia lo femenino.

Estamos ante una autoridad omisa y negligente en los tres poderes, y con una Fiscalía que, en este caso, no quiso coordinarse con las Comisiones de Búsqueda local y nacional, y emite tres dictámenes distintos, lo cual refleja un grave problema en cuestión pericial, señala la también experta en temas de migración, violencia, inseguridad, derechos humanos y desaparición de personas.

Y recalca, que, ante tan evidentes fallas, es preocupante que el Congreso del Estado no llame a la Fiscalía a rendir cuentas: Ser autónoma, no quiere decir que no deba ser transparente.

Respecto de los medios, la investigadora del CIESAS, destaca que fue esencial visibilizar el tema en el caso de Debanhi y otros como el de María Fernanda, que mencionamos al inicio, así como retomar el de Mayela Álvarez, colaboradora de esa institución, y desaparecida y no localizada desde agosto de 2020. Sin embargo, también apunta las diferencias que han surgido respecto de la prensa “amarillista”, revictimizante y llena de prejuicios, y la cobertura responsable de periodistas de investigación, aliadas/os.

“Nos hace falta una prensa no sólo con perspectiva de género, sino con enfoque de derechos humanos”.

Reconoce el gran impacto de las movilizaciones feministas en esta coyuntura; la transgresión y el acuerpamiento de las feministas, particularmente de las colectivas de jóvenes que difícilmente son cooptadas y forman una gran esperanza para exigir a las autoridades justicia ante demasiada violencia y demasiada impunidad. ¿Ante qué estamos?, se pregunta, y dice: Estamos ante un poder inconmensurable. Preocupante todo.

Las cifras de desaparición y feminicidio

Para dimensionar la realidad de lo que vivimos las mujeres en México, pero particularmente las del estado de Nuevo León, donde las autoridades reiteradamente han mencionado que no se tiene una crisis de desapariciones y feminicidios, y abundar en las ideas y reflexiones de nuestras entrevistadas, presentamos un breve recuento numérico.

Las estadísticas nacionales nos muestran un acumulado histórico, al menos de lo que se tiene registro oficial, de 255 mil 174 personas desaparecidas, no localizadas y localizadas, de las cuales 105 mil 887 son mujeres.

Lo anterior según los datos del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y no Localizadas, de la Secretaría de Gobernación, de marzo de 1964 al 28 de julio de 2022.

Del total nacional, 13 mil 945 corresponden a Nuevo León, de las cuales, 5 mil 712 son mujeres.

Solo contando a las personas desaparecidas y no localizadas, en general, hombres, mujeres y personas no identificadas, se tiene en esta entidad un registro de 6 mil 226. De éstas, no se tienen datos precisos desagregados por sexo.

Sin embargo, sí se tienen los datos del año 2020, cuando desaparecieron 779 mujeres, mientras que en 2021 la cifra aumentó a mil 148.

También hay diferencias en las cifras que presentan las instituciones. Por ejemplo, para este año, a mediados del mes de mayo la Fiscalía General de Justicia reportó 420 desapariciones de mujeres, de las cuales 33 no estaban localizadas, y 8 fueron localizadas sin vida; mientras que el Registro Nacional reportó 379 mujeres desaparecidas, 55 no localizadas y 6 encontradas sin vida.

En su más reciente informe, publicado el pasado 2 de julio, la Fiscalía reporta que de enero a junio de este año hay 44 mujeres sin ser localizadas, y que tan solo en el mes de junio 94 fueron localizadas con vida, y 4 sin vida.

Un reporte de Verificado, establece que, de acuerdo a la estadística de enero al 10 de mayo de este año, Nuevo León ocupa el segundo lugar nacional en desaparición de mujeres, con 376 casos, seguido del Estado de México, con 456.

 Y señala el repunte de casos comparando los primeros siete meses de la administración pasada y la actual, de modo que si en la anterior hubo en ese periodo 185 desapariciones, de las cuales 75 fueron mujeres; en la presente se registraron mil 391 casos, 617 mujeres.

Por otro lado, los más recientes datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, presentados el pasado 25 de julio, nos revelan que de enero a junio de este año se registraron en el país 479 feminicidios, ubicando a Nuevo León en segundo lugar con 58, otra vez seguido del Estado de México, con 76.

No obstante en la medición de casos por cada 100 mil mujeres, Nuevo León se ubica en primer lugar con una tasa del 2.01. Le sigue Morelos con 1.96.

Once municipios de Nuevo León se ubican entre los 100 que a nivel nacional tienen las mayores estadísticas de feminicidio, y destaca que el municipio de Guadalupe se ubica en primer sitio nacional, con 10 casos, mientras que Juárez se enlista en el quinto lugar con 7. Ambos municipios cuentan desde 2016 con Declaratoria de Alerta de Violencia de Género. 

El municipio de Escobedo, donde desapareció y 13 días después encontraron sin vida a Debanhi Escobar, está ubicado, por las cifras del Secretariado, en el octavo sitio, con seis casos en el periodo mencionado.

* Fundo la Revista Nosotras, por una sociedad con equidad (2008-2014); Periodista independiente (2006 a la fecha) y colaboradora de SemMéxico/Semlac hace 15 años.

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