Emergencia COVID-19

El COVID 19 expone la desigualdad social y precariedad del trabajo de las mujeres

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  • Exigen justicias trabajadoras de la maquila, agrícola, del hogar y migrante temporal. 
  • Salarios dignos, seguridad social y acceso al derecho a la justicia, demandas históricas sin cumplir.
  • Declaración de la Coordinadora Nacional de Defensoras de los DH Laborales  

Elda Montiel 

SemMéxico. Cd. De México. 4 de mayo de 2020.- La pandemia del COVID 19 ha puesto al descubierto la situación desigual e ilegal de miles de trabajadoras en México, que laboran en los límites de la dignidad humana, bajos salarios y miles sin seguridad social.

Así, y con motivo del 134 aniversario del Primera de Mayo, sostienen mujeres trabajadoras de la maquila, del trabajo agrícola, el del hogar y labores temporales de migrantes, en un comunicado de la Coordinadora Nacional de Defensoras de los Derechos Humanos Laborales.

Exigen a las autoridades cumplan con la ley, los derechos laborales reconocidos por las en la Ley Federal del Trabajo y los y Tratados Internacionales firmados por México., 

Señalan que las consecuencias de la emergencia sanitaria del COVID 19 ha expuesto en todos los rincones del país la desigualdad social y la precariedad de las condiciones laborales en todos los sectores económicos, particularmente en aquellos que se han designado como “esenciales”, que son los que realizan las mujeres, como enfermeras, dependientes, cajeras en los supermercado, cuidadoras, personal auxiliar en los hospitales, comunicaciones y toda clase de servicios, empleos considerados  como esenciales, pero  precarios. 

“El surco, la línea de producción, el traspatio, la empacadora, los hogares son nuestros primeros espacios de aprendizaje y trincheras de lucha, y a través de la organización es como hemos aprendido a reconocer los agravios, los derechos y los caminos para construir la justicia”, afirman.

En el marco del Día del Trabajo, mayo mes de las mujeres, trabajadoras de Chiapas, Morelos, Guerrero, Ciudad de México, Coahuila, Sinaloa y Baja California conmemoran el sacrificio de los Mártires de Chicago, en favor de la jornada de trabajo de ocho horas y el derecho a la libertad sindical. 

Afirman que a 134 años de esa gesta los empleadores siguen sin querer enterarse de esos derechos arrancados en más de un siglo, ni de las demandas históricas y ahora además de no cumplir con la pandemia del COVID 19 se ha puesto al descubierto la condición laboral de millones de trabajadoras, de violaciones a los convenios de la OIT y se agudiza la situación de quienes realizan las labores consideradas de menos importancia. 

Ejemplificaron las áreas laborales más injusta, como las vividas por trabajadoras migrantes de origen indígena, quienes se encuentran más expuestas a agravios en espacios de trabajo y vivienda, como situaciones de explotación, discriminación y subordinación particularmente graves.

“La violencia cotidiana en los espacios laborales como diferencia en percepción de sueldos y salarios con nuestros compañeros varones, que sigue siendo un problema duro de enfrentar. En otras ocasiones, somos colocadas en sectores de menor valor agregado dentro de los procesos industriales, principalmente en la maquila”.

A esto “hay que sumar el acoso y abuso sexual dentro del trabajo de patrones, supervisores, y de nuestros propios compañeros de trabajo; la discriminación, muy clara en el trabajo del hogar; también la discriminación para embarazadas; y ser invisibles en ámbitos de representación sindical, especialmente en la toma de decisiones”.

Recuerdan que, desde la reforma laboral de 2012, no obstante, el mandato de poner en marcha políticas que garanticen la no discriminación y acceso efectivo a la justicia para mujeres trabajadoras, lo cierto es que no existen mecanismos para hacerlas efectivas, son complicados los protocolos y existen obstáculos burocráticos para acceder a esos mandados, es tanta la dificultad, que se puede hablar de simulación.

Luego describen las ventajas de estar organizadas, en espacios donde aprenden a reconocer los agravios, los derechos y los caminos para construir la justicia. Y explican que en la Coordinadora “aprendimos a reconocernos como mujeres trabajadoras y reivindicar nuestra labor, tan importante y necesaria como nuestros derechos. Aprendimos también que congregarnos y compartir con otras mujeres nos da fuerza para hablar más fuerte y caminar más lejos”.

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