Claudia AlmaguerCOLUMNAS

El daño de la pandemia en la educación de niñas y niños

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Desde La Mano Izquierda

Claudia Almaguer

SemMéxico. San Luis Potosí. 29 de marzo 2021.- En septiembre del año pasado dieron inicio las primeras mediciones acerca de las dificultades enfrentadas por diversos grupos en situación de vulnerabilidad durante la pandemia de coronavirus en México, entre estos destaca la afectación a niñas, niños y jóvenes en el acceso a derechos como la educación.

Precisamente el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, publicó en ese mes los resultados de la Encuesta de Seguimiento de los Efectos del COVID-19 en hogares con niñas y niños”, encontrando una presión causada por la pandemia en los recursos de sus cuidadores, inseguridad alimentaria y mayores niveles de tensión dentro los vínculos familiares, como consecuencias ya medibles.

Respecto a la educación, casi un 90% de los entrevistados reportó que niños y niñas tomaron clases a distancia durante la cuarentena mediante el uso de internet, de celular o televisión. Pero hubo obstáculos: sólo un 39% tenía conexión fija, un 34% contaba con una computadora y un 49% tenía dos o más celulares.

Volvemos a mencionarlo ahora, luego de seis meses justo cuando un presunto semáforo amarillo ha puesto sobre la mesa la posibilidad (en algunos momentos exigencia) de comenzar la apertura de las escuelas. Lo más probable es que no suceda del todo, dado que si no el gobierno, el sentido común, apunta a un nuevo incremento de casos por coronavirus que se produciría dos semanas después del puente del 15 de marzo, cerca del 29 y otro posterior a la semana santa, cerca del 16 de abril.

Así, 2021 no será un año sencillo, pero ¿Cómo plantearlo a quienes apenas están creciendo? sobre todo cuando el daño para ellos y ellas es bastante severo. A la estadística previa se suma la recién publicada Encuesta para la Medición del Impacto del COVID-19 en la Educación 2020 del INEGI en donde se indica que por motivos asociados a la pandemia o por falta de dinero o recursos no se inscribieron 5.2 millones de personas (9.6% del total, de 3 a 29 años) al ciclo escolar 2020-2021. Entre estos motivos un 26.6% considera que las clases a distancia son poco funcionales para el aprendizaje, un 25.3% señala que alguno de sus padres o tutores se quedaron sin trabajo, en tanto un 21.9% no cuenta con dispositivos electrónicos o conexión de internet.

Eso lleva a pensar, la manera en que hasta ahora habíamos concebido el ir a la escuela ha quedado obsoleta y es urgente que una vez pasada la improvisación con la que se pudo seguir dando clases, se comience a pensar seriamente en la nueva significación de esa experiencia que exige de las y los docentes nuevos aprendizajes, pero también de los gobiernos algo más de solidaridad, considerando la preexistencia de un rezago educativo al que ahora se añade la deserción

Lo cierto es que esas generaciones están atravesando una parte trascendental de su infancia y juventud en circunstancias que ningún adulto les puede explicar por no haberse experimentado antes, se trata de niñas y niños, de adolescentes que en lugar de salir a la calle, de jugar, convivir o viajar, inclusive comenzar a independizarse, se hallan encerrados desde hace un año, han perdido movilidad, seguridad, recursos, en no pocos casos a sus padres, madres o familiares, es decir, es posible que haya muchos duelos abiertos ahora mismo y que necesiten mucho apoyo para gestionarlos, para construir resiliencia. Así, las decisiones políticas que tomemos hoy incidirán aún más en su futuro. A más ver.

Twitter: @Almagzur

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