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El gaslighting presidencial

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Desobediencia

Olimpia Flores Ortiz                                                       

SemMéxico, Zaachila, Oaxaca, 8 de marzo, 2021.-Es la víspera del 8 de marzo de 2021 el Palacio Nacional ha sido cercado por vallas que las feministas han convertido de la noche a la mañana, en un gran memorial de las víctimas de feminicidio y desaparición forzada.

López Obrador es un provocador; lo es por impotente. No puede con el feminismo, no le cabe en su racional.

Cuando un macho ya no puede argumentar frente a una mujer que lo increpa, entonces le revira la culpa a la mujer, provocándola hasta la violencia para luego señalarla como culpable.

Pero eso es lo que más calienta, que pretendan colocarte en el papel de explicar y defender tu ira, cuando a todas luces es evidente que el macho está en falta.

Este mecanismo de provocación es el típico gaslighting[i]  del que se valen los varones para descalificar a sus parejas cuando son acusados de violencia. Así nos gobierna López, impulsado por sus resortes primarios.  

El mecanismo se aplica desde la titularidad del Poder Ejecutivo de la República mexicana y la Ciudad de México, -que vienen siendo lo mismo- pero también por los gobiernos de las entidades federativas, al movimiento de acción directa que se ha ido gestando dada la incapacidad de los gobiernos para responder al reclamo de las mujeres por violencia, acoso, feminicidios y desaparición forzada.

En pocas palabras, la protesta feminista durante el año de pandemia se ha venido criminalizando y la sociedad y los medios dividen su opinión ante el reclamo que, siendo legítimo, escala sus acciones para llamar la atención sobre sus exigencias.

Se crea un círculo vicioso entre el recrudecimiento de las protestas, la contención institucional por medio de la represión y la persecución focalizada justificada por un discurso de descrédito que proviene del aparato de Estado.

Esta batalla evidentemente desigual, es sin embargo equiparada por sectores sociales que no alcanzan o no quieren ver la asimetría entre el aparato de Estado incólume e indiferente ante el reclamo y las mujeres que exigen el elemental derecho a vivir y además a poder hacerlo sin padecer violencia.

Pero la denostación adquiere también otros rumbos, mediante la aplicación del doxing o la investigación de bases de datos y redes sociales, que hacen circular información a modo por las benditas redes sociales que los medios replican y explotan.

Es una estrategia para distraer la atención que ya no se orienta hacia el contexto de violencia en el que viven las mujeres, sino a las intervenciones en las movilizaciones feministas a los edificios y monumentos.  

El Presidente de los otros datos, sostiene que el movimiento feminista está infiltrado por agentes del conservadurismo para instigarlo a la violencia y dañar al gobierno. Una vez más su nebuloso discurso, ¿de cuál izquierda habla él?  Y debiera entender que a las fuerzas sociales y políticas de este país que ostenten algún código moral, les parece inadmisible que se solape a un violador. Así es que diversas voces de la pluralidad se manifiestan al respecto, sin significarse feministas, sino sólo por decencia. Oportunistas los hay, él mismo es uno, por eso se reclama de izquierda.

Prevalece una situación entrampada y peligrosa. Y como distintivo de este 8 de marzo, tendremos a la obcecación presidencial en sostener la candidatura del violador Félix Salgado Macedonio al gobierno de Guerrero.

La vocación de un estadista exige la aptitud de dialogar, que López Obrador no tiene porque tampoco sabe escuchar. Las acciones del feminismo se corresponden con la estulticia de las acciones del gobierno.

 Mañana será un día seguramente marcado por la ira.

A estas horas cruces rosas, siluetas de colores, carteles, flores y pañuelos morados acompañan a los nombres de las víctimas de feminicidios en el memorial del Palacio Nacional.

https://www.facebook.com/OlimpiaFloresMirabilia

Twitter:@euphrasina  (amor por la elocuencia)


[i] Gaslighting, es un patrón de abuso emocional en la que la víctima es manipulada para que llegue a dudar de su propia percepción, juicio o memoria. Viene de la película ya clásica de Hollywood “Gaslight” en la que el protagonista le baja el gas a la lámpara asegurándole a la protagonista que el nivel de luz es el mismo, para hacerla dudar de su percepción.

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