Lupita Ramos Ponce

# El traje del Emperador

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Acude a firmar el amparo para recuperar el Instituto Jalisciense de las Mujeres.

La desaparición del Instituto Jalisciense de las Mujeres es el capricho del Emperador.

Lupita Ramos

emMéxico. Jalisco. 14 de febrero de 2019.- Seguro alguna vez usted escuchó o leyó el maravilloso cuento infantil de Hans Christian Andersen “El Traje del Emperador”, si no lo ha hecho, le recomiendo que lo haga. En esta historia, existe un Emperador tan aficionado a los trajes nuevos, que gastaba todo su dinero en vestir con la máxima elegancia. “No se interesaba por sus soldados ni por el teatro, ni le gustaba salir de paseo por el campo, a menos que fuera para lucir sus trajes nuevos. Tenía un vestido distinto para cada hora del día…” “La ciudad en que vivía el Emperador era muy alegre y bulliciosa. Todos los días llegaban a ella muchísimos extranjeros y una vez se presentaron dos trúhanes que se hacían pasar por tejedores, asegurando que sabían tejer las más maravillosas telas. No solamente los colores y los dibujos eran hermosísimos, sino que las prendas con ellas confeccionadas poseían la milagrosa virtud de ser invisibles a toda persona que no fuera apta para su cargo o que fuera irremediablemente estúpida.

-¡Deben ser vestidos magníficos! -pensó el Emperador-. Si los tuviese, podría averiguar qué funcionarios del reino son ineptos para el cargo que ocupan. Podría distinguir entre los inteligentes y los tontos. Nada, que se pongan enseguida a tejer la tela-. Y mandó abonar a los dos pícaros un buen adelanto en metálico, para que pusieran manos a la obra cuanto antes.

Ellos montaron un telar y simularon que trabajaban; pero no tenían nada en la máquina. A pesar de ello, se hicieron suministrar las sedas más finas y el oro de mejor calidad, que se embolsaron bonitamente, mientras seguían haciendo como que trabajaban en los telares vacíos hasta muy entrada la noche…”

Le sintetizo la historia: Envió a ministros y funcionarios de su confianza a inspeccionar el estado de la tela e informarse de si quedaría pronto lista. Éstos no podían ver nada de tela porque no había tela de donde cortar, los dos tramposos, explicaban el precioso dibujo que no existía y los funcionarios al no querer pasar por ineptos y tontos, se deshacían en alabanzas de la tela que no veían y ponderaban su entusiasmo por aquellos hermosos colores y aquel soberbio dibujo que no existía. Cuando llegó el turno del Emperador, le preguntan los trúhanes:

“¿Verdad que es admirable? Fíjese Vuestra Majestad en estos colores y estos dibujos -y señalaban el telar vacío, creyendo que los demás veían la tela.

«¡Cómo! -pensó el Emperador-. ¡Yo no veo nada! ¡Esto es terrible! ¿Seré tan tonto? ¿Acaso no sirvo para emperador? Sería espantoso.

-¡Oh, sí, es muy bonita! -dijo-. Me gusta, la apruebo-. Y con un gesto de agrado miraba el telar vacío; no quería confesar que no veía nada.”

No le cuento el final, vaya y búsquelo en esta realidad jalisciense, en donde impera la ceguera del monarca y de su séquito de funcionarios y comparsas, incluyendo a quienes deberían ser contrapeso en un poder legislativo que perdió legitimidad al mirar solo lo que el emperador quiere que miren.

La desaparición del Instituto Jalisciense de las Mujeres es el capricho del Emperador que prefiere estrenar su traje nuevo llamado Secretaría de la Igualdad Sustantiva entre hombres y mujeres. Un traje invisible, hueco, vacío que no le dice nada al pueblo que mira azorado al emperador desnudo.

Acude a firmar el amparo para recuperar el Instituto Jalisciense de las Mujeres en: Quito 1260, Col. Italia Providencia, Guadalajara, Jal. Con tu credencial de elector vigente.

 #YoRecuperoIJM

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