Claudia AlmaguerCOLUMNASCOLUMNISTAS

¿Empoderamiento? un ejemplo a propósito del trabajo doméstico

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*En lo individual una no puede empoderar a otra mujer, ni tampoco de ello se puede jactar el gobierno o las instituciones.

Desde la mano izquierda.

SemMéxico. Cd de México, 19 de junio de 2021.- El diccionario de la Real Academia define la palabra empoderamiento como la acción y el efecto de empoderar: hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido. Es urgente partir de aquí, porque desde hace tiempo las acciones gubernamentales y sociales han hecho usura de este verbo, íntimamente ligado al feminismo; haciéndole pasar por cualquier cosa.

México es en esto muestra irrefutable, las políticas públicas que tienen el objetivo de “empoderar” pasan por las clases de corte y confección o la cocina, el cuidado de personas de la tercera edad, la entrega de elementos mínimos para la cría de animales, la pequeña agricultura y por supuesto los apoyos económicos con cierta periodicidad.

Es dable considerar que estas acciones desde el Estado pretendan genuinamente mejorar la calidad de vida de las familias a través de la adquisición de conocimientos y bienes a las mujeres que se hacen cargo de ellas, o en el peor de los casos abusar como pasa cada vez más en nuestro país, de la necesidad ajena a fin de comprar o manipular voluntades. Pero nada de esto es empoderamiento.

En lo individual una no puede empoderar a otra mujer, ni tampoco de ello se puede jactar el gobierno o las instituciones. La adquisición de poder requiere indispensablemente de la concienciación de quienes somos las mujeres y la relevancia del papel que representamos en las distintas esferas que conforman nuestra vida. Lo que si se puede hacer es facilitar las condiciones para ello, encaminar la participación de una mujer o un colectivo en torno a sus intereses y necesidades y fomentar la organización para la exigencia de derechos.

Piense en el caso de las trabajadoras domésticas. Están dadas desde hace décadas las circunstancias injustas de sus condiciones laborales que llegan a caer en la explotación, la violencia y la trata, dada la aplicación de estereotipos de género para la división sexual del trabajo, este grupo lo conforman a nivel mundial en un 76.2% mujeres dedicadas a las tareas de limpieza, elaboración de alimentos o cuidados de niños adultos mayores y personas con discapacidad.

Así, una perspectiva apunta a no incentivar la continuación de estos espacios de trabajo en tanto debiera fomentarse con determinada fuerza una mayor diversidad de opciones laborales, otros en cambio se decantan por otorgar un marco jurídico que formalice la relación y aporte prestaciones de seguridad social. En este caso no sólo pueden y deben potenciarse ambas visiones, sino, además, considerando que cada vez habrá más personas dependientes debido al envejecimiento de la población, también es urgente que los hombres se integren a estas tareas y cumplan con la responsabilidad que les corresponde dentro de sus familias.

Hagamos un énfasis, la pandemia de coronavirus causó daños económicos graves y provocó la pérdida de empleos, sobre todo los informales como este, en el más reciente informe de la Organización Internacional del Trabajo refiere: “En comparación con el último trimestre de 2019, en el segundo trimestre de 2020 el número de trabajadores domésticos disminuyó entre un 5 y un 20 por ciento en la mayoría de los países europeos cubiertos, y en alrededor del 50 por ciento en América Latina y el Caribe”.

Algún esfuerzo al respecto viene dándose en México para este grupo, muestra de ello dio el Instituto Mexicano del Seguro Social al iniciar la segunda fase de un programa voluntario para afiliar a las trabajadoras del hogar http://www.imss.gob.mx/personas-trabajadoras-hogar y que puedan acceder a servicios médicos, entre otras prestaciones para ellas y sus familiares directos al igual que sucede con otros empleos.

Precisamente en la búsqueda de brindar formalidad y seguridades, la Conferencia General de la OIT cuenta con el Convenio C189 destinado a la adopción por parte de los Estados, de políticas afines a promover principios y derechos en este ámbito, como la libertad de asociación y sindical, la eliminación de todas las formas de trabajo forzoso, la abolición del trabajo infantil, la eliminación de la discriminación, así como la protección contra el abuso y la violencia. Dicho instrumento entrará en vigor para México el 3 de julio de este año y requiere además de reformas legales, el reconocimiento y disposición de la sociedad para facilitar un acceso pleno.

Volvemos al punto, en este vínculo habitualmente dado a la conmiseración o al buenísmo moral de profundas raíces discriminatorias, podemos caer en el error de pensar que somos nosotras quienes empoderamos a las mujeres y no es así, proveemos condiciones para ese trayecto, en el caso del gobierno en estricto cumplimiento a sus obligaciones y a nivel individual porque es lo debido en coherencia con un actuar ético ni más ni menos. A más ver.

Claudia Almaguer
@Almagzur

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