Mujeres

Encarnizamiento judicial contra María Salmerón

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¿Qué mal ha hecho para tener que cumplir una condena de 9 meses? Desobedecer a la justicia.

Juana Gallego*

SemMéxico/La Independent, Barcelona, Cataluña, 8 de mayo, 2022.- De acuerdo. Desobedeció reiteradamente porque quiso proteger a su hija de las visitas a su padre que la niña no deseaba hacer. El padre había sido denunciado y condenado por malos tratos y según declaraciones de la hija tenía miedo a los encuentros a los que la obligaba la ley. La madre cumplía los deseos de su hija, a la vez que la protegía.

¿Es esto motivo suficiente para tener que ir a prisión? El exmarido estuvo condenado a veintiún meses por malos tratos, condena que no cumplió porque no tenía antecedentes y la pena era inferior a dos años. Sin embargo, María Salmerón, pese a no tener tampoco antecedentes y ser una condena inferior a dos años, parece ser que sí tendrá que entrar en prisión «al tratarse de una persona reincidente y haber sido informado negativamente el indulto por el tribunal sentenciador». También los informes de la Fiscalía y del «perjudicado» han sido desfavorables.

Los legos en la materia no entendemos estas incoherencias judiciales. Seguro que la aplicación de la normativa es correcta, pero el resultado es injusto. María Salmerón no ha hecho mal a nadie, solo ha evitado exponer a su hija a una situación que esta no deseaba y además con razón. Si el padre había maltratado a su madre se comprende que la niña no deseara encontrarse con él. ¿Tan difícil es de entender?

Con estos procederes, la justicia sigue considerando que la relación de pareja es algo íntimo y personal en la que están involucradas solo las dos personas afectadas, y que el maltrato es una cuestión intrínseca a esa relación; fuera de ella, el hombre puede ser considerado un hombre intachable, buen padre y buen ciudadano, porque la violencia en la pareja es algo de lo que no se tiene que dar explicaciones, una cuestión privada que solo incumbe a ellos dos.

Al situar la violencia de género en un contexto individual, la despojamos de toda connotación política. Esta lectura es la que continúa haciendo no solo la justicia, sino también los medios de comunicación. Al abordar la violencia de género –sea el asesinato, la violación, la agresión sexual o el maltrato– como un suceso puntual limitado a una relación concreta, la situamos en el marco de la privacidad, no como parte de un problema social que hunde sus raíces en las relaciones de poder entre los sexos que estructuran la sociedad.

María Salmerón no ha cometido ningún delito, solo es víctima de la ceguera de la justicia que continúa considerando que la violencia en el seno de la pareja no es un problema político, sino una mera cuestión individual. El informe negativo del «perjudicado» se tiene en cuenta para que no se le conceda el indulto a la infractora. En una inversión de roles incomprensible, la justicia considera «perjudicado» al exmarido por haber sido privado de las visitas de su hija, mientras que a María Salmerón la considera «culpable» por evitar exponerla a una situación de riesgo, como es la relación indeseada con un padre maltratador. La justicia preserva el derecho del padre por encima de los derechos de la prole. La ley del patriarca sigue vigente, y la justicia no ha hecho más que darle la razón.

*Profesora y escritora /

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