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Especial SemLac| Sistema de opresión sobre los cuerpos sexuados

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 “El poder ideológico del castigo va a tener como personaje principal e inédito el cuerpo”

 Michel Focault

Iyamira Hernández Pita*

SemMéxico/ SemLac. La Habana, Cuba. 19 de julio de 2022.- La violencia basada en género (VBG) y la marginación son una realidad universal y se presenta en todos los países del mundo, con independencia de su nivel de desarrollo y de especificidades contextuales; por lo que, para comprender este fenómeno, se debe analizar el modo en que el género opera como una forma de opresión subyacente a la propia estructura de nuestras sociedades, a las formas en las que se reparte el poder, se organizan los Estados y a los modos en que comprendemos el Derecho.

Lo antes expuesto conduce a mirar hacia tres referentes fundamentales, al reflexionar sobre los diversos sistemas de opresión asociados con la VBG y su vínculo con el control de los cuerpos sexuados. El primero, a mi juicio, sería la violencia estructural.

Esta abarca la expresión macro de las violencias basadas en género, incidiendo sobre todas las dimensiones sociales y configurando un sistema entronizado en las instituciones y estructuras sociales, cuya producción, reproducción y pervivencia cursa a través de las normas y pautas sociales, de manera sistémica e histórica, al naturalizar las relaciones de poder.

De esta forma, se objetiviza a través de la violencia simbólica, de manera sutil y silenciada, sin mediar la coacción física; resulta, por ende, invisibilizada, y de esta manera genera diferentes sistemas de opresión, que a su vez producen desigualdades sociales.

Por ejemplo, aunque dentro de los principios de un Estado estén establecidas en el discurso formal la igualdad, la equidad y la justicia social, esto no siempre se logra en el discurso real, porque está transversalizado por los aprendizajes socioculturales e identitarios presentes en las subjetividades individuales y colectivas.

De hecho, al analizar los diseños de políticas públicas y la forma en que están operacionalizadas para su implementación, se constata que dichos diseños obvian las especificidades contextuales y poblacionales, construyendo sistemas de opresión y capas de vulnerabilidades sociales, de forma naturalizada e imperceptible.

De igual manera ocurre al graficar el sistema sexo-género –pensado y expuesto por las ciencias médicas, forenses y criminológicas, fundamentalmente–, del cual han bebido acríticamente el resto de las ciencias, en particular las sociales.

 En este caso, para explicar lo referido a los asuntos de desigualdades entre los géneros, se acude a un enfoque binario y se evidencia que no es más que un sistema simbólico heteronormado de la ideología patriarcal, que ordena los géneros y omite sus diversas expresiones, por lo cual se puede decir que es un sistema rígido donde el sexo opera como un dato natural de los cuerpos, inmutables y fijos, y el género está delimitado a una serie de significados culturales que diferencian a mujeres y hombres y que ha marcado pautas relacionales en torno a la sexualidad y los cuerpos sexuados. Por tanto, se han generado sistemas de opresión, no solo desde la relación sexo-género sino también desde la triada sexo-género-deseo, porque se ha castrado históricamente lo plural de las identidades de género y de las orientaciones sexo-eróticas.

*Doctora en Ciencias Sociológicas. Universidad de La Habana.

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