Cultura

Gabriela Mistral, el símbolo del magisterio, la maternidad y la poesía

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  • Reivindicar la palabra poética frente a la palabra iracunda, descalificadora, de mentira y dogma: Beatriz Paredes Rangel 
  • La homenajean los tres poderes de la Unión a quien escribió, en 1923, Lecturas para Mujeres

Sara Lovera

SemMéxico, Ciudad de México, 21 de julio del 2022.- Lo poderes ejecutivo y legislativo rememoran a Gabriela Mistral a cien años de su llegada a México. Nos recuerdan el valor de la poetisa y escritora chilena, la primera latinoamericana en recibir el Premio Nobel de Literatura, y salta la necesidad de recuperar la poesía cuando “padecemos la etapa de la palabra iracunda, del objetivo que descalifica, de la mentira el megáfono, vuelta dogma por mil veces repetida, ahora y simplemente para no morir de desesperanza ….» a reivindicar a la poesía.

Mujer con una vida de “intensidad alucinante”, que comenzó a escribir a los 14 años, como la describe Miguel Ángel Sánchez de Armas en uno de sus textos de Juegos de Ojos de marzo de 2020. Y de ella dice, al diferenciarla de los modernistas – como Rubén Darío-  que “no canta ambientes exóticos de lejanos lugares, sino que se sirve de su estética y musicalidad para poetizar la vida cotidiana, para “hacer sentir el hogar”. 

Hija de una modista y un profesor, escribió en México «Mujeres Mexicanas”, un libro de consejos y consideraciones, así dejó un legado de conducta y actitud de lo que deben ser las madres mexicanas. (1923)

Los homenajes a esta insigne chilena, comenzaron en el Instituto Nacional de Bellas Artes en noviembre pasado. Parte de su obra será publicada en Náhuatl, y de ella, hay varios monumentos –muchos en Chile-  uno de broce en el oriente de la vieja hacienda de El Lencero en Xalapa, Veracruz.

El Congreso de la Unión hizo dos ceremonias solemnes – uno en cada cámara- para recordar, agradecer y rememorar sus contribuciones a la educación en el país, como símbolo del magisterio femenino y el imaginario poderoso e histórico de la maternidad.

Desde el principio de su carrera de poeta, se refugió en distintos seudónimos. “Alma”, “Soledad” y “Alguien”. Su nombre: Lucila Godoy Alcayaga, fue además de poeta, diplomática, profesora y pedagoga.  Como la niña Lucía firmaba sus colaboraciones con seudónimo, hoy nos hablan de la naturaleza de aquellos primeros artículos, pues esta mujer fue desde siempre un ser que vivía en y para el amor, dice Sánchez de Armas en su texto.

Llegó en junio de 1922 invitada por José Vasconcelos, secretario de Educación Pública, para apoyar el movimiento histórico, transcendental de reforma educativa posrevolucionaria, han dicho los exégetas de estas conmemoraciones, repetidamente. Su primera estancia de dos años dejó huella. En 1923 escribió desde sus habitaciones de El Lencero, el libro símbolo de la creación del 10 de mayo.

La estatua de bronce en El Lencero

En Xalapa, al visitar la Escuela Normal Veracruzana recibió de la comunidad escolar una gran fiesta, tocó la banda de música del Gobierno del Estado.  En su segundo viaje en 1948, vivió alrededor de seis meses en Veracruz. Tuvo largas conversaciones entonces con personalidades, como Rosario Castellanos, Ema Godoy, Lázaro Cárdenas, Diego Rivera y Alfonso Reyes.

En 1922 se escenificaba en México, una revuelta feminista en Yucatán, por educación racionalista y sexual. Así que colaboró en la iniciativa de Vasconcelos y Rafael Alducín, éste director del Diario Excélsior, para la campaña que emprendieron para crear el Día de la Madre, como respuesta a esa revuelta.

Ese mismo año apareció en Nueva York su libro Desolación bajo el ala del Instituto de Las Españas, y a partir de esta publicación Gabriela Mistral adquirió reconocimiento y prestigio internacional siendo considerada como una de las mayores promesas de la literatura latinoamericana. También marca el inicio de una serie de publicaciones de la poetisa nacional en tierras extranjeras. En México se edita Lecturas para Mujeres en 1923 y un año más tarde en España se publica Ternura. 

Entre los discursos leídos, durante sus homenajes en México, algunos párrafos aquí de la senadora por el Partido Revolucionario Institucional PRI, Beatriz Paredes Rangel, en la Sesión Solemne del Senado de la República.

Ella rememora. “Gabriela, bienvenida a México. Deseamos que le guste el país, la estábamos esperando. El malecón del puerto sonreía luminoso, Veracruz hecho de sol y de encaje blanqueaba en el relumbrón del mediodía, mientras las autoridades educativas las recibieron. Sí, a ella, a la maestra Gabriela Mistral. Hace muchos años, ella apenas tenía 33″.

Y es que Gabriela a su llegada dijo, “ha sido para la pequeña maestra chilena una honra servir por un tiempo a un gobierno extranjero. Será para mí siempre un sereno orgullo haber recibido de la mano del licenciado señor Vasconcelos, el don de una escuela en México y la ocasión de escribir para las mujeres de mi sangre en el único periodo de descanso que ha tenido mi vida”. 

La senadora Paredes Rangel  quiso hablar de la lengua en honor a Gabriela Mistral, lo hizo recordado a   Carlos Fuentes quien  decía  sobre la lengua española castellana: esta lengua nuestra, lengua de asombros y descubrimientos recíprocos, lengua de celebración, pero también de crítica; lengua mutante que un día es la de San Juan de la Cruz y al siguiente la de Fray Gerundio de Campazas y al día que sigue lengua Félix, vuela en alas de clarín; esta lengua nuestra mil veces declarada prematuramente muerta, antes de renacer para siempre a partir de Rubén Darío.

Y la senadora agregó: «Ahora que padecemos la etapa de la palabra iracunda, del objetivo que descalifica, de la mentira el megáfono, vuelta dogma por mil veces repetida, ahora y simplemente para no morir de desesperanza, quiero admirar a Gabriela poeta, escritora, mujer grande, reivindicar a la poesía».

Dijo palabras de Octavio Paz: “a veces la poesía es el vértigo de los cuerpos y el vértigo de la dicha y el vértigo de la muerte. El paseo con los ojos cerrados al borde del despeñadero y la verbena en los jardines submarinos. La risa que incendia los preceptos y los santos mandamientos, el descenso de las palabras paracaídas sobre los arenales de la página. La desesperación desembarca en un barco de papel y atraviesa durante 40 noches y 40 días el mar de la angustia nocturna y el pedregal de la angustia diurna.

La idolatría al yo y la (…) del yo y la disipación del yo. La degollación de los epítetos el entierro de los espejos, la recolección de los pronombres acabados de cortar en el Jardín de Epicuro y en el de Nezahualcóyotl. El solo de la flauta en la terraza de la memoria y el baile de llamas en la cueva del pensamiento.

Las migraciones de miríadas de verbos a las cigarras, semillas y manos, los sustantivos ocios y llenos de raíces plantados en las ondulaciones del lenguaje. El amor a lo nunca visto y el amor a lo nunca oído, y el amor a lo nunca dicho, el amor al amor.

Sí, Gabriela, tu poesía te une a México como te une a toda América Latina a toda Iberoamérica, te entreteje con nuestros pueblos en un manto inmenso de palabras, de frases, de expresiones.

La poesía te hizo la mujer universal que eres, la primera de América Latina que recibió el Premio Nobel de Literatura, como aquí se dijo, el 10 de diciembre de 1945, después de los más lacerantes horrores de la guerra, los que dejaron heridas tumefactas en la humanidad entera, pero el mundo siguió girando y enalteció la poesía. De ahí la alta significación especial de la entrega del Nobel en 1945 a una poeta».

Y es que para Paredes Rangel -que escribe las estrofas poéticas de muchas de sus canciones-  la poesía es puerto de salvación, ariete de sensibilidad y de inteligencia, refugio en las horas oscuras, adiós al lenguaje sórdido, a la corrupción del debate, a la aniquilación del diálogo. Y finalmente: “Que tu alma de poeta nos inspire, que tu ejemplo de maestra nos conmueva, que seamos capaces de recuperar la nitidez de la palabra, el valor del lenguaje por la verdad y la propuesta, para que la voz unida al pensamiento germine en el canto que nos permita salir del laberinto».

Gabriela Mistral posando de pie con los brazos entrelazados de dos mujeres no identificadas, y Enrique Gajardo Villarroel a su lado, frente a la capilla de la Hacienda El Lencero en Xalapa, Veracruz (México).

Hija de una modista y un profesor, tuvo desde temprana edad interés en la enseñanza, por lo que a sus 15 años ya se encontraba haciendo clases, en calidad de ayudante, en su ciudad natal. En un contexto de división sexual del trabajo que limitaba fuertemente la participación de las mujeres, es impedida de entrar en la Escuela Normal de La Serena, debido a la descalificación conservadora de sus primeros poemas publicados.

Ella

Gabriela Mistral (1889-1957), considerada un referente de la poesía universal y Premio Nobel de Literatura (1945), llegó a México en 1922 invitada por el secretario de Educación, José Vasconcelos, con el propósito de colaborar en los planes de reforma educativa y la creación de bibliotecas populares, razón por la que, junto a su trayectoria literaria, será en el centenario de su llegada a México.

El 29 de noviembre de 2021 se hicieron dos actividades para homenajear a Gabriela Mistral, en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes y en la Biblioteca de México.

El 4 de diciembre, se anunció que las poetas Rosa Hernández Medellín, de Hidalgo, y Sonia Félix Morales, de Puebla fueron las traductoras de la obra poética de Gabriela Mistral junto con un colectivo de seis mujeres.

Pedro Pablo Zegris Bache, especialista en la vida y obra de Mistral recordó ese 4 de diciembre la importancia que para la poetisa tenían las bibliotecas públicas como “un complemento de la educación, y el papel del bibliotecario como el comodín del profesor, por el conocimiento que tenía, ya que podía aconsejar al lector, en este caso al niño estudiante, lo cual era fundamental para ayudar al maestro”. 

Gabriela Mistral nació un 7 de abril de 1889, en Vicuña, Chile, el 10 de diciembre de 1904 empezó a enviar sus poemas a un diario local en La Serena. En 1914 empezó a utilizar el pseudónimo de Gabriela Mistral. El 23 de junio de 1922, en compañía de Laura Rodig, zarpó hacia México en el vapor Orcoma, invitada por el entonces ministro de Educación José Vasconcelos, un año después se publicó Lectura para Mujeres. Viajó por Estados Unidos y Europa. En 1926 ocupó la secretaría del Instituto de Cooperación Internacional, de la Sociedad de las Naciones, en Ginebra, Suiza.

Su poesía fue traducida al inglés, francés, italiano, alemán y sueco, y ha resultado muy influyente en la obra de muchos latinoamericanos. Murió a los 67 años de edad en Nueva York, un 10 de enero de 1957. Fue sepultada en Montegrande, Chile.

Sesión Solemne 20 de julio de 2022

SEM/MG

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