Claudia AlmaguerCOLUMNAS

Hablar de derechos y decir mentiras

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Desde la mano izquierda

Por: Claudia Almaguer

SemMéxico. San Luis Potosí. 07 de febrero 2021.- El destierro de redes sociales a personajes como Donald Trump encendió las alertas para otros líderes populistas de América. Acordémonos un poco, el ex presidente de Estados Unidos utilizó su cuenta de Twitter durante toda su gestión para “acercarse” a la gente demeritando las vías institucionales del gobierno, promoviendo afirmaciones engañosas y finalmente las soflamas políticas vinculadas a la irrupción en el Capitolio que causaron la muerte de cinco personas.

Recientemente un artículo de Eliane Bum para el diario El País, señalaba la responsabilidad de la prensa que dejó crecer a personajes como él, abiertamente racistas y violatorios de derechos, al resistirse a tratar las mentiras como mentiras y los delitos como delitos.

En las razones dadas por las redes que cerraron las cuentas del ex presidente se describió la inminente posibilidad de que continuara la glorificación de la violencia, aclarando que por un lado está el interés público de escuchar a líderes mundiales y por el otro, el abusar de la influencia que tienen sobre miles o millones de personas cuando escriben, como en el caso, alterando gravemente una transición democrática.

Esa decisión, no ha pasado desapercibida en México, la propuesta del senador Ricardo Monreal busca controlar a las redes sociales a través del Instituto Federal de Telecomunicaciones, pero además venderlo a la ciudadanía como una búsqueda desinteresada de proteger derechos como el de acceso a la información y a la libre expresión.

Vamos a ver, para el primer derecho, en México está vigilado por el Instituto Nacional de Transparencia Acceso a la Información y Protección de Datos Personales, organismo constitucional autónomo que garantiza a la ciudadanía que cualquier autoridad, partido político, fondo público, sindicato o persona que reciba y ejerza recursos, otorgue la información pública que se le solicite. Justo un organismo en peligro de extinción dada la propuesta del actual presidente de México para desaparecerlo.

En cuanto a la libertad de expresión, los diccionarios jurídicos refieren que debe comprenderse de manera individual y social al garantizar que las personas no vean impedida la posibilidad de manifestarse libremente y que se respete ese derecho como miembros de un colectivo a recibir información y conocer otros pensamientos, inclusive como indica la Declaración Universal de los Derechos Humanos, este en particular implica no ser molestado a causa de sus opiniones, investigar y recibir informaciones y difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Cabe decir, no es un derecho de la autoridad pensando aquí en el político ofendido de que le cierren la cuenta. Además, en ningún caso legitima su uso, (al contrario, lo prohíbe expresamente) para incitar al odio o hacer apología de la violencia.

Estamos ante un derecho de las personas y también ante un valor fundamental propio del Estado democrático al reconocerla internacionalmente como una condición necesaria para prevenir sistemas autocráticos, es decir para evitar esa forma de gobierno en la cual la voluntad de una sola persona es la suprema ley.

Desafortunadamente rectificarle este discurso a Monreal o a cualquier otro político del partido en el poder, sería labor de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, pero no se está haciendo cargo de ella en tanto su posición permanece pasiva y sus propias redes sociales se constriñen a difundir la labor de las instancias de la administración pública federal y no a cosas como esta, de aclarar de que va un derecho fundamental y como no puede utilizarse para la toma de decisiones arbitrarias que acabarán en censura.

A más ver.

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