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Hallazgos| Mujeres trovadoras de Dios

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Por Rocío Fiallega

SemMéxico, Cd. de México, 25 de septiembre, 2021.- En el siglo pasado Georgette Épiney-Burgard y Émile Zum Brunn decidieron hacer un abordaje de cinco mujeres que no solamente eran beguinas o poetas sino místicas hermanadas con el servicio al arte y a las personas , las englobaron como trovadoras de Dios, abarcando los siglos XII y XIII, señalando que se trataba de “una tradición silenciada de la Europa Medieval”, porque ellas no hablaban del amor cortés sino de la eternidad del amor.

Las autoras se dieron a la tarea de recrear la época de estas mujeres, hablarnos de ellas, en una narrativa a veces histórica otras más literaria, incorporando los textos de estas trovadoras de Dios. Vamos a dar un vistazo a sus descubrimientos:

Hildegarda de Bingen, quizá la más conocida, por ser compositora, abadesa, predicadora y mística, entre sus creaciones encontramos “El Libro de la retribución del bien y del mal”, “El Libro de los méritos de la vida”, y “El Libro de las obras divinas”. En su visión se caracteriza por dar a las mujeres un papel más amplio, también identifica el amor de Dios como un amor maternal e, incluso, le da importancia a la unión de los cuerpos en el amor, tema poco abordado en su época.

Matilde de Magdeburgo, beguina autora de “Luz resplandeciente de la divinidad”, libro “brotado del corazón mismo de Dios”, en el que utiliza figuras alegóricas, haciendo diálogos entre Dios y el Alma o la Fidelidad y la Pena, nos habla de que Dios es la infinita libertad; a través de sus letras conocemos la primacía de la voluntad como el “advenimiento de la espiritualidad moderna”.

Beatriz de Nazareth, monja cisterciense y priora, escribió sobre las “Siete maneras de amor”, para ella Dios es la fuente de un gran río del que fluyen otros ríos y arroyos, por eso la voluntad divina es su propia voluntad. En cada una de las formas de amor, nos devela sus propias visiones, viniendo de la cima y volviendo a la cumbre.

En nuestros días, solamente quedan cuatro manuscritos de la beguina Hadewijch de Amberes, piedra angular de la poesía neerlandesa, en la que la palabra amor es femenina, y ella usa el verso “para traducir la intensidad, la emoción, todo el drama existencial de su relación consigo misma y con Dios, descrita, magnificada, multiplicada”. En su obra muestra su fecunda vida espiritual, hablando de la iluminación y el crecimiento, del ser Dios con Dios, ser un solo espíritu.

Margarita Porete, la beguina sacerdotisa, fue perseguida por la inquisición, declarada como “herética y relapsa” y quemada viva en 1310, por ser fiel a ser un alma franca, libre, sin responder a ningún hombre, considerando a la palabra como un espejo, como “una invitación para mirarse para acercarse a una realidad admirada”. También su libro “El espejo de las almas simples anonadadas” fue quemado en las plazas públicas, y utilizó la alegoría (al amor, el alma y la razón como personajes) para hablar de su verdad: el alma no quiere otra cosa que el querer divino obedeciendo las virtudes a su voluntad.

A la luz de este siglo vemos a estas mujeres de las que brotaron visiones, misiones y una clara iluminación: la de nosotras ahora, beber de sus palabras, observando los escalones que han recorrido por nosotras.

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