Mujeres

Presentan en Guadalajara el documental Están en algún sitio

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  • Celebra Lupita Ramos aniversario de su programa radiofónico Sórico
  • El documental narra la vida de Alejandra Cartagena y la búsqueda de su mamá desaparecida

Lorena Vaniezcot

SemMéxico, Guadalajara, Jalisco, 21 noviembre 2019.- El próximo sábado, en el contexto del 25 de noviembre Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, y aniversario del programa de radio Sórico, proyectará el documental que da cuenta de la vida y lucha de Alejandra Maritza Cartagena López en la búsqueda de su mamá desaparecida y su activismo como defensora de los Derechos de las Mujeres.

La jornada de Cine Debate, anunció Lupita Ramos Ponce, conductora del programa radiofónico Sórico, será este sábado 23 de noviembre a las 15:00 en la Biblioteca Pública del Estado de Jalisco «Juan José Arreola» con la proyección del documental “Están en algún sitio”, de Pablo Támez Sierra.

La también académica e integrante de CLADEM, señala que Leticia Galarza Campos, madre de la activista Alejandra Maritza Cartagena López, era integrante del grupo guerrillero Liga Comunista 23 de septiembre, por lo que fue desaparecida por la policía política de la Dirección Federal de Seguridad, un 5 de enero de 1978, cuando Alejandra Maritza López tenía apenas meses de nacida.

De acuerdo con la publicación Décadas de buscar a mamá en la página Territorio.mx, escrita por Alejandra Guillén, hace poco más de dos años, Alejandra Maritza Cartagena López relata que la historia de jóvenes desaparecidas y desaparecidos en Guadalajara, en los tiempos de la guerra sucia, en los años setenta, permaneció enterrada por décadas y fue hasta comenzado el nuevo siglo cuando algunas publicaciones refirieron aquellos hechos que se guardaron en el silencio y aunque parecía un asunto del pasado, las familias reivindicaron a sus familiares.

Hoy Alejandra Cartagena López, su hija y de quien se refiere el documental “Están en algún sitio” es una activista defensora de derechos humanos de jóvenes presos y de mujeres víctimas de feminicidio, integrante del Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de las Mujeres (CLADEM) en Jalisco.

Maritza Alejandra tras las huellas de Leticia Galarza

En la publicación Alejandra Maritza Cartagena López relata que estaba en los brazos de su madre cuando llegaron por ella. Al no detener a su madre, se los llevaron a todos, a su abuela, a sus medios hermanos, a su tía y los hijos de ésta, todos chiquitos de entre 15 y un año de edad, los encerraron en el Campo Militar por seis meses, luego los sacaron y anduvieron en la calle.

“Licha (Alicia de los Ríos, hija) y yo decidimos que las mujeres han sido invisibilizadas. Ve lo que hacía una madre de ellos. Esto te dice cómo mi abuela fue inculcando ideas sobre igualdad, la importancia de la lucha, porque ella es una mujer solidaria, trabajadora, que siempre ayuda. Tiene 83 años y sigue en muy buen estado, a pesar de que perdió a nueve integrantes de su familia, que le cortaron su mano como advertencia del Estado y que tuvo que irse a Estados Unidos. Aún allá seguía vigilada. Nunca ha sido entrevistada por nadie, es una familia con muchos secretos y muchos dolores”, relata.

Días después, Leticia Galarza entregó a su hija a doña Graciela, la madre de Álvaro Cartagena. – No pensé que soy mala, en un mes regreso por ella, ahora no puedo quedármela, es riesgoso- se disculpó Leticia. Cuando Alejandra Martiza estaba por cumplir un año fue registrada con los apellidos Cartagena López. Su madre nunca pudo regresar, los grupos paramilitares dirigidos por Miguel Nazar Haro la vigilaban. “Pienso que mi madre me dio la vida y me salvó. Es algo que entendí más grande”.

Una niña en otra familia, una madre guerrillera desaparecida

Fue ella misma quien encontró en el Archivo General de la Nación la ficha de detención de Leticia Galarza, su madre. Por muchos años pensaron que había sido detenida con la niña, fue Rosario Ibarra de Piedra quien informó a su tía Judith Galarza dónde estaba la niña, entonces Alejandra tenía cuatro años. Pero se quedó a vivir con doña Graciela, su madre que podía ser su abuela.

Foto:  territorio.mx

Alejandra Maritza Cartagena López dice para Territorio que no es lo mismo buscar a un hijo o hija que a un padre o madre. En el segundo caso se debe entender ¿qué pasó? ¿Cómo se lo explicas a un niño?

“…Por supuesto que me gustaría que estuviera viva, pero sería muy egoísta, no me imagino que le habrían hecho en 40 años. Imagínate la barbarie, espero que haya muerto lo antes posible, que no sufriera tanto, porque en los casos de las mujeres la tortura es peor, se ejerce poder sobre el cuerpo de las mujeres…aunque por supuesto que daría mi vida por conocerla, por ver sus ojos, su pelo, su cara”.

SEM/lv/sj

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