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José Francisco Ruiz Massieu, en el aniversario de su nacimiento

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El principio del fin del otrora partido de estado: el PRI [1]

Florencio Salazar Adame

Secretario de Gobierno en el estado de Guerrero

 Publicado este 23 de julio en el diario El Sur, de Guerrero.

SemMéxico. Guerrero. 23 de julio de 2019.- Politólogo, jurista y administrador público, José Francisco Ruiz Massieu era un político formado para servir a la República. Él transitaba con soltura de las ideas a la acción y de la acción a las ideas. Formado en el rigor de la academia, pasó a las esferas gubernamentales para entregarse a la vida política. Ayer se cumplieron 73 años de su natalicio.

El analista. De José Francisco Ruiz Massieu tuve conocimiento por sus artículos publicados en primera plana en La Jornada. Me llamó la atención el enfoque con el que analizaba la política y más al enterarme de su oriundez guerrerense. Su lenguaje era diferente al del político tradicional. En sus textos había crítica al régimen del PRI y propuestas de cambio. Alejado de la servidumbre al Señor Presidente, era conciso y claro, con el rigor del académico y la pasión del político.

Las ideasLa política se nutre de la renovación constante de las ideas. Los cambios de época marcan hitos en el pensamiento, pero los filósofos aprovechan la arquitectura clásica para modificar el edificio de las nuevas realidades. Los politólogos recurren a los filósofos para servir a los políticos. Ruiz Massieu estudió a fondo la Teoría del Estado y a partir de ahí tuvo comprensión del fenómeno del poder. Su quehacer transitó con la armonía entre las ideas y la acción, comprobando la validez de unas y otra. Sobresalió porque privilegió la voluntad por el conocimiento con disciplina.

Fijar la metaCada minuto de su tiempo contribuía a lograr un fin. Como arquitecto de la política inició con la elaboración de su plano personal. Estudiante de leyes en la UNAM, se asoció con compañeros interesados también en la política. Es ilustrativa la siguiente anécdota: Diego Valadés obtuvo espacio en la cátedra del ilustre Andrés Serra Rojas; Ruiz Massieu en la de Miguel de la Madrid. Valadés le comunicó entusiasta: “Pepe, ya logré que te acepte el maestro Serra Rojas”, pero él decidió quedarse con De la Madrid. Escucho sus risas al decirme: “Diego miraba al pasado, yo al futuro”. Cátedra, administración pública, exposición de ideas, militancia política y elección popular fueron asignaturas cursadas con reconocido mérito.

PuntualidadPara Ruiz Massieu la disciplina, la organización y los buenos resultados empezaban con la puntualidad. Si algo le irritaba y lo sacaba de sus casillas era el retraso. Iniciaba sus compromisos a la hora fijada. A las reuniones de gabinete nadie accedía si llegaba tarde. Siendo director general del Infonavit invitó a cenar a su casa (en el DF), a varios secretarios de Estado con sus esposas. El primero llegó a las 21:30 horas, el último casi a las 23:00. A Miguel, su ayudante, tocaba abrir la puerta y decir a los asistentes: “La cena era a las 20:00 horas, el licenciado Ruiz Massieu se retiró a descansar a las 20:15. Buenas noches”.

De palabraFirme en sus decisiones, no admitía la simulación y detestaba la demagogia. El mérito ajeno lo reconocía y estimulaba. El ofrecimiento vano y la mentira como instrumentos de la manipulación no fueron herramientas suyas. Lo que ofrecía, lo cumplía. También era tajante con quienes pretendían invadir sus ámbitos de influencia o desestabilizar su gobierno. En el aeropuerto de la Ciudad de México citó a un político con más ambiciones que talento, que deseaba su defenestración. Ruiz Massieu le hizo un rápido repaso de su comportamiento y señaló enérgico: “No pondrás un pie en el estado”. Y no lo puso.

Persistente. Político de ideas y de hechos. Tenía visión de las necesidades de Guerrero. Desarrolló políticas públicas en educación, infraestructura y salud. Impulsó una reforma política para garantizar la pluralidad en los ayuntamientos y en el Congreso local; la comparecencia de los alcaldes ante los legisladores y la elección interna de los candidatos del PRI a presidentes municipales. Fundó la Secretaría de la Mujer y la Universidad Americana de Acapulco. Promovió el desarrollo de Punta Diamante y la construcción de la Autopista del Sol. Advirtió que un nuevo polo de inversión inmobiliaria de gran nivel y atraer al turismo de carretera eran las alternativas para mantener a flote a Acapulco. Proyectó, gestionó, insistió y logró sus objetivos.

Lealtad. Colaboraba yo en el CEN del PRI y Ruiz Massieu era oficial mayor de la SSA. Me reunía con él dos o tres veces por semana. El tema era su proyecto de gobernar Guerrero. Una tarde le comenté que un periodista de un medio nacional le solicitaba la cortesía de un fin de semana en Acapulco y boletos de avión para dos personas, a lo que yo respondí afirmativo. Ruiz Massieu se molestó mucho: “Ese es tu problema porque yo no quiero hacer compromisos y tú no puedes disponer de mis recursos”. Ya como candidato a gobernador recorríamos la Costera de Acapulco en un autobús ejecutivo que le asignaron para la campaña, de la cual me designó coordinador. Compartíamos asientos con él, René Juárez y Elías Tavares. Le recordé entonces la petición de aquel periodista. “Quiero aprovechar para informarle que René apoyó con el hospedaje y yo conseguí los boletos en el PRI”. Con cara de sorpresa respondió: “En premio a tu lealtad de ahora en adelante me vas a hablar de tú”.

El líder. Sabía escuchar, reconocer, estimular, recompensar. Rechazaba el ocio y las conversaciones fútiles. Organizaba periódicas reuniones y publicaciones colectivas en las que participábamos algunos de sus colaboradores. Se trataba de pensar, de analizar, de llevar las ideas a la categoría de la reflexión. Fue conductor y formador de cuadros. Estimuló a los jóvenes y supo escuchar a los mayores. De sus colaboradores, Rubén Figueroa, Ángel Aguirre y René Juárez fueron gobernadores y Héctor Astudillo lo es ahora; dos han sido embajadores y uno secretario de Estado. Compartía su conocimiento y ello explica el porqué de su soberbia ante la mediocridad y su intolerancia con la estupidez. Tendió puentes con todo el espectro ideológico. Ponía músculo en el debate; exponía con solidez y orientación. Su talento y sus acciones reclutaban voluntades. Gobernó bien a Guerrero porque tenía visión de país.

La utopía del futuro. La muerte de Luis Donaldo Colosio lo impactó profundamente. Escribió un artículo sobre el fallido candidato presidencial y se recluyó dos o tres días en su casa, a donde fui a verlo al no encontrarlo en el Infonavit, del cual era director general. Me abrió Miguel: “Urge que me escuche”. El ayudante salió de la sala y al volver me comunicó con él por uno de los dos teléfonos. Le comenté que la tragedia de Colosio no evitaba que hubiera sucesor y que sin duda el mejor equipado para la tarea era él. “¿Por qué lo crees?”, preguntó. Por qué “ninguno de los posibles sucesores tiene tu preparación académica y política. Como candidato revitalizarías al PRI, profundizarías la democracia y seguirías impulsando la modernización del país. Serías la mejor garantía para asegurar el legado del presidente Salinas. Te has preparado para el cargo. Ahora es la oportunidad”, finalicé el monólogo después de 10 o 15 minutos. “Gracias”, fue toda su respuesta. Salí de su casa con la inquietud de no haber podido tener esa conversación personalmente. La conclusión despejó mis dudas: seguramente sus teléfonos estaban intervenidos y fue la forma de enterar al presidente Salinas de mis argumentos, de sus argumentos. Días después él explicaba en otro artículo en La Jornada, su declinación a la aspiración presidencial.

Las muertes de Colosio y Ruiz Massieu marcaron el declive del PRI.

El futuro fue perturbado por perversas ambiciones y se viven sus consecuencias.

[1] Título y subtítulos de la Redacción de SemMéxico.

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