Juego de PalabrasYaneth Tamayo Ávalos

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En México tenemos tanta madre que hasta nos falta

 Yaneth Angelica Tamayo Avalos

SemMéxico. 17 de julio 2019.- Las mujeres son y han sido la base sobre la cual la sociedad ha logrado desenvolverse; los humanos constantemente hemos sido dependientes de las mujeres, desde el seno materno hasta la culminación de nuestras vidas.

Especialmente los mexicanos, quienes hemos crecido en un país donde nuestras madres ejercen dos roles; el primero, como procuradoras y administradoras del hogar; y el segundo, como las encargadas de resolver los problemas de los hijos y de toda la familia.

A causa de lo anterior, estas mujeres socialmente han aceptado voluntariamente el rol, algunas si no es que la mayoría, incluso han aceptado la sumisión, el olvido y la violencia de las personas a las que les dedican o dedicaron su vida.

En consecuencia, la calidad de vida de estas grandes mujeres con el paso del tiempo ha mermado; ser mujer y adulta mayor en un país donde el 82.2% de los adultos mayores vive en situación de pobreza y el 53.9%  son mujeres, resulta doblemente difícil ya que una gran cantidad de estas adultas mayores sobreviven en condiciones poco favorables.

Esta falta de medios de subsistencia y servicios sociales para su bienestar individual se encuentra vinculado a dos factores; el primero, que tiene que ver con la asignación de la mujer al espacio privado, donde su única función al ser la procreación, la educación y el cuidado de los hijos, el cuidado de otros familiares y las labores domésticas, les ha imposibilitado sumarse a una fuerza laboral que les otorgará prestaciones sociales que les garantizara los mínimos vitales de subsistencia.

Y el segundo, radica en la ingratitud y desvalorización que los hijos, parejas u otros familiares hacen al minimizar y no remunerar el trabajo que las mujeres realizan en el hogar, disfrazándolo de un supuesto matriarcado al cual están implícitamente obligadas por el simple hecho de ser madres, como si llevar la organización del hogar fuera el logro más grande al cual aspira una mujer.

La vida de las madres que se resignaron al papel tradicional de mujer abnegada, son las que hoy padecen la incertidumbre de no tener los medios mínimos vitales de subsistencia, ni condiciones de salud idóneas que aminoren sus padecimientos o limitaciones funcionales (físicas, psíquicas o sociales) propias de su avanzada edad.

Ya que además, entre los principales problemas a los que se enfrentan estas mujeres mayores se encuentra la constante discriminación y violencia ejercida incluso por sus propios familiares.

Puesto que, que un alto porcentaje es víctima de maltrato físico, sexual, psicológico emocional; la violencia por razones económicas o materiales; el abandono, la negligencia y el menoscabo grave de su dignidad y la falta de respeto son una constante en su día a día; y más, si existen antecedentes de relaciones familiares disfuncionales donde la violencia ha sido normalizada, lo cual incrementa el riesgo de maltrato.

Como ya lo hemos mencionado en otras publicaciones, la situación de vulnerabilidad de las mujeres aumenta conforme se añaden otras categorías; ser mujer, adulta mayor, pobre, pero además indígena, afrodescendiente y otras más, es lo que eleva su vulnerabilidad, riesgo, fragilidad y dependencia.

En definitiva, la violencia ejercida en sus diferentes modalidades, la discriminación por género que se encuentra internalizada y normalizada en nuestra sociedad, son las causas principales por las cuales existe una gran cantidad de mujeres de edad avanzada en situación de pobreza y riesgo; el no haberles brindado oportunidades para su desarrollo personal y haberles hecho creer que el ideal de la mujer se encontraba al interior del hogar y a la disposición de su familia, es la injusticia más grande perpetrada en contra de ellas.

Resulta contrastante el respeto y amor que se dice tener hacia las madres, cuando en realidad solo se les tiene como esclavas que deben estar a disposición de la familia, con tal opinión no quiero decir que el amor y dedicación de las madres hacia sus familias sea malo, considero injusto no darles una remuneración por el extenuante trabajo que realizan las 24 horas del día durante los 365 días del año.

Pero más injusto es no garantizarles calidad de vida durante su vejez, por todo el tiempo de servicio que no se les remuneró y se les imposibilitó trabajar; bajo el argumento de que ellas eligieron ese destino.

Por ello resulta increíble que en México elogiemos a la figura materna, mientras que en cada esquina existe una mujer de edad avanzada realizando trabajos pesados para su edad y condición física; o se encuentren pidiendo ayuda económica en las calles para poder comer o solventar su salud ya que ha sido abandonadas por aquellos que debieron mostrarle gratitud.

Debemos tener en claro que las condiciones de pobreza de las personas mayores, así como el maltrato ejercido en contra de ellas, es un problema importante de salud pública que va creciendo a paso acelerado y que mientras no se visibilice la violencia, se eliminen estereotipos de género y se sensibilice a la gente respecto del trato que dan a sus familiares de edad avanzada, seguirán expuesta a la desigualdad social y a condiciones de vida deplorables.

No basta recordar que tenemos madre, tengamos tantita gratitud y garanticémosles lo que les corresponde, no pueden seguir muriendo de enfermedad, cansancio y hambre cuando ya realizaron jornadas de trabajo dentro del hogar para toda la familia.

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