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Justicia para Sol

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Por: Elizabeth Castro

SemMéxico. 02 de junio 2021.- A María del Sol la asesinaron hace tres años, cuando la juventud le atravesaba los ojos y la vida. A Solecita nos la arrebataron una noche de junio en un municipio azotado por la delincuencia y la impunidad, al amparo de la corrupción y los compadrazgos. Nadie ha sido juzgado por el crimen, Francisco Javier Montero permanece libre, Rubén Vasconcelos se ha ido de la Fiscalía, Alejandro Murat sigue gobernando y quién asesinó a María del Sol sigue su vida.

Para el Estado, María del Sol es una cifra más entre los homicidios, de nada han valido todos los esfuerzos que su madre ha hecho por conseguir justicia, a las autoridades poco le han importado los comunicados, la lucha y las lágrimas.

Eso es lo que pasa con las víctimas en Oaxaca, no importan, se vuelven expedientes sin nombre, personas sin derechos, cuerpos que transitan por el entramado de instituciones y seres que deberían procurar e impartir justicia. María del Sol no es un caso aislado, es la muestra la inoperancia y la impunidad, de la corrupción que se disfraza de asignaciones en las instituciones, de los compadrazgos que encubren y perdonan, de los Murat que no castigan a sus amigos, de los servidores públicos que se creen intocables, de los funcionarios que se sirven de su cargo para robar y corromper; su caso es la muestra tangible de que para algunos la justicia es un capricho, mientras para otros es un deseo que no se materializa.

A María del Sol la asesinó Francisco Montero cuando hizo uso de recursos del estado para apoyar una campaña electoral, la asesinó Alejandro Murat cuando prometió justicia mientras encubría a uno de sus amigos, la asesinó la Fiscalía cuando no hizo las diligencias debidas, a María la asesinaron todos los que tomaron parte de las decisiones que se consienten cuando se trata de lo que se ha dado por llamar “política”.

Y por si fuera poco a su madre la han revictimizado hasta el cansancio, como esperando que se dé por vencida, como si creyeran que en algún punto dejará de luchar, como si creyeran que algún día olvidará que asesinaron a su hija; como si se tratara de un juego perverso en el cual ellos -los corruptos- pueden salirse con la suya sin que nadie recuerde sus fechorías; y no, no podemos olvidar lo que hicieron, no podemos olvidar que sus bajas costumbres arrebataron la vida de una joven que solo cumplía con su trabajo, y a quien la necesidad la orilló a aceptar un encargo que estaba fuera de los alcances de su contrato; por que olvidar sería darles la razón, sería validar que las vidas no importan, que nada importa siempre que alguien llegue al puesto soñado.

A poco más de un año que Alejandro Murat termine su encargo como gobernador, la justicia sigue siendo uno de los tantos pendientes que deja su administración, y aunque él insista en que Oaxaca es uno de los estados más seguros del país la verdad es que las cifras nos hablan de otra realidad, durante su sexenio el número de homicidios se incrementó, y de la impartición de justicia mejor no hablamos. Alejandro posa sonriente y se desliza entre las páginas de la prensa nacional mientras cientos de familias lloran por sus muertos, y se preguntan ¿quién fue?, ¿quién irá a la cárcel por esto?, ¿quién hará justicia?

Han pasado tres años desde que la vida de María del Sol fue interrumpida, tres años desde que Soledad Jarquín tuvo que ir a Juchitán a reconocer el cuerpo empolvado de su hija. Tres años desde que Alejandro Murat prometió justicia, tres años de dolor, de impunidad, de no olvidar, de llanto, de tristeza. Tres años en que los Montero siguen caminando por Juchitán sin que nada los detenga, porque en Oaxaca los compadrazgos valen más que las víctimas, las familias o la vida.

Pero a pesar de todo, a pesar de ellos, nosotras, nosotros, seguimos pidiendo justicia para Sol, justicia para todas las víctimas.

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