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¡La autoayuda es para el boiler!

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Desobediencia 

Olimpia Flores Ortiz

SemMéxico, Oaxaca, Oax., 28 de junio, 2021.- En la poesía encontramos directamente al hombre concreto, individual. En la filosofía al hombre en su historia universal, en su querer ser dice María Zambrano en Filosofía y Poesía. 

¿Cómo se piensa en nuestra época? ¿Tiene la filosofía alguna utilidad en un mundo dominado por las ciencias y las técnicas? 

Para Deleuze, la filosofía consiste en “producir actos de pensamiento”, esto es, crear conceptos que desnuden o desanuden problemas; es pensar, sentir, desear de otro modo y al cabo, otro modo de vivir. La filosofía es necesaria, es mucho más que el devaneo mental que la ignorancia de sí le atribuye, nadie no filosofa, nadie no se hace preguntas sobre la vida y su ser, estar en ella. La filosofía es interrogación, -la curiosidad es distintiva de lo humano- que crea mundos nuevos. Entonces es praxis. Por ello, la filosofía es política y es ética; es arte y técnica; es diferencia, es lucha y es deseo, 

El arte de producir conceptos nos instala en el mundo, y por ella es que la realidad deviene a nosotrxs. No es habilidad profesional exclusiva ni es propiedad intelectual de un cierto quehacer ajeno al acontecer cotidiano de las personas y sus problemas de la vida diaria. Por los conceptos se produce y actúa el pensamiento, que es lenguaje.

 El lenguaje, según Lacan, nos constituye, no somos más que palabras.  Se es Sujeto sólo en tanto es el Otro el que me dice. Pero la teoría lacaniana nos enseña que entre lo real y lo simbólico el sujeto aparece y desaparece como el gato de Cheshire de Alicia, entre significantes que se desplazan. Ese sujeto que soy nunca está dicho de manera acabada. 

Al final de su libro “¿Qué es la filosofía?”, Deleuze dice que “quiere salvar el infinito dándole consistencia: ella traza un plano de inmanencia que lleva al infinito los acontecimientos o conceptos consistentes bajo la acción de personajes conceptuales”. La filosofía es el esfuerzo de ordenar el caos primigenio. 

A la filosofía se le pretende suplantar por libros de autoayuda. Mi amiga Martha Madero de Nayarit, tenía una librería-café en el centro de Tepic, “El Quijote”, acogedor lugar que sobrevivía por la venta de tratados de coaching, a pesar de su vasta oferta. Cuando llegó la modernidad del mall y hubo un Sanborns, la librería feneció, la venta de libros de autoayuda del señor Slim acabó con el único espacio que esa ciudad tenía para encontrar libros de verdad.

La autoayuda ofrece recetas, la filosofía en cambio no es de soluciones facilistas, en rigor ni siquiera ofrece soluciones prácticas e inmediatas. Las generaciones de hoy hiperconectadas no tienen tiempo para el encuentro consigo mismxs. La autoayuda -que no es pensar- es de la prisa, no de la lentitud, de donde sobreviene la sabiduría. La filosofía lo que hace es poner las problemáticas en perspectiva en tanto “amor a la sabiduría” y búsqueda de sentido.

Para una sociedad narcisista y autocomplaciente, que no gusta de exigirse, lo de hoy es el culto al cuerpo, los parámetros de la delgadez y de la eterna juventud, la vida fitness. En esos afanes cree que se encauza y que encuentra.  

La exacerbación del consumo, el hiperindividualismo, la fragilidad de los vínculos humanos en la sociedad telemática, la amistad y el amor sin rostro, la alienación por el trabajo, la exacerbación del consumo, el miedo urbano, producen una suerte de disolución del yo, de desvalorización de los afectos, de irresponsabilidad hacia lxs otrxs. 

La autoayuda tiene un efecto despersonalizador, aspira a modelos seriales de ser, despoja a las personas de su historia y de su singularidad, es producción en serie, el cierto glamour de ser mercancías, en donde somos “nostrox mismxs” con nuestras obsesiones en el escaparate de la publicidad en el que habitamos. 

La “civilización occidental” involuciona hasta el triunfo del primitivismo del hombre masa. “Lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho de la vulgaridad y lo impone dondequiera”. Dijo Ortega y Gasset en la Rebelión de las Masas.  Hoy por la mañana me espeta por el Facebook una feminista española anti Ley Trans que “si lo que querías era filosofar, yo te estoy hablando de problemas reales”. No hay manera de proseguir ningún diálogo en ese tenor. Vivimos la renuncia a la elaboración y la profundidad. Es la barbarie en la era del gadget; pura depauperización de la sensibilidad humana, puro extravío ante las cosas y las situaciones, en el autoengaño de que ello es la “personalización” de la propia existencia. 

¿Puede haber repliegue?

Eso es lo que dona la filosofía, un detenerse, un volver la mirada a los meandros de la subjetividad, a la inspección de la propia interioridad. ¿Quién no se ha recogido sobre su propia aflicción o melancolía? ¿Quién no se ha preguntado su para qué?

En el no lugar de la hiperconectividad y el ciberespacio -realidad simulada-, desarrollamos las nuevas formas de cibersubjetividad, por donde concretamos la intimidad y la ciudadanía. ¿Cómo vamos a contrarrestar la idiotización masiva? Filosofando, sin duda.

https://m.facebook.com/OlimpiaFloresMirabilia

Twitter: @euphrasina (amor por la elocuencia)

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