Natalia Vidales

La Constitución moral de la República

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Infinidad de organizaciones civiles han pretendido que la ética forme parte de las acciones del gobierno

Conforme a un principio básico del Derecho Administrativo todo aquello que no esté expresamente prohibido en alguna ley le está permitido a los ciudadanos

Natalia Vidales

SemMéxico. Sonora. 3 de agosto de 2018.- Desde que en febrero pasado AMLO diera a conocer su intención de crear una Constitución Moral de la Nación, de inmediato los eruditos de la ciencia del Derecho señalaron las enormes distancias entre las obligaciones públicas de los ciudadanos y sus interioridades, lo cual las hace de órdenes diferentes:  por definición el Estado no debe intervenir en los asuntos del alma de las personas.  

Y ayer, desde el empinado exterior de su residencia en la CDMX  volvió con el tema, precisando que ya se está elaborando un anteproyecto de esa Constitución. Esto debe recordarnos que cualquier cosa que el presidente virtual haya dicho alguna vez, así fuese de manera casual le da seguimiento y, eventualmente, podría realizarla.

Desde esa escalinata el Presidente virtual está acostumbrando realizar tanto entrevistas banqueteras hasta sendas conferencias de prensa, pasando por mensajes a la República (nos informan que AMLO inventó esto para evitar los apachurramientos con los chicos de la prensa).

Pero regresemos al punto: efectivamente, las características de las normas jurídicas difieren básicamente de las éticas (aunque ciertamente en la Iglesia-Estado de la Edad Media y aun en el siglo XIX en nuestro país, éstas se confundían con aquellas), bastándonos para comprender el abismo entre unas y otras el elemento de exterioridad de las leyes,  a contrapelo de la interioridad de los conceptos morales: las normas jurídicas se distinguen de las morales y religiosas en que son impuestas por el Estado,  y que este las hace obligatorias; y, en cambio, la única censora de la moralidad es la conciencia de cada quien. Además, el Derecho se refiere a la realización  de valores colectivos, mientras la moral persigue la de valores personales.

Sin embargo AMLO simplemente señala “que se trabaja en la idea de que no solo debemos tener  bienestar material sino el bienestar del alma, fortalecer valores culturales, morales, y espirituales”. Con lo cual nadie puede estar en desacuerdo y precisamente Mujer y Poder ha insistido no solo en sus páginas sino en diversos foros -organizados por diversos gobiernos-  en la necesidad de ello.

Lo anterior nos acerca a lo que, de manera natural, muchas personas consideran indebido: conforme a un principio básico del Derecho Administrativo todo aquello que no esté expresamente prohibido en alguna ley le está permitido a los ciudadanos, y aunque ciertamente son ya muy pocas las cosas las que se le escapan a la ley para mantenernos en orden, quedan una enorme gama de acciones de lo más inconvenientes y que son prácticas comunes de la sociedad en detrimento mismo del bienestar público.

Para no ir muy lejos observemos a tantos políticos cuyos comportamientos dejan mucho que desear, pero que se justifican con aquello de que forma parte de su esfera privada, olvidando que  por estar en la palestra pública su responsabilidad es mayor a la de la ciudadanía en general.

Durante mucho tiempo, infinidad de organizaciones civiles han pretendido que la ética forme parte de las acciones del gobierno y también y desde luego, las promueva entre la población, como por ejemplo las clases de moral (que no de Religión, que es otra cosa) en las escuelas.

Creemos que esas organizaciones deberían de tomarle la palabra en éste tema al nuevo gobierno que se avecina para lograr sus fines de que los valores morales (el aprecio a la vida en todas sus expresiones, la familia, la honestidad, la gratitud,  el respeto, la responsabilidad, la tolerancia, la prudencia, etcétera, etcétera, etcétera…¡etcétera!.) se motiven en la gente y pasen a ser una forma ordinaria de comportamiento.

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