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La inquietante censura a Trump

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Desobediencia

Olimpia Flores Ortiz

SemMéxico, Oaxaca, Oax. 16 de noviembre, 2020.- “…he colocado bajo sospecha la censura. Sin embargo, del mismo modo que pongo a la censura bajo la sospecha de ocultar su auténtica naturaleza, de estar gobernada secretamente por la paranoia, tampoco mi crítica puede escapar a la dinámica paranoide de juzgar y expulsar. La culpa siempre está en otra parte, siempre es desplazada.” (J.M. Coetzee. P.241. El poder de la Censura).

La censura no puede menos que ser sujeta de sospecha siempre. Coetzee, el escritor sudafricano que vivió en carne propia el apartheid y quien habla desde el desarraigo, refiere la temporalidad de la censura como instrumento del miedo, porque depende de quién detente el miedo y a qué le tema. Antes la censura iba sobre todo lo que oliera a comunismo, hoy se censura a las ideas del terrorismo. “La mentalidad de la censura está arraigada en nosotros, no ha cambiado, lo que cambia son los temas”, declaró en una charla que dictó en la Universidad Iberoamericana en 2016.

Después de haberme repuesto de mi espontáneo regocijo porque los medios en Estados Unidos censuraron a Trump, he quedado muy inquieta. Porque es inquietud lo que provoca la censura: la amenaza de la censura se cierne indistintamente, es por relevos: quien censura a quien cada vez. Si yo admito que se te censure, admito que se me censure.

No se puede cuidar a la democracia usando a la censura como instrumento. Es un total contrasentido. Esta semana, Raymundo Riva Palacio en su columna de El Financiero escribe:

“El dilema periodístico sobre qué hacer con Trump tiene un sustento, el Código de Ética de la Sociedad de Periodistas Profesionales de Estados Unidos, que en su primer inciso pide que se busque la verdad y que la registren, mediante un trabajo certero y justo, honesto y valiente en la recopilación, reporteo e interpretación de la información. Justamente eso hicieron con las declaraciones del todavía presidente Trump. No eran verdades, ni aportaba pruebas de sus dichos. Eran falsedades que calentaban la cabeza a los millones de votantes que sufragaron por él.” 

https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/raymundo-riva-palacio/censura-o-responsabilidad

¿Cada vez que mienta un político hay que censurarlo?

Riva Palacio no toma en cuenta que se ha pasado por encima de la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos que prohíbe la creación de cualquier ley con respecto al establecimiento oficial de una religión, que impida la práctica libre de la misma, que reduzca la libertad de expresión, que vulnere la libertad de prensa, que interfiera con el derecho de reunión pacífica o que prohíba el solicitar una compensación por agravios gubernamentales.

Desde el 15 de diciembre de 1791, es la primera de las diez enmiendas de la Carta de Derechos de la Constitución. Siempre puesta en tela de duda y de la que por lo visto se arrepienten.

¿Puede haber un “código de ética” que esté sobre los derechos fundamentales, a juicio propio? El Artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos establece que “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de expresión. Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección.”

No refiere menoscabo alguno. Pero la problematización es todavía más profunda: ¿A nombre de qué verdad amerita ejercerse la censura?

La verdad es inestable porque es temporal, ¿la censura que procede de las corporaciones mediáticas, de las empresas de la publicidad, puede considerarse “imparcial”? De ningún modo, recuerden aquella elocuente interrogante de Mark Twain: ¿“En contra de quien es usted neutral”? Toda censura que provenga del consenso político es sujeto de sospecha.

Y que conste que no estoy defendiendo el desvarío de Trump, sino el derecho universal a desvariar.

Para el francés Foucault,  en “Poder y Resistencia (1978) “cada sociedad tiene su régimen de verdad, su «política general» de verdad; es decir, los tipos de discurso que acepta y hace funcionar como ciertos; los mecanismos e instancias que nos permiten distinguir declaraciones verdaderas y falsas, los medios por los cuales cada una es sancionada; las técnicas y los procedimientos a los que se les otorga valor en la adquisición de verdad; la condición de aquellos encargados de decir lo que cuenta como verdad”.

De modo que la censura es una renuncia a la pluralidad. Y las corporaciones mediáticas han ido en contra de su naturaleza; han dejado de ser medios para ser parte. ¿Qué no es lo suyo exponer la información y ponerla en contexto, incluso cuestionarla en lugar de ocultarla?

El caso es que los medios han determinado una Verdad Suprema y les han dado a las audiencias el trato de menores de edad.

Por otro lado, Foucault en su Microfísica del Poder (1977), propone el concepto de parresia, como nexo entre la ética y la política, o de otro modo entre el cuidado de sí y el cuidado de los otros. Por ello, la parresía supone un acto de libertad y un compromiso con la verdad, pero también con la ética. El enunciado de la verdad es un acto de valentía, porque supone un riesgo, el del desafío a la trama del poder plutocrático que pervierte la democracia.  Es la franqueza frente al poder, es la honestidad consigo misma-mismo. Lo que problematiza al poder no puede ser adoptado, defendido o acatado como verdad desde el poder mismo.

En tal sentido, el pretendido objetivismo bajo la premisa de la neutralidad enmascara una “selección ominosa y partidaria de los acontecimientos para favorecer los intereses de los centros de poder global.” Entonces, esa parresía supone la construcción de la propia subjetividad como libre de las estructuras disciplinarias del poder. Atribuible siempre y en todo caso a la ciudadanía responsable y a la esencia del periodismo. Me refiero a la ética como asunto de la responsabilidad que deviene del compromiso con la propia libertad, el cuidado de mí y el cuidado que les debo a les otres. “La ética es la forma deliberada que toma la libertad”.

Este compromiso-deber de enunciar, corresponde a la ciudadanía y a la esencia del periodismo que no quiere ser caja de resonancia del poder; y entraña un “pensar de otro modo”; no deviene de una conflagración de corporaciones mediáticas y por supuesto nunca, de un fundamentalista como es Trump, para quien la verdad no tiene valor. En sus respectivos pronunciamientos no hay arrojo alguno en honor de la verdad, sino ejercicio del poder y puro interés.

Pero ojo, la lección democrática aquí consiste en admitir que el espectro de la democracia es a nuestro pesar amplio e incluyente, no sólo cuando la considero a mi favor.

De colofón: “Nuestra verdad de hoy no es lo que es sino aquello de lo que se persuade a los demás.” Michel de Montaigne, en El desmentir. Sospechemos. Zaachila, 15 de noviembre.

https://www.facebook.com/OlimpiaFloresMirabilia/

@euphrasina

(Amor a la elocuencia)

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