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La valla en Palacio y Félix Salgado

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Retrovisor

  • Lo experimentado en 2020 fue un salto cultural que condensó el impulso transformador de diversas generaciones, causas y trincheras, convirtiendo al antes romantizado Día de la Mujer en una fecha para visibilizar la violencia normalizada

Por: Ivonne Melgar

SemMéxico/Excélsior. Cd. de México. 06 de marzo 2021.- El Estado mexicano no pudo, no supo, no quiso colocarse a la altura de la ola feminista que hace un año popularizó la demanda de “¡Ni una más! ¡Vivas nos queremos!”.

Ni la Fiscalía General de la República ni la Secretaría de Seguridad ni el gobierno federal ni los mandatarios estatales lograron construir respuestas para comenzar a revertir la impunidad señalada en las plazas del país.

Por el contrario, hoy la conversación electoral se encuentra literalmente impactada por la resistencia del poder a reconocer la legitimidad de ese reclamo.

A pesar de la plataforma “3 de 3 contra la violencia”, que desde el INE y el Tribunal Electoral busca evitar que a las boletas del 6 de junio lleguen candidatos en falta con el sustento de sus hijos o con denuncias de acoso y agresiones sexuales, la impunidad sigue vigente porque los partidos políticos continúan fugándose, en los hechos, de sus compromisos retóricos.

Pero los reclamos también continuaron. Porque lo experimentado en 2020 fue un salto cultural que condensó durante 48 horas el impulso transformador de diversas generaciones, causas y trincheras, convirtiendo al antes romantizado Día de la Mujer en una fecha para visibilizar la violencia normalizada.

Y aunque muy pronto vendría el enfrenón de la pandemia, la exigencia escaló persistente cuando el encierro subrayó los males señalados: entre enero y diciembre hubo 220 mil denuncias que se convirtieron en carpetas de investigación por violencia familiar.

Porque la llamada “otra pandemia” subrayó heridas en una sociedad donde las nuevas generaciones han decidido romper el silencio en torno al abuso sexual y la violación, delitos que ocupan el 42 y el 38 por ciento de aquellos que se cometen contra las mujeres y llegan a ser registrados. Sin embargo, la tensión entre la conciencia del acoso socialmente normalizado y la negativa a reconocer su agravamiento alcanzó, en mayo, al Presidente de la República, reacio a dar por válidas las escandalosas cifras de las llamadas de auxilio que, ahora lo sabemos, fueron 2 mil 529, en promedio, por violencia familiar y de pareja al día.

A partir de entonces, la ilusión de las mujeres de la autoproclamada Cuarta Transformación de que ésta también sería feminista se ha topado con pared, alcanzando su mayor descalabro esta semana cuando fue desoída la súplica de cancelar la postulación de Félix Salgado Macedonio al gobierno de Guerrero, ante las denuncias de acoso y violencia sexual.

Porque, como lo adelantamos aquí hace una semana, la resolución de la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia (CNHJ) de Morena tiene tintes de haber sido sólo una treta para ganar tiempo en la antesala del 8 de marzo y concretar, pasadas las movilizaciones, el relanzamiento de la controvertida candidatura mediante una segunda encuesta, cuya ventaja arrasadora permitiría avalar el discurso presidencial de que cuenta con el respaldo del pueblo.

Con la vela de la esperanza prendida, todavía ayer una decena de legisladoras y activistas difundió un video en el que le pedían a Salgado Macedonio bajarse de la contienda, ignorando deliberadamente la defensa que López Obrador ha hecho de él, llamándolo víctima de una campaña de desprestigio de la oposición.

Al no hacerse cargo de esa realidad política, las feministas de Morena quedaron atrapadas en la contradicción que implica exigir castigo a las violencias y someterse a la voluntad presidencial que las invisibiliza y que las instancias del partido hasta ahora acataron.

En su mensaje al candidato de Guerrero, las senadoras Malú Mícher, Antares Vázquez, Jesusa Rodríguez; las diputadas Lorena Villavicencio, Wendy Briseño, Vanesa del Castillo, Sandra Paola González y Rocío Villarauz, y la activista Estefanía Veloz alegaban que el feminismo y la 4T no deben confrontarse porque ambos movimientos son progresistas y persiguen lo mismo: igualdad y libertad.

¿Es posible esperar aún que Salgado Macedonio renuncie cuando su candidatura es la única registrada y el plazo para sustituirlo ya venció? En la espera de los resultados de la segunda encuesta, a presentarse el próximo martes, caben todas las especulaciones.

En tanto despejamos la duda, ayer se levantó en los alrededores de Palacio Nacional una valla para aislar las protestas que se esperan este lunes 8 de marzo.

¿Significa que el Presidente de la República ha decidido representar y encabezar las resistencias de una sociedad que se niega a reconocer el daño que las violencias machistas generan en hijas, esposas, hermanas, madres y amigas?

¿Es que el cambio que 33 millones de mexicanos le confiaron al gobernante más poderoso y querido de la historia moderna tiene un cerco metálico por respuesta?

Y mientras siga ahí, la valla será la confirmación material y simbólica de que el principal líder del México contemporáneo no quiere escuchar el grito de auxilio de las mujeres.

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