Internacional

Más de la mitad de delitos de odio no se denuncian: LGBTI aún sin derechos garantizados

414 Vistas

Por Andrea de Lucas

SemMéxico. Madrid, 14 may. 21. AmecoPress.- Con motivo del Día Internacional contra la LGTBIfobia, que se conmemora cada 17 de mayo, la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB) ha querido juntar varios testimonios de personas del colectivo, que han sufrido violencia y discriminaciones por su identidad de género o su orientación sexual, para concienciar de que estas problemáticas todavía existen hoy en día. 

Hace tan solo 31 años, el 17 de mayo de 1990, que la Organización Mundial de la Salud sacó la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales, y no fue hasta 2018 que eliminó la transexualidad de esta misma lista. Actualmente, en el 2021, las personas del colectivo LGTBI todavía siguen denunciando que en España “siguen sin tener sus derechos garantizados a través de una legislación estatal que prevenga y condene estas violencias”, tal y como ha explicado la coordinadora Niurka Gibaja.

Además de una visión general de la problemática, la Federación ha contado con los testimonios de tres personas del colectivo LGTBI que han sufrido discriminaciones a lo largo de su vida. Noemí, una profesora de secundaria en Galicia, ha explicado cómo empezó a darse cuenta de su sexualidad en la adolescencia, y la confusión que sintió porque “no conocía a nadie que le pasara lo mismo, ni hombre ni mujer, no tenía referentes”.

Desde que empezó a ser profesora hace tres años, se dio cuenta que “había mucha LGTBIfobia en las aulas, que se siguen utilizando las palabras ‘lesbiana’ y ‘maricón’ como insulto”, y sintió que tenía que aportar algo. Después del bullying que había sufrido durante su juventud, y de no haberse visibilizado hasta entonces en su ámbito laboral por “miedo”, decidió visibilizarse con el profesorado y con el alumnado “para poder ser un referente”.

Después de todo, consiguió crear un taller de apoyo LGTBI para que los alumnos puedan hablar de su orientación sexual en el instituto: “debatimos y hablamos de qué cosas se pueden cambiar”, cuenta. También, Noemí ha denunciado la discriminación de las parejas lesbianas en cuanto a la afiliación de sus hijos e hijas, ya que en su caso “para que nuestra hija sea mi hija y de mi pareja, nos hemos tenido que casar”.

Otro punto de vista ha sido el de Rubén, un joven homosexual que creció en una familia cristiana muy religiosa, y que ha tenido que pasar por muchas cosas para salir adelante. Cuando su familia se enteró de que era gay, sus padres intentaron cambiarle. Pasó por escuelas de reconversión y por centros psiquiátricos. Una de esas experiencias, fue cuando sus padres le enviaron a Brasil a una escuela de reconversión, donde un pastor chileno le decía “que la homosexualidad era como la pederastia, que era un vicio, un pecado, y que estaba mal a los ojos de Dios”.

Al volver a España, quiso seguir con su vida y no volver a la iglesia, pero su familia no le dejó. Pasó mucho tiempo, en el que sus padres y el pastor de la Iglesia ejercían mucho control sobre él, y todo eso le llevó a intentar suicidarse. Pero, al final, ha conseguido una vida y una independencia, después de tener que depender de sus padres y no haber podido vivir libremente su sexualidad. Ahora, simplemente “quiere olvidarlo”, ya que “no gano nada denunciando a mi familia, me sentiría mal”, y solo espera “que con contar mi testimonio se ayude a cambiar las cosas”.

Por último, Juan José, un hombre trans, se vio obligado a emigrar de Colombia, su país natal, a España, por amenazas en contra de su vida por su identidad de género. Cuenta que, cuando intentó ingresar en una universidad para estudiar medicina, el decano le rechazó porque “decía que lo que había sobre el papel no coincidía con lo que estaba viendo”, ya que allí no fue capaz de cambiar su nombre ni su género en el registro.

Asimismo, explica que allí en Colombia “socialmente es un tema muy complicado, tiene políticas públicas LGTBI pero solo se quedan plasmadas en el papel, la realidad para el colectivo es muy diferente y para las personas trans es mucho más complicado”.

Cuando llegó a España, se encontró con lo que él considera una victoria, ya que “el policía que me hizo la recepción de la documentación me puso como hombre, porque yo para él era un hombre”. “Ojalá más funcionarios fuesen como él, y entendieran lo que puede implicar no tener el cambio de una letra”, ha declarado. Pero, al final, Juan José se queda “con la esperanza de que la sociedad nos vea como seres humanos, que no nos definan nuestros genitales, que somos igual de capaces para realizar cualquier profesión”.

En 2020, 69 países criminalizaban la homosexualidad

Desde la Federación, denuncian “las violencias que sufrimos a día de hoy al ser sometidos y sometidas a supuestas terapias de reconversión, que aún no están prohibidas en la legislación estatal y muchas personas no pueden denunciarlo”, y también reivindican la libertad “por nuestra identidad de género y orientación sexual en todo el mundo” ya que “en muchos países estamos perseguidos hasta por pena de muerte”.

En concreto, tal y como ha contado Niurka Gibaja “en 2020, 69 países criminalizaban la homosexualidad en sus leyes, es una violencia social vigente”. Además, también piden “el derecho de autodeterminación de las personas trans sin necesidad de que otra persona confirme quiénes somos”, una “educación LGTBI en las aulas para evitar estas situaciones” y “medidas para combatir la LGTBIfobia en el ámbito laboral”.

¿Qué significa la ley trans?

Según ha explicado Gibaja, para el colectivo esta nueva ley trans que se está proponiendo desde el Ministerio de Igualdad “es muy importante porque ofrece garantías jurídicas, sobre todo para los derechos de las personas trans que en este momento no los tenemos”.

“Se habla del reconocimiento y la protección contra situaciones de discriminación y violencia a nivel estatal, que es un punto importante, y además incluyendo la realidad de las personas trans migrantes”, señalando que en esta ley hay dos puntos principales: la autodeterminación de género, “reconociendo a las personas trans libres y lejos de tutelajes y testigos”, y la despatologización: “la OMS nos ha sacado de la lista de enfermedades mentales, y España tiene que valorar el reconocimiento y los derechos de las personas trans en iguales condiciones, y esta ley nos protege”, ha concluído.

Más de la mitad de los delitos de odio no se denuncian

Por último, la federación ha denunciado, con datos de un informe sobre delitos de odio que realizó en 2019, que de los 756 delitos de odio que llegaron a diferentes entidades, solo el 15% se denunció a la policía y solo un 3% se puso en conocimiento de la fiscalía.

La realidad es que el 55% de los delitos de odio que se cometen contra el colectivo LGTBI no se denuncian. Y que, además, hay diferentes tipos de agresiones y violencias que ni siquiera se pueden denunciar porque no están prohibidas por la ley, como las terapias de reconversión o el diagnóstico de trastorno mental para que las personas trans puedan cambiar su género en la documentación.

Fotos: archivo AmecoPress / Pexels 

Comment here

Accesibilidad