Mujeres

Los usos y costumbres, detienen la paridad e igualdad: Eufrosina Cruz

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  • Hasta el día de hoy los matrimonios infantiles solo están prohibidos más no son sancionables, “y lo que no está sancionado es permisible”, acotó.

Josefina Aguilar Pastor

SemMéxico, Chilpancingo, Guerrero, 18 de noviembre del 2022.- Los usos y costumbres, son uno de los argumentos que han detenido la paridad e igualdad en el nombre de la cultura, de la interculturalidad, no llega la justicia para las mujeres indígenas, señaló la diputada federal Eufrosina Cruz Mendoza, al disertar la conferencia «Derechos Políticos de las Mujeres Indígenas», organizada por el Tribunal Electoral del Estado (TEE).

En el evento desarrollado en el auditorio del propio TEE, Evelyn Rodríguez Xinol magistrada presidenta de este órgano jurisdiccional, mencionó que esta actividad, se da en medio de este clima en el que el sistema electoral mexicano pasa por un momento crucial de su vida.

Esto debido a la agenda federal que marca una posible reforma político electoral con distintos temas de cambio que se desprende de las iniciativas conocidas públicamente y que podrían modificar sustancialmente los mecanismos y la forma de integración de los órganos de gobierno y representación.

“Por ello surge un interés reforzar pro compartir estas reflexiones para seguir en la ruta del reconocimiento de los derechos de las mujeres indígenas y afromexicanas”, puntualizó la magistrada.

En su disertación, Eufrosina Cruz Mendoza, narró su testimonio de violencia de género por estar regida a los usos y costumbres, razón por la cual no pudo participar en la elección de su pueblo Santa María Quiegolani, Oaxaca, luego de que en el catálogo de usos y costumbres no venía la palabra “mujer”, sumado a la lucha que tuvo que vivir en su comunidad para romper los paradigmas de violencia de género, donde en comunidades de Oaxaca como en Guerrero lo importante de una mujer no es votar ni ser votadas, sino ser vistas con quienes serán casadas, porque esa ideología es parte de los usos y costumbres.

Luego de esto, no se rindió, siguió luchando, y decidió estudiar, es contadora pública, y maestra en ciencias políticas, decidió incursionar en política, ha sido diputada en dos ocasiones y la primera mujer que presidió el Congreso del Estado de Oaxaca y logró modificar la Constitución de Oaxaca y la Constitución mexicana para que las comunidades se rijan por sus costumbres indígenas, pero sin discriminar a las mujeres, y que dejen de señalar que pertenecen a grupos vulnerables, porque no lo son. 

La también autora del libro “Los sueños de la niña de la Montaña”, narró cómo desde niña se desarrolló como indígena, en un entorno patriarcal que obligaba a la mujer a dedicarse al hogar, donde en las pequeñas comunidades las forzan a casarse a temprana edad, sin su consentimiento y sin permitirles estudiar o participar en la política.

Aclaró que no venía a decir a nadie que hacer, solo compartir lo que le ha tocado caminar, arrebatar a la adversidad y circunstancias, recargó que las cosas  se tienen que nombrar, porque lo que no se nombra correctamente no se puede amar, no se puede visibilizar, mucho menos empoderar.

Para las mujeres indígenas se vuelve un camino muy complicado el hacer justicia, hay muchos argumentos que han detenido esa paridad e igualdad en el nombre de la cultura de lo usos y costumbres, de la interculturalidad, pero la justicia tiene que llegar a las mujeres indígenas y para ello, todas y todos deben romper muchos paradigmas, sostuvo.

Narró que a su hermana mayor, su papá la casó a los 12 años, como sigue sucediendo en muchas comunidades hoy en día “mi hermana se convirtió en mamá a los 13 años, a los 31 ya tenía 9 hijos, esa tradición la hemos solapado todas y todos, en este país se siguen casando más de un millón de niñas, bajo el nombre de usos y costumbres”, lamentó.

Los usos y costumbres que de manera personal defiende, recalcó, son su idioma, su vestimenta, pero no con la violación a los derechos humanos, el uso y costumbres se acaba cuando se convierte en abuso y costumbre y debe, resaltó, nombrarse como es, porque ahí es donde ha estado disfrazada la violencia, y va implícita la trata.

“Porque no puede ser que una niña se convierta en mamá sin haber llegado a su edad, no puede ser que una niña se convierta en la cuidadora de otro ser sin tener esa capacidad”, apuntó.

Refirió que en su comunidad natal, a su edad -43 años-, las mujeres ya son abuelas. Su maternidad, se la tuvo que arrebatar a la adversidad, a la invisibilidad, a la pobreza y marginación, ya que al hablar de los pueblos y comunidades indígenas del país, de manera automática, se refieren a las y los jodidos, y refiere, “yo no soy eso, yo soy posibilidad, oportunidad, no soy grupo vulnerable, lo que me han vulnerado son mis derechos”.

Cuando una mente no se educa, tiene mucho miedo a educar, a exigir, pero sobre todo tiene mucho miedo a decidir.

No entendía porque era la primera en levantarse junto con su mamá y ser la última en ir a dormir, porque tenía que hacer más que ellos, porque acompañaba a su papá a limpiar milpa y todavía regresaba a calentar la comida y ayudar a su mamá mientras sus hermanos si se podían ir a la cancha del pueblo a jugar.

Y fue su maestro el que, sin saberlo, plantó la semilla para luchar por su sueño y con ello, avanzar en la paridad de género en su familia, su comunidad y su país, fue por “su olor bonito” que despedía, la hizo querer oler igual, a soñar con otras cosas, a pensar que había más allá de su montaña.

“No queríamos que llegara julio, porque se iba a acabar la escuela, y se sabía que a María ya la fueron a entregar y que un señor ya llegó por ella, y que en cualquier momento alguien va a llegar por ti”, todo eso lo narra en su libro, “que mi sueño es que ni una niña más tenga que llorar debajo de una cobija porque alguien va a llegar por ella, que nuestro origen no defina nuestro destino”.

Señaló que aún hay un millón de niñas bajo el argumento de los usos y costumbres que son obligada a casarse a los 12 años, lo cual no es un delito, pero cómo si lo es, por ejemplo el abigeato, hasta tener mascotas exóticas, pero no que una niña se case, porque es parte de los usos y costumbres, lo cual afirmó, es abuso y violencia.

Por lo que dio a conocer que, como diputada federal presentó una iniciativa en abril pasado para que el Código Penal Federal se considere el matrimonio infantil como delito grave, porque hasta el día de hoy los matrimonios infantiles solo están prohibidos más no son sancionables, “y lo que no está sancionado es permisible”, dijo.

SEM/MG

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