Mujeres electas, las voces de la historia

Mabel Gutiérrez, ser presidenta municipal

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  • Se convirtió en la diputada más joven de Hidalgo
  • Una vez me bajé a torear porque la gente me lo pidió con entusiasmo

Elvira Hernández Carballido

SemMéxico, Pachuca, Hgo., 15 de octubre, 2020.- Mabel Gutiérrez nació el 19 de septiembre de 1970, en Pachuca. Aunque desde el primer día de su existencia la llevaron a vivir Tolcayuca. Su padre era originario de esa región. Su mamá es de Zapotlán de Juárez. Dos municipios vecinos y hermanos. Dos lugares que fueron marcando su vida. 

Su primera experiencia escolar estuvo dividida en esos dos escenarios, ya que el jardín de niños lo empezó en Tolcayuca y lo terminó en Zapotlán de Juárez. La razón, el edificio escolar del primer municipio no había sido concluido y por la cercanía de los lugares, a todos los grupos los cambiaron a la otra comunidad de Hidalgo. 

La vida la invitó a echar raíces en la tierra paterna, así estudió la primaria en Tolcayuca. Desde los primeros años descubrió su gusto por la poesía. Frecuentemente la elegían para que declamara en los actos cívicos y eso le permitió disfrutar el reto de hablar en público. En el transcurso de la educación básica tuvo profesores muy queridos que la llenaron de seguridad en ella misma. 

“Además mi papá siempre nos inculcó, tanto a mi hermano como a mí, de que la mediocridad era algo que no deberíamos tener y que preocupáramos en el oficio o en la profesión desarrolláramos, la hiciéramos bien y que trascendiéramos. Él siempre nos dijo siembra amistad y nunca perderás el tiempo. Les inculcaba mucho esa idea de hacer cosas buenas y tener mejores recompensas”.[1]

Su infancia pasó entre poemas y juegos con su hermano con sus primos. La familia fue muy unida, todos se ayudaban y se visitaban. “Mi papá nos inculcó mucho el amor al campo. Dentro de la casa hasta nos dio un pedacito de terreno a mi hermano y a mí para que sembráramos. Eso nos permitió tenerle por siempre mucho amor al campo. Mi esposo también se dedica a la agricultura. Así este amor por el campo es parte de los principios”.

Con los primos jugaba siempre. Podía imaginar que eran policías y resolvían todos los casos con gran heroísmo. Nunca días antes de terminar la educación básica la mandaron llamar a la dirección y junto con un amigo respondió a las preguntas de un examen sorpresa que les aplicó el director. Cuando le dijeron que además de haber respondido bien a todo, iba a representar a su escuela en el concurso de la zona para los estudiantes más sobresalientes. Después del concurso de zona tuvo el primer lugar y pasó al concurso estatal. Obtuvo el cuarto lugar. El premio fue un viaje a la ciudad de México, se les llamó los niños distinguidos y fueron recibidos por José López Portillo, en ese momento presidente de México. “Entonces nos tomamos la foto con él. A mí me tocó estar a su lado. Me impactó mucho la personalidad del primer mandatario. Conservo con orgullo esa foto y en mi escuela querida llevé una copia”.

Todas estas experiencias la hacen afirmar su amor a la vida, pues siempre le enseñaron a ser optimista y a ayudar a los demás sin recibir nada a cambio. “Mi papá y mi mamá nos inculcaron lo que es el servicio a la sociedad, casi a diario había personas que acudían a pedir al guía orientación a nuestra casa, y para nosotros era muy familiar y hasta cotidiano extender la mano, ofrecer ayuda. Mi papá fue presidente municipal tres veces. La primera cuando él era muy joven. La segunda, el año en que yo nací. La tercera cuando yo tenía seis años. Eso contribuyó mucho a mi formación, porque de alguna manera fue un ejemplo. Yo lo vi, nadie me lo contó, mi papá siempre se preocupaba por la población, por las obras, cuando él mandó que se construyera el jardín de niños, compró el terreno para construir la segunda primaria de Tolcayuca. Insistió mucho para hacer el drenaje y bueno muchas obras que podría enumerar pero que no nos alcanzaría el tiempo. El mismo centro de salud, él con sus hermanos donaron el terreno e hicieron las gestiones para hacer la construcción. Ya no le tocó terminar en su periodo, pero fueron muchas obras y de alguna manera cuando yo fui presidenta municipal, después me tocaron anécdotas de la misma gente que yo desconocía sobre mi papá”.

Cuando terminó la primaria, su mamá fue quien eligió la secundaria a la que iría. Como siempre había querido que asistiera a una escuela de monjas, estudió en el Instituto Lestonac. Luego entró a la preparatoria José Ibarra Olivares, actualmente la Zoebich. La situación pintaba de un color lleno de optimismo y esperanzas, pero mientras cursaba el primer semestre la mala noticia enlutó su vida, su padre murió. Mabel, su mamá, su hermana y su hermano empezaron a fortalecerse entre ellos mismos. 

En ese tiempo, le empezó a llamar la atención algunas actividades políticas, y le gustó lo que descubría, lo que observaba, lo que aprendía. Iba a cursos, a reuniones o mítines. Pero no dejó de estudiar para terminar la preparatoria, y pronto llegó el momento de decidir la carrera que elegiría: ingeniería.

Durante ese tiempo se acercó a las actividades políticas del estado, se integró a un frente juvenil de Partido Revolucionario Institucional (PRI) y decidió participar porque le gustó el ritmo, los discursos, los compromisos e ideas compartidas. Por supuesto, su mamá se preocupaba al verla dividida entre tantas actividades. A veces faltaba a clases. Ante sus ausencias los profesores amenazaban con reprobarla, aunque fuera buena alumna y otra vez tuvo que tomar decisiones. Se salió de trabajar, se dedicó en cuerpo y alma a sus estudios. Y entró a realizar su servicio social en el Tribunal Superior de Justicia. Pero lo que se mantuvo muy latente en ese tiempo fue el compromiso político, siempre buscaba la manera de seguir participando en el partido. Su presencia no pasaba desapercibida. 

Participaba, opinaba, se comprometía, organizaba eventos. Un semestre antes de terminar sus carreras, la invitan a ser diputada suplente por el PRI por el distrito de Apan. Por supuesto, decide aceptar.

“Fue una experiencia muy bonita, fui suplente del licenciado Federico Hernández Barros. En ese entonces yo tenía 22 años. También fue una experiencia muy enriquecedora porque esa decisión la sentía como un compromiso con la sociedad, con mi partido, con el pueblo en general. Aprendí a valorar también a muchas personas que confiaron en mí. Por ejemplo, el candidato a gobernador, el licenciado Jesús Murillo Karam, me daba encomiendas importantes que atender en el transcurso de la campaña. Eso me sirvió mucho para aprender, para templarme, para aplicar lo que sabía en ese entonces, pero sobre todo para descubrir con mayor certidumbre mi vocación de servicio. Decidí y descubrí que mi vocación estaba destinada a representar a mi pueblo. Para septiembre de ese mismo año, 1993, fui electa secretaria general del consejo política estatal de los jóvenes de mi partido, cargo al que tuve que renunciar al poco tiempo porque fui nombrada presidenta del frente juvenil revolucionario de mi municipio. Después, fui postulada como candidata a la presidencia municipal de Tolcayuca”. 

El reto lo asumió con un gran compromiso, segura de que la política era su espacio más natural y donde se sentía ella misma, con toda su fuerza, con todo su entusiasmo, con toda su pasión de mujer, de hidalguense, de política. Recuerda que en noviembre fue la campaña y en diciembre el día de las elecciones. 

“Afortunadamente conté con el apoyo de la población que tuve el honor de representar a partir del 16 de enero de 1994. Pero nada fue sencillo nunca. Fue una época difícil porque ese año surgió el ejercito zapatista, en marzo asesinan a Colosio, el error de diciembre. Fue un año muy difícil por el estado de ánimo de la gente y sobre todo por las carencias económicas que se estaban viviendo. Y a pesar de eso, la misma gente de mi pueblo me demostró su fuerza y su confianza. Cada persona respondió afortunadamente bien. Se pudieron hacer varias obras en el municipio y yo llamaba siempre a participar en las obras de tipo social paralelamente a las obras de tipo física, con sensibilidad, con optimismo, con mucho compromiso y honestidad absoluta”.

Orgullosa expone que durante su mandato hubo un auténtico compromiso social para el bienestar de la comunidad. Contó con el apoyo de toda su familia, desde su madre y hermanos hasta de sus tíos o primos. Sus amigos y amigas confiaron en ella, sus vecinos la ayudaban, toda esa confianza se extendió a la misma población. Motivó a invertir en las comunidades que más rezago padecían. Estuvo pendiente de la construcción de caminos hasta de la construcción de aulas. Cumplió en la ampliación y construcción de escuelas, desde jardín de niños hasta telesecundarias o los bachilleres. Durante su mandato se desarrollaron con éxito obras de estructura y saneamiento seguridad pública, radio, comunicación, entre otros logros. 

“Yo creo que podemos citar muchas, muchas obras, pero dentro de las satisfacciones más importantes es el haber servido y apoyar a la población desde las cuestiones más elementales hasta las más complicadas. Podríamos citar muchísimas anécdotas de entrega a los niños y ese afán de hacerlos sentir bien. Por ejemplo, una vez me bajé a torear porque la gente me lo pidió con entusiasmo. Otra ocasión formé parte de la valla humana con unos motociclistas acróbatas que yo misma invité para un festejo. Apoyé una muestra de vestigios arqueológicos que se han encontrado en el municipio hasta el arte sacro, fotografías antiguas y muchas cosas más. Inventé a gente interesada en ello, amistades, especialistas en historia, geología, antropología.

Después fue postulada como candidata a diputada local propietaria a finales de 1995 y ya casi a dos años de ser presidenta municipal. Solicitó licencia para separarse del cargo y poder ser postulada a diputada local propietaria. Ganó y tomó posesión en 1996. Fue la primera diputada local de Tizayuca como cabecera, ya con el distrito local de Apan dividido. Fue electa como presidenta de la comisión y legislación de puntos constitucionales, presidenta de la segunda comisión de gobernación y presidentes municipales, presidenta y fundadora -porque ella impulsó la creación de la comisión especial de asuntos de la juventud- y cofundadora y miembro de la comisión de la mujer y de la familia, así se llamaba en ese entonces, lo que es ahora la comisión de equidad de género del congreso del Estado.

Se convirtió en la diputada más joven de Hidalgo y también en la presidenta municipal que llegó al puesto a los 23 años. Al terminar su periodo, en 1999, el gobernador Manuel Ángel Núñez Soto la invitó a estar al frente de la dirección general de atención a comunidades marginadas. Después fue nombrada directora general de desarrollo regional, y estando en este puesto, el gobernador le encomendó el programa de desarrollo del valle de Tizayuca. Durante el gobierno de Miguel Osorio, fue nombrada subdirectora del DIF. 

Mabel la política es respetada y admirada en cada institución donde ha laborado con todo el compromiso de mujer. Pero esa vida dedicada al trabajo no le impidió enamorarse, casarse y ser madre. Confiesa que su vida ha estado siempre dedicada al trabajo, pero nunca dejó de pensar en sí misma, en sus sentimientos, en sus sueños e ilusiones.  

SEM/ec


[1] El presenta apartado está redactado con la entrevista realizada a Mabel Gutiérrez para el libro “Bellas y Airosas: Mujeres en Hidalgo (2011), por lo que cada texto entre comillas corresponde a esa charla, de la cual viene la referencia completa al final del trabajo.  

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