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Manuel Buendía se desvanece. Perdimos

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*Como periodistas no hemos podido lograr la mínima unidad para que haya justicia completa por su caso y más de 250 colegas asesinados después; aceptar con tristeza que no haya manifestaciones sociales cuando agreden a colegas

Miradas de reportero

Rogelio Hernández López

SemMéxico, Cd. de México, 31 de mayo, 2021.- Son las 13 horas del 30 de mayo de 2021. La plazoleta Francisco Zarco se mira desolada, y se hace más triste al ver vandalizada la diminuta placa de bronce que recuerda al periodista Manuel Buendía Tellezgirón, asesinado hace 37 años. Esta vez no hubo convocatoria para recordarle e impedir que mueran sus significancias para el periodismo de interés social en México.

Llegar a ese sitio cada año, para muchos colegas era lo simbólico para refrendar el ideal de Buendía que dice su maltratada placa: “servir a mi país con los recursos del periodismo”. Pero, esta vez sólo estuvimos, Adolfo, el activista del Comité del 68 y este reportero. Buendía se desvanece.

En esa plaza, desde 1984, era costumbre la concentración de periodistas para reclamar justicia completa por su artero crimen, también para añadir exigencias que impidieran más agravios a las y los profesionales del periodismo; igual quienes llegábamos hacíamos compromisos de procurar un periodismo más ético, de mayor servicio y reconocimiento social, un periodismo que fuese valladar contra los malos empresarios de la prensa, los malos políticos, contra el desarrollo de la delincuencia organizada. Perdimos.

De su asesinato

Quienes éramos parte del Comité de Pares para investigar, nunca encontramos certezas de que se hubiera detenido al verdadero autor intelectual, a otros autores materiales ni del móvil principal. 

Por años se ha difundido como cierta la conjetura de que eran culpables dos policías ya libres:

José Antonio Zorrilla Pérez titular de Dirección Federal de Seguridad (DFS) quien se dejó detener y a cambio pactó su silencio con el entonces procurador del Distrito Federal, Ignacio Morales Lechuga, a cambio de que le respetaran sus propiedades. Ahora vive en su rancho de Tulancingo Hidalgo.

El otro es Rafael Moro Ávila, jefe de brigada de la quien ha dicho, en varias entrevistas, que Zorrilla lo convirtió en chivo expiatorio. No hubo otros apresados por el crimen.

Quedaron en el aire los conocimientos que tuvo del asesinato y sus móviles quien fuera Secretario de Gobernación, Manuel Bartlett Díaz. 

Periodistas agredidos

No hay revelación alguna cuando se dice que, desde el sexenio de Miguel de la Madrid (1982-1988), cuando ultimaron al columnista michoacano, México se fue convirtiendo en el país más inseguro para las y los periodistas

El promedio de agresiones, aunque ha bajado paulatinamente en cantidad y niveles de violencia no disminuye de 20 casos al mes. Los registros diversos de organizaciones internacionales y de la Comisión Nacional de los Derecho humanos posibilitan aproximarse.

El promedio mensual de los seis años de gobierno de Enrique Peña Nieto fue de 34.75. En los doce meses de 2019, primer año del gobierno de Andrés Manuel López Obrador fue de 26.25; de 2020 a la fecha ese promedio mensual oscila entre los 22 y los 24 por mes.

Los asesinatos parecían haberse frenado en los primeros meses de 2021 pero el 3 de mayo fue acribillado Benjamín Morales Hernández en Sonora. 

Aquel 30 de mayo de 1984, cuando Manuel Buendía fue ultimado, también sacrificaron al periodista veracruzano en Coatzacoalcos, Javier Juárez Vázquez. Y de ahí en adelante ese ciclo execrable de asesinatos nadie ha podido frenarlo.

Pueden documentarse 283 personas vinculadas al ejercicio del periodismo asesinadas desde el sexenio de Miguel de la Madrid. (Ver gráfica). La impunidad ante estos crímenes oscila entre el 94 y el 97 por ciento. Los mismos periodistas ni siquiera hemos logrado la mínima organización de autodefensa. Perdimos.

Y precarizados 

Una causa mínima que podría unir acciones de periodistas profesionales es la mejoría de condiciones laborales. Pero desde la década de los 80 del siglo pasado ese medio ambiente ha empeorado.

Desde 2012 se aceleraron en México las tendencias de ajustes presupuestales en las empresas con reducción de prestaciones y contrataciones con mediadores (outsorsing), luego los despidos por oleadas de cientos y miles, luego la información se hizo causa de feroz competencia para venderla sin respeto a los mínimos éticos. El mercado de la información de prensa se envileció en muchos sentidos

En 2021, puede probarse, que el promedio de periodistas de todas las especialidades (reporteros, editores, reporteros gráficos, hombres y mujeres  y otros) padece de los más altos niveles de desempleo y precarización laboral sin precedentes.

Muchos colegas tratan de contrarrestar ese ambiente con autoempleo pero abatiendo la calidad profesional. Mucho de eso se refleja en el actual proceso electoral donde cientos se ofrecen abiertamente a partidos y candidatos “para ayudar a su posicionamiento” y difundir propaganda disfrazada de información.

Por la precarización, por los agravios y asesinatos y por las crisis empalmadas en el modelo de prensa-gobierno, el periodismo de servicio a la sociedad ha perdido.

La narco política

Otra de las presunciones sobre los motivos que tuvieron quienes asesinaron a Buendía –una de las más verosímiles—fue por revelar cómo, con la complicidad de policías y funcionarios de distinto nivel, se desarrollaban rápidamente grupos de narcotraficantes en zonas específicas del país, especialmente en Sinaloa y el Golfo de México.

A 37 años de eso, tampoco es secreto que nadie ha podido frenar a estos grupos, que han crecido inauditamente para convertirse en trasnacionales, porque encontraron o impusieron facilidades para diversificar sus áreas de actividad con secuestros, tráfico de personas, cobros de “impuestos” en actividades productivas, comercio y de piso, al grado de sustituir al Estado en el control de la seguridad y el control de cargos públicos. Ya controlaban municipios enteros de Sinaloa, Durango, Chihuahua, Tamaulipas, Veracruz, Guerrero, Michoacán. Y ahora, van por más.

Hay indicadores que sicarios o jefes de estos grupos han participado en los 88 crímenes contra políticos en el actual proceso electoral (25 de ellos eran candidatos sobre todo en municipios). Al respecto, el reportero y columnista desde 1980, Julio Hernández, El Astillero, resumió el jueves 27 de julio:

“Más allá del terreno estadístico, y del señalamiento de que este sea o no el proceso electoral nacional más violento de la historia institucional, resulta muy preocupante el papel expansivo de esa delincuencia organizada, que está decidida a vetar, incluso por la vía extrema, a determinados candidatos e impulsar, con la fuerza del dinero y de las armas, a otros aspirantes a cargos de elección popular”. 

Y la política se ha envilecido también porque algunos empresarios, dirigentes de partidos y funcionarios no encontraron formas más civilizadas y ecuánimes de competencia electoral que atizar el odio que induce a la violencia. 

Nada de esto dijimos en la plaza Zarco este 30 de mayo. Buendía se desvanece y con él valores que deseábamos rescatar. 

Sí pudiéramos, tendríamos que exaltar acciones de periodistas profesionales que han ayudado a que la gente sepa de los excesos de violencia, del poderío de la delincuencia organizada, de la corrupción y canallismo de muchos políticos, de la permanencia de los contrastes sociales. Así lo hubiera hecho Manuel Buendía. Pero son demasiado pocos.

Los días que vienen tendremos que confesar, con vergüenza,  que el periodismo no se ha convertido en factor real para que todo eso mejore, que como periodistas no hemos podido lograr la mínima unidad para que haya justicia completa por su caso y más de 250 colegas asesinados después; aceptar con tristeza que no haya manifestaciones sociales cuando agreden a colegas, que tampoco hemos podido impedir que la credibilidad en el periodismo cae en la misma proporción que las de diputados, senadores y muchos otros políticos. Sí, perdimos. 

 

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