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Mi poética

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La poesía es esto y esto y esto.

Juan Larrea.

Florencio Salazar

SemMéxico. Chilpancingo, Guerrero. 09 de marzo 2021.- La poesía tiene periodos en los que es relevante por su forma y esa relevancia la populariza, pero cumpliendo ciclos: clásica, barroca, romántica, moderna, postmoderna y contemporánea. La poesía deja de ser para seguir siendo. Por ello, siempre tendrá un espacio para el lector de poesía y para el poeta, sea académico interesado en su evolución o por la rescritura del poema para reconstextualizar borgianamente.

La poesía, a diferencia de la narrativa, es generalmente obra abierta, sujeta a la interpretación de cada lector. Las únicas composiciones emparentadas con la poesía comparadas con la narrativa son los corridos mexicanos, que describen algún acontecimiento o personaje en una historia musicalizada. El antecesor del corrido es el romance español, pero sin confundir con el Romancero Gitano de Federico García Lorca y el Martín Fierro de José Hernández, que son poesía.

Prácticamente se han abandonado las formas clásicas de la poesía. ¿El verso libre y la prosa poética no son formas de rehuir el conocimiento de la poesía clásica? Los versos libres abrigan la verdad desnuda. La poesía es literatura y filosofía en una relación simbiótica que nunca entrega sus claves para abrir su totalidad. La más acuciosa lectura jamás arribará al fondo del poema, ya que las capas que lo cubren lo hacen inaccesible a su verdad. Las metáforas son como el tridente mitológico que rompe la nave sin naufragar la vida. Estos son los hechos poéticos independientemente de sus formas.

La poesía es un mirlo que se mece en la rama rota. Cambian las épocas, los estilos, las formas de escribir poesía, pero la poesía es la misma: el lirismo que canta y que subyuga; la alergia habitual a la impostura; y la entrega sin reposo a quien encuentra sus palabras. Las emociones son los nervios de los versos, que estremecen el desafío del amor o el coloquio interior que sobresalta con ritmo y resonancia. Poesía se puede encontrar en listas de mercado y en actas notariales.

La poesía resonante de León Felipe y Juan Manuel Roca, se diluye en obras herméticas que parecen rechazar la claridad. La poesía no es como es ni como parece. La poesía es misterio, carece de instructivos para su comprensión y se ofrece como la experiencia que deja a la imaginación del lector descifrar su cábala. El poeta es el oficiante de la escritura mágica, que va dejando las huellas de sus versos para salir al mundo y, acaso, seguir en él. Por eso la poesía desarrolla la imaginación. Los políticos tendrían un mejor lenguaje si fueran lectores voraces de poesía.

Aceptando que a la poesía la califican –no la definen– palabras mágicas y misteriosas, asumimos que su escritura es más que un acto intelectual. Es reflexión, pasión, sentimiento, idea, ideal, anhelo; junto o en sus partes. Solo así puede alcanzarse el “nivel de musicalidad y de la complejidad rítmica de los versos castellanos” de Rubén Darío. Se advierte también, que el poeta al transformar el lenguaje lanza la poesía hacia el fondo del tiempo. Es posible porque el lenguaje está en permanente transformación, por lo mismo hay vocablos que caen en desuso. Hay poetas que se atrincheran en lo coloquial en la búsqueda de nuevas formas expresivas. Pero la palabra Luna, por ejemplo, es irrevocable.

Es comprensible que con el cambio de épocas cambia la sociedad y sus formas de comunicación. Todo cambio es conflicto impactando también todo tipo de escritura literaria y poética. El conflicto es la renovación de la poesía. El poeta es un creador, por definición insatisfecho con el statu quo, y va a buscar el modo de transformar los usos poéticos de su tiempo, como Enrique González Martínez en contra del modernismo: “Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje”. Los clásicos son modelos que se perpetúan cambiando de forma. De ahí la afirmación de Borges sobre poemas recientes que parece haber escuchado antes. Recordemos que todo cambia menos el cambio mismo.

Pensar en los clásicos es pensar en la antigüedad, en los griegos y latinos. Góngora, Quevedo, Sor Juana, se concentran en Borges y se divulgan en Carlos Pellicer, Ramón López Velarde, Gabriela Mistral. Constantin Kavafis es una cumbre con Ítaca: “su mensaje es altamente eficiente por cuanto maneja las metáforas poéticas más antiguas de la cultura”. La nómina es amplia en las letras de todos los idiomas, pero pensando en los nuestros, en los hispanohablantes: Borges, Neruda, Vallejo, Nicolás Guillen, Espronceda, Huidobro, José Asunción Silva, García Lorca, Sabines, Benedetti, Paz.

Para mí la poesía es sobre todo la idea en la metáfora con ritmo y resonancia, lo cual no significa el barroquismo a deshoras. El poema debe seducir primero al sentimiento y luego a la memoria. Hay versos libres que de tanta libertad se fugan y poco o nada queda de ellos. Poetas como Luis Eduardo Aute o RogerWolfe, se acercan en demasía al epigrama, al eslogan publicitario y a la línea periodística. Cuando leo a estos poetas, entiendo su suspicacia y agudeza, salvo una sonrisa poco me dejan: “¿Y tú me lo preguntas?/ Antipoesía eres tú”, dice Nicanor Parra. Y estoy de acuerdo.

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