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Mildred permanece en un hotel en Italia bajo cuarentena

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  • La mexicana Mildred Rhodes pasó de unas vacaciones en crucero turístico a un encierro en barco y, luego, a vivir una cuarentena obligada en Italia en la que ya lleva 21 días.

 Lidia Arista

SemMéxico/Expansión. 14 de abril de 2020.- Con dudas por el crecimiento en el mundo de la epidemia del coronavirus, la regiomonana Mildred Rhodes abordó el 5 de marzo el crucero Costa Luminosa, en el puerto de Fort Lauderdale, en Florida, Estados Unidos, con destino a Venecia. Se convenció de hacerlo porque la naviera le aseguró en ese momento que todo estaba bien y que, si ella cancelaba el viaje, no habría devolución de dinero, así que más allá de lo económico, la razón para continuar con el plan fue no dejar solas a sus dos amigas de 78 años.

Sin embargo, en cuestión de días sus vacaciones se convirtieron en una pesadilla. La confirmación de dos casos de COVID-19 abordo del barco propició la cancelación de espectáculos en altamar, después se ordenó el confinamiento de todos los viajeros en sus habitaciones y, finalmente, se convirtió en un encierro –en el que permanece– en un hotel en Italia.

Esta es su historia, la cual cuenta desde un hotel en Italia bajo resguardo de policías de ese país.

Su viaje estaba programado para arribar el 25 de marzo a Venecia, y en el trayecto realizaría varias paradas. La primera de ellas fue Puerto Rico; ahí los pasajeros pasaron todo un día sin contratiempos. Al día siguiente seguía Antigua, pero ya no los dejaron atracar.

“El capitán nos avisa que era porque en Puerto Rico se había quedado una pareja con insuficiencia respiratoria y que estaban internados, pero que no sabían si tenían coronavirus o no. Cruzamos el océano rumbo a España durante cinco, pero como estaba el riesgo de esta pareja se detuvieron las actividades sociales”, explicó en entrevista con Expansión Política.

Después vino la cancelación de la operación de los casinos y los bares e, incluso, los restaurantes dentro del barco. Antes de llegar a España, el capitán del Costa Luminosa les dio un aviso que cambió todo: la pareja que se quedó en Puerto Rico dio positivo a COVID-19, aunque esa información ya había sido publicada en periódicos días antes.

“Al haber dado positivo, tampoco podríamos bajar en España porque había otra pareja enferma. Entonces trasladan a otros pasajeros al hospital, es para lo único que paró el barco en España y para cargar combustible”.

Así que viajaron hacia Marsella, Francia, ya sin detenerse en ninguno de los puertos que estaban incluidos en el itinerario, pero ahora el confinamiento para los pasajeros era total. Todos debían permanecer en su cuarto, y hasta ahí les llevarían sus alimentos.

Luego tuvieron otro mensaje del capitán: en Marsella, bajarían todos los pasajeros; sin embargo, los únicos que sí lo hicieron fueron los estadounidenses y canadienses. Aunque ella tenía un boleto de avión de Marsella-París y de París-México, no se le permitió bajar del barco; aun así insistió y adquirió boletos con destino a México en la mañana o tarde para que pudiera regresar.

Poco a poco vio cómo fueron descendiendo del barco los franceses, los belgas, los alemanes, casi todos. Ella contactó al consulado de México para solicitar ayuda.

“Les pido (pregunto) cómo estaba la situación y que, por favor, no nos dejaran llegar a Italia porque allá estaba grave la situación. El consulado me dijo que la naviera tenía que dar el permiso para descender y la naviera me decía que el consulado. Yo les decía: reclámenme. No se logró y nos mandaron a Savona”, recordó.

Ya en tierras italianas, comenzaron a bajar los italianos desde el 20, 21, y 22, mientras que todos los demás tuvieron que seguir en sus habitaciones. Así poco a poco vio cómo iban disminuyendo los viajeros hasta que quedaron solo el 10% de los 1,800 turistas.

Para el 23 de marzo les pidieron que bajaran al lobby y les dieron otra noticia, ahora serían trasladados a Roma para cumplir una cuarentena.

Un encierro custodiado por policías

Desde la ventana de Mildred no se veía el Coliseo Romano, pero sí algunas patrullas que vigilaban el hotel con los turistas del crucero que tuvieron que ser aislados.

“Nosotros tenemos policías permanentemente, hay dos o tres patrullas. Ésta es una cuarentena muy vigilada. A unos metros hay un súper pero aunque hagas una solicitud en línea, cuando llega al lobby del hotel, nadie te la sube”, relató.

Durante la llamada, Mildred Rhodes tose, pero afirma que no considera que esté enferma, aunque no lo sabe con certeza.

«Debo comentar que desde hace una semana, por primera vez y el día en que terminaba nuestra cuarentena formal, se nos hizo el examen pero aún no contamos con los resultados», detalla en un mensaje al preguntarle por la evolución de su encierro.

Explica que el trato inicial era para que los contagiados permanecieran aislados sin contacto con nadie, no podían caminar por los pasillos o mantener la puerta abierta. Pero en realidad sabe que los que están en ese hotel se encuentran completamente aislados.

Explica que la comida es lo que más ha padecido, durante los primeros cuatro días les dieron sólo rebanadas de pan, pizza, sándwiches, galletas, pastas y agua, pero nunca verduras. Solo hasta el noveno día le llegó un huevo cocido.

Este 15 de abril, Mildred cumplirá un mes de encierro con dos pausas:

«El día 15 cumpliré un mes desde que empecé en el barco. Claro que se rompió en dos momentos cuando se suponía (el 19 de marzo) que saldría en Marsella y cuando me trajeron en autobús para acá el 23 (de marzo). De cualquier forma aquí ya (llevo) prácticamente 21 días», detalla.

Luego de reconocer que el encierro ha sido difícil, la regiomontana recomienda a los mexicanos seguir las recomendaciones de las autoridades como quedarse en casa a fin de evitar que hayan más contagios.

“Es una pesadilla, es un evento duro para todo el mundo, pero a nosotros nos tocó enfrentarlo lejos de nuestras familias, con las preocupaciones de no ver de nuestras familias, con incertidumbre. Son pruebas difíciles”.

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