COLUMNASLupita Ramos Ponce

Mirada Violeta| Hostigamiento Laboral y acoso sexual en las instituciones

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Guadalupe Ramos Ponce 

SemMéxico, Guadalajara, Jalisco, 20 de octubre, 2021.- El acoso sexual y el hostigamiento laboral significan grandes violaciones a los derechos humanos de las personas que los sufren; pueden ocasionar afectaciones físicas, psicológicas, laborales y sociales. Esta situación se agrava cuando ocurre precisamente en las instituciones que deberían garantizar el derecho humano a la salud, a la educación, a la información y a la promoción y defensa de los derechos humanos. 

De acuerdo con los testimonios de seis mujeres profesionistas y trabajadoras de la Universidad de Guadalajara, el Viejo Hospital Civil, la Comisión Estatal de Derechos Humanos Jalisco, la Secretaría de Salud y de una empresa privada de comunicación; en sus lugares de trabajo han sido hostigadas y/o acosadas sexualmente. 

En todos estos casos se advierte que no se trata de conductas aisladas, sino más bien repetidas con regularidad o con sistematicidad. La existencia de relaciones de poder desiguales, las partes siempre se encuentran en relaciones jerárquicas asimétricas, la existencia de una o varias víctimas, la existencia de efectos postraumáticos, psicológicos o físicos, el carácter abierto o encubierto de las acciones, fomentando así un contexto de impunidad ante los casos de acoso sexual y hostigamiento laboral.

En México el tipo de hostigamiento laboral más extendido es el congelamiento, ignorar y hacerle el vacío a la víctima. 

Eso le ha ocurrido especialmente a Mara, abogada de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, quien además de padecer una enfermedad autoinmune que pone en riesgo su salud, se ha visto sometida a hostigamiento laboral en una institución que debería velar por la protección de los derechos humanos y comete violación a estos derechos, de su propio personal. 

Mara, Monse, Natalia, Guadalupe, Alida y María, son mujeres que han sido revictimizadas por las instituciones que no han sido capaces de atender y solucionar de manera inmediata las situaciones de violencia que viven. 

Para las víctimas de estas violencias, el acceso a la justicia se convierte en un proceso largo, doloroso y difícil de alcanzar. 

Las voces de Mara, Monse, Natalia, Guadalupe, Alida y María, se unen hoy a las miles de mujeres que cada día viven acoso sexual y hostigamiento laboral en sus empleos, en el trabajo, en la escuela, en las empresas. Dejemos de naturalizar y normalizar esas violencias. Las mujeres tienen derecho a vivir una vida libre de violencia en todos los lugares y en todos los espacios de su vida y el Estado está obligado a garantizar que así sea. 

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