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Miradas de reportero| Ni los encuestadores se explican la alta aprobación de AMLO

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Rogelio Hernández López

SemMéxico, Cd. de México, 30 de agosto, 2021.- Colegas periodistas, es casi imposible encontrar quien explique, con métodos científicos y con sinceridad, lo que significa para la mayoría de mexicanos el fenómeno Andrés Manuel López Obrador.

Es paradójico que, en la víspera de su Tercer Informe (anual) de Gobierno, las encuestas más recientes indiquen que respaldan su gestión entre seis y siete de cada diez ciudadanos, pese a una densa nube de críticas negativas en los medios y que las mismas personas que lo respaldan reconozcan la persistencia de problemas fundamentales.

Las encuestas

En los ámbitos académicos es irrefutable que el método más riguroso de las ciencias para entender los comportamientos masivos de las sociedades es la estadística.

“Siempre que alguien trata de encontrar algún sentido al comportamiento de una masa, sea ésta de átomos o personas, las estadísticas son indispensables”, asegura el inglés Philip Ball, doctor en química y física, en su libro Masa Crítica. Cambio, caos y complejidad.

En ese sentido las encuestas y sondeos de opinión se acercan, más que otras disciplinas académicas, a la explicación de singularidades del fenómeno político que es López Obrador para la ciudadanía mexicana.

Y quienes dirigen las empresas encuestadoras más serias en México coinciden en que la aceptación ciudadana a la persona Andrés Manuel López Obrador sigue siendo alta treinta y ocho meses después de su elección.

Los resultados más recientes son así:

Roy Campos (director de Consulta Mitofsky) realiza un sondeo diario por medios digitales para el diario El Economista y el jueves 26 de agosto le arrojó que 59.6 por ciento de las personas consultadas aprueba la gestión del presidente.

La empresa Oraculus, que promedia las encuestas de las encuestadoras más serias indicó, ese mismo 26 de agosto, que la aprobación promedio en julio era de 61 por ciento.

Jorge Buendía, (Director de Buendía & Laredo) también reportó ese jueves “que la aprobación es del 61 por ciento” (y que) “La crisis 2020-2021 no ha dañado la imagen presidencial.”

Francisco Abundis (Director de Parametría), igualmente el 26 de agosto reportó una aceptación del 73 por ciento de los ciudadanos consultados. Él precisó que su encuesta “es realizada cara a cara en vivienda, a diferencia de otras mediciones hechas por internet o telefónicas, en las que se subestima su aprobación”.

El porcentaje que obtuvo Parametría es incluso un punto arriba que el obtenido en junio por la Secretaría de Gobernación del 72 por ciento de aceptación, según informó en una conferencia el mismo presidente Andrés Manuel López Obrador.

¿Por qué?

Pero los mismos directivos de las empresas encuestadoras no concuerdan en explicar por qué ese marcado contraste entre la alta aceptación a la persona con la desaprobación a varias políticas de su gobierno de los ciudadanos consultados y que coinciden con muchos comentaristas, además de los partidos opositores.

Ejemplos recientes de este desconcierto se encuentran en el ejemplar número 264 del semanario Eje Central que presenta un balance de AMLO a la mitad del camino.

Allí ofrecen sus datos más recientes y sus interpretaciones dos de los encuestadores más reputados en México: Jorge Buendía, (Director de Buendía & Laredo) y Francisco Abundis (Director de Parametría).

Buendía escribió allí: «El apoyo ciudadano al presidente Andrés Manuel López Obrador despierta muchas interrogantes desde hace un par de años. En particular, llama la atención que las percepciones negativas sobre la economía y la seguridad pública no se reflejan en la aprobación presidencial; es decir, las crisis económicas y de seguridad no se han traducido en una caída de la aprobación presidencial.

“La dificultad para entender el respaldo popular a AMLO radica parcialmente en la insuficiencia del marco teórico con el que lo analizamos.

“Por lo general, politólogos y encuestadores buscamos entender el apoyo a los gobernantes a partir de sus resultados y, en especial, por los indicadores económicos o de seguridad de su gobierno. Pero, como el mismo López Obrador nos lo recuerda día a día, muchas veces los resultados gubernamentales están en función de decisiones tomadas por gobiernos anteriores (…)

“De esta forma, la narrativa de la exoneración triunfa sobre la narrativa de la rendición de cuentas.» –asegura Buendía

Abundis, en su aportación a Eje Central asegura:

“El nivel de aprobación del Presidente sigue siendo alto a casi tres años de gobierno (72 por ciento).

 Y contrasta lo altamente aprobatorio de la persona con los bajos niveles de aceptación de otras instituciones del Poder Ejecutivo y de políticas públicas del gobierno federal:

… Entre las diferentes instituciones evaluadas el liderazgo presidencial sigue por arriba.»

«Por debajo del Presidente está el propio gobierno federal y luego el árbitro electoral (INE). También por debajo se encuentra el Tribunal Electoral y la Suprema Corte de Justicia. La diferencia entre el Presidente y el promedio de aprobación de los gobernadores es de casi 30 puntos, y respecto a los senadores y diputados la diferencia es aún más amplia.

“En lo que se refiere a la percepción de distintas áreas de gobierno la distancia entre los temas mejor evaluados y los peor evaluados es de más de 25 puntos porcentuales.

 Ello significa que la ciudadanía distingue de manera clara entre lo que considera logros y fracasos, independientemente de si estas opiniones se validan con indicadores fácticos.”  (Textos completos en https://www.ejecentral.com.mx/la-portada-a-mitad-del-camino/)

En los resultados de Parametría los ciudadanos perciben también malos resultados en seguridad, en combate a la delincuencia, en apoyo al deporte, en la lucha contra la violencia que afecta a las mujeres, en el cuidado del medio ambiente o de áreas de gobierno o de las instituciones de los otros poderes.

Por eso tiene una gran significancia el marcado contraste con aprobación alta a la persona de López Obrador con las percepciones claras de los ciudadanos a los grandes problemas que había y en 2018 y que persisten o incluso empeoran.

 ¿Quién puede explicarlo?

Nadie puede negar que, desde las elecciones de 2018, México entró a una etapa de subversión de su orden político y social poco prevista, casi caótica; pero pocos han podido explicar el comportamiento ciudadano sin hacer propaganda a favor o en contra.

Una aproximación la ofreció a fines de 2019 el filósofo Enrique Domingo Dussel Ambrosini en su ensayo “Hacia una nueva Cartilla Ético Política”, donde asegura que las distintas izquierdas en México fueron sembrando paulatinamente un ambiente de aceptación social a tres principios:

“La defensa de la vida, en primer lugar, de los pobres… aunque haya que demoler el orden institucional injusto” (…)

“… el consenso de los gobernantes con la gente “más allá de la democracia representativa” para hacer “que participen… aunque haya que crear nuevas instituciones” …

…la factibilidad, o sea hacer los cambios que son posibles… sin violencia… apresurando etapas… enfrentar la resistencia de la ultraizquierda y los conservadores… hasta dejar atrás al régimen de dominación anterior y arribar al régimen “obedencial” de mandar obedeciendo.”

Dussel sugiere que López Obrador sí representa para la gente que lo apoyó un atractor para los cambios que intuía como necesarios. Apunta una explicación en la teoría sobre las transiciones en los Estados: el paso de una elite dominante (A), a una ruptura liberadora (B) y a la creación de un nuevo orden con un poder obedencial (C).

Colegas, sigamos buscando explicaciones más allá de las resistencias al cambio, de la polarización política que nubla los entendimientos.

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