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Morena: noquear al árbitro ¿quién silbará las faltas?

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+ Malo, polarizar la política; peor, enfrentar clases sociales

AMBIGÚ

Por Martha Elba Torres Martínez

SemMéxico. Morelia, Michoacán. 02 de abril 2021.- Con la tercera oleada de contagios y muertes por Covid, este domingo 4 de abril inician las campañas electorales en contextos de elevada crispación política y volatilidad social. Evidente el ardid de la 4: noquear al árbitro. ¿Quién pitará entonces el silbato ante la violación a las reglas? ¿Quién o qué puede evitar la guerra campal?

La guerra sucia contra el INE, orquestada desde Palacio Nacional, tiene más de fondo que la cancelación de solo dos de los 15 registros de candidatos y candidatas a las gubernaturas presentados y 25 a diputados federales por Morena. Si este partido esta tan seguro de ganar las elecciones estatales y federal en junio próximo, gracias a su voto duro, los nombres son lo de menos, cuenta la marca.

Pero no, la realidad se impone por más que se pretenda distorsionar: hoy, la 4, está en grave riesgo de perder la mayoría en la Cámara Baja. Lo sabe Amlo y su partido. Por ello, harán todo lo que sea necesario para judicializar los procesos y que resuelva el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, donde tienen la mayoría (4 de 7) de los ministros.

El pasado 24 de marzo, el INEGI y el INE presentaron una parte de los resultados de la Encuesta Nacional de Cultura Cívica (ENCUCI 2020), el resto, de acuerdo al despacho de prensa de ese día, se dará a conocer después de las elecciones, hasta el 14 de julio.

Pero algunas variables de este primer material son muy reveladoras para los temas de coyuntura.

Por ejemplo: sobre la confianza en el Presidente de la República: 17.2 por ciento le tiene “mucha confianza”, hablamos entonces de los megachairos y amlovers; 35.3 por ciento “algo de confianza”, el desencanto; 28.3 por ciento “algo de confianza”, la duda crece y 18.1 por ciento, nada.

Por tanto, estas elecciones las decidirán los decepcionados, indecisos y abstencionistas apáticos que creían que no votar, no los afecta. Y sí, los ha afectado toda su vida y porque deciden otros por ellos.

¿Quién hoy en día puede decir que el mal manejo de la pandemia, la crisis económica, los millones de empleos perdidos, los precios de los energéticos disparados, la inseguridad y la violencia, no le afecta en nada?

Los programas sociales no le resuelven la vida a nadie y solo sirven para sacar de un apuro inmediato: comprar un tanque de gas LP, llenar una vez el tanque de la troca; comprarse unos tenis o el pantalón y los viejitos, medio comer. Pero hasta ahí, su entorno de pobreza no cambia y está peor.

En cuatro décadas en coberturas periodísticas de elecciones, reconozco que no percibí contextos tan complicados y peligrosos como ahora. Vamos; ni en 1988 con el Frente Democrático Nacional ni en 1997 que por primera vez pierde el PRI la mayoría absoluta legislativa. Como sea, el tripartidismo mantenía la correlación de fuerzas y el crimen organizado aún no se constituía como el primer poder fáctico en México, por encima del clero político y los militares.

Pero hoy el propio Presidente de la República se ha encargado todos los días, no solo en dividir la opinión pública sobre el quehacer político/gubernamental, sino antagonizar las clases sociales.

Dos ejemplos:

Sin pretenderlo, le escuché a una joven millennial, que ella no volvería a darle los cinco o diez pesos al “viene viene”, al limpiaparabrisas o a la indígena que todas las mañanas se encuentra en el mismo semáforo haciendo malabares con tres pelotas.

-¡Que le pidan a López Obrador el programa que de todos modos pago yo con mis impuestos! ¡Yo ya no les voy a dar nada, porque a mí no me da nada; yo trabajo y me jodo todos los días y los apoyos para los ninis!

Una conocida me platicó que llevó a su hija menor a uno de esos caros restaurantes de Altozano, donde se reunió con sus amiguitas a celebrar los quince de una de ellas. Las mamás ocuparon otra mesa. Mi amiga, luego de presentarse y saludarlas, la primera advertencia que le hicieron es que no aceptaban “morenas” de partido. “¿Tú crees? Pero así estamos de divididos”.

Estos fugaces escenarios, que pueden resultar tan dolorosos como grotescos, están en nuestra cotidianidad pero no en la de López Obrador, porque él cree que los pobres están felices con sus tarjetas del Bienestar. Y es para analizar seriamente como esa espontaneidad solidaria de las y los mexicanos hacia los que menos tienen, se enfría y es lo peor que nos puede pasar.

Pero ¿qué que ha ganado Amlo con enfrentar a pobres con ricos? Nada. Se pelea con todos, los empresarios, los medios de comunicación, feministas, profesionistas e inversionistas extranjeros. Que no es corrupto, quién sabe; pero tolera la corrupción a su alrededor: Bartlett, Zoé Robledo, Sanjuana Martínez, Rocío Nahle, a Pío y su prima Felipa. Por todos mete las manos al fuego y se las chamusca.

Ese 17 por ciento, de mayores de 15 años que le cree a morir, debe decirle mucho. En menos de tres años ha perdido más de 20 por ciento de popularidad, reconocen las encuestas en redes sociales que solo miden el mercado electoral en plataformas.

Y con Amlo, ha caído Morena, su brazo golpeador ahora dirigido contra el INE. Querer noquearlo y sacarlo del campo de competencia, a dos meses de las elecciones, es sumamente peligroso. De acuerdo a la ENCUCI, 69.6 por ciento tiene entre “mucha” y “algo” de confianza, en el Instituto.

El izquierdista José Woldenberg, quien fue presidente del Instituto Federal Electoral en la era de la transición democrática de los noventa, no pudo hacer una mejor defensa del INE:

“El IFE-INE tiene 30 años y medio de existencia y desde su fundación, no recuerdo una agresión más alevosa, desinformada, mentirosa y alarmante contra ese Instituto desatada desde la presidencia de la República. Nunca antes un presidente se atrevió a tanto y nunca antes develó un rostro tan autoritario. Alevosa, porque se hace desde la titularidad del Ejecutivo, un poder que está obligado a ser respetuoso del resto de las instituciones que conforman al Estado; desinformada, porque jamás se entra a la nuez del litigio, como si el presidente y sus ecos estuvieran exentos de la obligación de argumentar y autorizados para esparcir descalificaciones sin ton ni son; mentirosa, porque se repiten como letanía embustes que jamás fueron probados; y alarmante, porque de un INE autónomo depende en buena medida que la pluralidad política que modela al país pueda seguir conviviendo y compitiendo de manera institucional y pacífica. (…)

“Mucho le costó a México tener una autoridad electoral autónoma. Recordemos que el IFE nació por una necesidad apremiante. La Comisión Federal Electoral que organizó las elecciones de 1988 y el marco legal que las cobijó, saltaron por los aires. Fue transparente, para quien quisiera verlo, que ni las normas, ni las instituciones ni los operadores ofrecían garantías de imparcialidad. Y la respuesta a ello fue la creación del IFE, un Instituto que nació en 1990 y que desde 1996 es plenamente autónomo, es decir, no alineado con ninguno de los competidores ni con ningún gobierno. Ello ha hecho posibles elecciones competidas, alternancias en todos los niveles de gobierno, congresos plurales, expansión de las libertades. ¿Es eso lo que se quiere sabotear?”.

Parece que sí…

                                                                                              ***

Al cierre de esta entrega, la candidata y los candidatos a gobernador, Mercedes Calderón, de Movimiento Ciudadano, Carlos Herrera, del “Equipo”, Cristóbal Arias, de Fuerza por México, Juan Antonio Magaña, del Verde y Hipólito Mora, del PES anunciaron sus arranques de campaña en los primeros minutos del domingo. Una tradición que resulta improductiva para los electores, por la hora.

Raúl Morón, de Morena y Abraham Sánchez, de Redes Sociales Progresistas, en el limbo jurídico, desde luego tendrán presencia en los discursos de campaña de las y los abanderados para diputados federales, locales y ayuntamientos, y el tema, precisamente el INE y sus sanciones.

Por su parte, los gobernantes entran al veto propagandístico. Realmente no tengo idea de cómo le hará el Presidente para aguantarse las ganas de lanzar trancazos a la alianza opositora, desde sus mañaneras. Bueno, sí. Si queda tumbado a medio campo, el árbitro electoral…

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