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La bomba del aeropuerto de la CDMX

• Dos nuevas etapas: la construcción del complejo y su judicialización

Natalia Vidales

SemMéxico, 29 octubre 2018.- Es sintomático que la primera promesa del presidente electo, AMLO, sea destructiva: dinamitar  los avances que llevaba la construcción del nuevo aeropuerto de la CDMX, e intentar resolver la saturación de vuelos en la capital con un complejo de tres terminales aéreas: el actual aeropuerto, la base de Santa Lucía y la de Toluca, en el Edomex.

En la ilegal convocatoria a una consulta popular que se vinculó a la cancelación o no de la nueva obra, participaron apenas un millón pasadito de personas de las cuales dos de cada tres votaron por su cancelación, en una sub representación de la voluntad nacional.

Así, se cierra ésta etapa del proceso, pero se abren dos: una relativa a la construcción del complejo; y dos, su judicialización, que podría llevar el asunto incluso a los tribunales internacionales.

Tanto el PRI como el PAN se abstuvieron de convocar a sus militantes y simpatizantes para que, a su vez, dinamitaran la consulta llamándolos a votar masivamente a favor del nuevo aeropuerto (en contrapeso a la voluntad de AMLO en su contra), pero optaron por calificarla de inconstitucional y de recurrir a las vías legales para anular lo resuelto.

El artículo 35 de la Constitución establece las bases de cualquier consulta ciudadana que vincule al gobierno y, efectivamente, parece hecha, por los requisitos y limitaciones que exige para que no se consulte nada (como no ha ocurrido) y, al respecto el presidente electo ha señalado que ya tienen un proyecto de ley para que esos ejercicios sean más fáciles de practicar, pero con ello en realidad confiesa la ilegalidad de la realizada por su equipo el fin de semana pasado.

El sector empresarial, por su parte, declaró, tan pronto se supieron los resultados de la consulta, que igualmente irá en contra legalmente del primer acto de autoridad que realice AMLO ya en la presidencia contra los avances del nuevo aeropuerto, no solo por los daños y perjuicios que se le causen a los inversionistas de la obra (que pueden ser resarcibles o negociables), sino por el daño al patrimonio nacional y a la inestabilidad y desconfianza financiera internacional que provoca la reversa a decisiones institucionales ya tomadas y en vías de realización.

El amparo y la protección de la justicia federal  que tanto los partidos como los empresarios demandarán en contra de la cancelación del NACDMX, y para que se suspenda  provisionalmente cualquier otra obra que intente sustituirlo en tanto se resuelve el fondo de la legalidad o no de la consulta y de los actos del nuevo gobierno al respecto, avisa otra etapa de éste asunto más turbulento que cualquier vuelo durante una tormenta.

El palo contra la primera piedra que el actual presidente Peña Nieto colocó el 2015 para construir el nuevo aeropuerto, todavía no es contundente. Pero sin duda está generando una gran molestia y desazón  en Los Pinos porque  está en duda si se colocará y develará la placa alusiva a que esa obra cumbre y representativa –y que pasaría a la historia– se inició en su sexenio, y en cuya inauguración el 2021, sería el invitado especial.

Es imposible dejar de ver, tras ésta y otras decisiones de AMLO, que no desea que quede una sola huella del gobierno anterior, en un celo muy parecido al del priato, cuando los montes se partían a la llegada del nuevo tlatoani.

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