Natalia Vidales

Mujer y Poder

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La condición humana

Todas las personas siguieron su vida

Natalia Vidales

SemMéxico, 6 agosto 2018.- El accidente de aviación en Durango nos enseñó que los seres humanos somos muy poco aprensivos respecto de lo que suceda, pese a la gravedad del asunto y así ocurra frente a nosotros: apenas unas horas después del hecho centenares de otros pasajeros abordaron sus vuelos en el mismo aeropuerto, como si nada hubiese sucedido. E incluso muchos de los afectados, apenas dados de alta del hospital tomaron otros vuelos rumbo a sus destinos.

Un viajero fue entrevistado respecto de que si no temía que también a su vuelo pudiera sucederle algo y se encogió de hombros diciendo que tenía una cita inaplazable en otra ciudad y que no pensaba en nada más.  

El Secretario de Turismo, Enrique de la Madrid, por su parte, declaró que el sector no se vería afectado debido a que la gente sabía que la probabilidad de un accidente de avión era mínima, mucho menor incluso que en otras formas de transporte. Lo cual significa, entonces que en virtud de ese porcentaje menor a nadie le importaría pasar a formar parte de esa estadística así fuera en la lista de afectados.

Las 103 personas que iban en el vuelo accidentado sobrevivieron al evento, pero aun si el milagro del saldo blanco no hubiese ocurrido y estuviésemos lamentando la pérdida de vidas humanas – como ya ha ocurrido en accidentes y desastres de todo tipo- las demás personas seguirían su ritmo de vida y de riesgos bajo el determinismo de que a quien le toca, aunque se quite y de que a quien no le toca aunque se ponga.

Todos los días en las ciudades ocurren mortales accidentes de tránsito y a nadie –en su sano juicio— se le ocurriría dejar de ir a trabajar en su automóvil por ese motivo: igual tomamos el volante y como si se tratase de un convoy de la muerte salimos en bloque y disparados de un semáforo a otro, esperanzados a que si algo sucede nomás no sea a nosotros.

También, igual millones de padres mandan solos a sus hijos pequeños a la tienda de la esquina, así estén viendo en la TV en esos momentos la noticia de niños desaparecidos sin más en las calles, y dejan salir a sus hijas adolescentes hasta las quinientas de la noche pese al peligro que corren, así nos conste que no podemos confiar en que las autoridades harán su trabajo de protegerlas, ni de localizarlas ni de nada.

En su bestseller El Puente de San Luis Rey, el escritor Thornton Wilder, narra el caso de cinco turistas que murieron en un pequeño poblado del Perú al caer al vacío desde un puente colgante que se rompió.  Tras investigar la vida de cada uno de  ellos Wilder encontró que  habían recién salido de una situación problemática y que estaban por entrar a una nueva etapa de sus vidas. Quizá, concluye, era la hora propicia de dejar este mundo. Pero 50 años después, ya más sabio, Wilder escribe El Octavo Día donde inventa el concepto de un tapiz donde de un lado se ve la hermosa obra completa de Dios, pero en el revés las miles de hebras retorcidas, que serían las inexplicables desgracias ocurridas sin sentido alguno e igual para inocentes o pecadores.

Pero nadie mejor que el pastor Harold S. Kushner, cuando su libro Cuando las Cosas Malas le Pasan a la Gente Buena sostiene tras una profunda investigación que los accidentes no son obra de Dios (quien no escogería tan injustamente a quien sí y a quien no le toca) sino de la naturaleza.

Tal vez por eso… ni modo. Y como el pasajero mencionado, tomemos cada día nuestro vuelo para cumplir con nuestros trabajos, vida y compromisos sin fijarnos de más cuando, así sea enseguida nuestro, ocurre una desgracia. Mejor tener en mente el dicho aquel de: ¨cuando te va a tocar…te va a tocar¨, o aquel otro que dice: ¨cuando te toca…aunque te quites; cuando no te toca…aunque te pongas¨.  No nos queda de otra.

SEM/nv

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