Mujer y PoderNatalia Vidales

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¿Terminará AMLO el sexenio?

Natalia Vidales Rodríguez

SemMéxico. Sonora. 23 de octubre de 2019.- En los términos en que el Senado de la República votó a favor la nueva figura de la Revocación del Mandato para el Presidente de la República y para los Gobernadores del país, es difícil  –aunque no imposible–  que pueda llevarse a la práctica: se requeriría una organización de los ciudadanos que en México apenas está germinando.

Todavía estamos muy lejos de que el llamado Poder del Ciudadano se materialice, y se sigue pensando que el poder está en manos de los políticos, un concepto arraigado en nuestro país incluso desde antes de la Conquista y que continúa arrastrándose  como un lastre para la sociedad, aunque en los últimos meses sobre todo un grupo ciudadano ha estado fortaleciéndose a pasos agigantados: el Congreso Nacional Ciudadano que fundó Gilberto Lozano hace ya algunos años (pero de ello escribiremos en otra ocasión).  

Siguiendo con el tema: no se trata de que los requerimientos sean insalvables, ya que lo aprobado se asemeja a las prácticas de otras naciones con regímenes democráticos como el nuestro, así sea la Democracia entendida acá solo como un asunto electoral  y no como el afán constitucionalque la considera  –a la Democracia–  no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo. Pero no, todavía no llegamos a ese nivel de ciudadanía. 

Contrario a los deseos del Presidente López Obrador para que la Revocación del Mandato fuera una consulta que lo confirmara en su gestión , la norma quedó en que se requiere que sea la ciudadanía quien la solicite y que no se trata de un “refrendo” al mandatario, sino de un ejercicio para destituirlo en caso de realizar un mal gobierno. 

Pero para ello se requiere que al menos el 3 % de los ciudadanos con  credencial para votar con fotografía pidan la Revocación  (algo así como 2.7 millones de personas, esparcidas en al menos 17 Estados de la República para darle la debida representación nacional).

En caso de lograrse esa hazaña ciudadana de junta de firmas, ya el día de la consulta se exige la participación de al menos el 40 % de los enlistados en el INE (alrededor de 45 millones de votantes) y que, desde luego, la mayoría de quienes participen tachen al mandatario para revocarle el poder.

Esas cifras de votantes ya son comunes en nuestro país en los comicios ordinarios, pero apenas se vería si en una consulta de este nuevo tipo concurren en esa medida,  o si gana el abstencionismo y el desinterés.

Como sea… ¿qué puede pasar?: si quienes no votaron por AMLO (ya sea por  quienes  lo hicieron en contra o porque se abstuvieron el 2018) y que  fueron casi 90 millones de mexicanos acudieran en su mayoría a tachar al Presidente se lograría la Revocación, aun si los 30 millones que votaron a su favor el año pasado lo hicieran de nuevo.

La aprobación ciudadana a AMLO era superior  al  70 % a principios del sexenio y fue cuando, con esa confianza,   propuso la consulta para ser refrendado o no, y actualmente ronda el 60% ( todavía muy alta), pero si la tendencia a la baja continúa  (por el desgaste en el ejercicio del poder, por errores, por  la continuación de la inseguridad pública y la violencia, por la economía, etcétera) podría llegarse, a la eventual consulta el 2022, con posibilidades de perderla (caso en el cual el Congreso nombraría a un nuevo Presidente para terminar los dos años que le faltarían al sexenio). 

Lo anterior es muy improbable, pero, de realizarse el ejercicio, y de continuar las cosas como van, la consulta oficial  daría cuenta de una picada  de la popularidad de AMLO –más allá de los sondeos de las casas encuestadoras–  con un efecto muy negativo en el resto del sexenio. 

AMLO se metió y propulsó sin necesidad, y de forma que hoy ya se ve arriesgada , la Revocación de su propio mandato, inicialmente con visos incluso para extenderlo. Pero las correcciones que la oposición le hizo en el Senado al proyecto  –y que aceptaron los legisladores de MORENA, el partido del Presidente–  lo convirtieron en un instrumento ciudadano que, en un descuido, podría llevar a que López Obrador no termine ni siquiera el sexenio. O, al menos, para exhibir una importante inconformidad a su gestión.  

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