Mujer y PoderNatalia Vidales

Mujer y Poder

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México, ¿otra vez de un solo hombre?

* AMLO ha ido desmantelando, cooptando o colocando afines en instituciones

Natalia Vidales Rodríguez

SemMéxico, 20 de enero 2020.- Pasó mucho tiempo y se derramó mucha sangre en nuestro país en los últimos dos siglos para que se pasara del gobierno de un solo hombre o de un solo partido (Santa Ana, Porfirio Díaz, el PRI) al de un régimen de Instituciones.

Pero con la llegada de la 4T el intento de retroceso es patético: el Presidente López Obrador está haciendo todo lo posible –en aras de lograr el proyecto de nación que le parece es el correcto– para evitar la división y el equilibrio de poderes teorizada por Montesquieu en El Espíritu de las Leyes el siglo XVIII (y cuyo experimento se realizó en los Estados Unidos). 

Es cierto que nuestro actual mandatario precisó que, durante su campaña presidencial había mandado al diablo a las Instituciones, se refería a “sus Instituciones”, es decir al ser utilizadas por los neoliberales y conservadores para imponerse por sobre las necesidades del pueblo.

A la muerte del sonorense Álvaro Obregón (quien violentó la incipiente institución de la no-reelección presidencial en 1928), Plutarco Elías Calles (otro sonorense encumbrado en la posrevolución mexicana) instauró el Partido Nacional Revolucionario (abuelo del PRI), como una fórmula institucional de relevo en el poder sin recurrir a las armas, y que era la costumbre de la época. Sin embargo, desde la primera elección para sucederlo en la Presidencia, se recurrió al fraude electoral para darle el triunfo a Emilio Portes Gil, quien vivía en el extranjero, por sobre José Vasconcelos de arrastre nacional.

Esa Institución que a la postre se convirtió en el PRI murió de manera natural el año 2000 con la irrupción de la alternancia con Fox en Los Pinos (con un estertor doce años después, con Peña Nieto) y, entonces se vislumbraba, por fin, un clima a favor de las Instituciones (el IFE, la CNDH y el respeto a los poderes Legislativo y Judicial), así como el nacimiento de los llamados entes autónomos en diversas áreas, como el Infetel, y la Coneval.

La lógica era que a mayores participantes en la toma de decisiones, estas serían mejor tomadas, de la misma manera que a mayor pluralidad ideológica y partidista en el país se colige una mejor resultante. Sin duda que las discordancias atrasan la agenda nacional de quién esté en el poder, pero la hacen más vigorosa y real.

Pero el nuevo régimen ve en esas Instituciones -e incluso en la libertad de prensa-  una limitante a la 4T: AMLO mismo se ha referido a que esos organismos están (estaban) en poder o cooptados por poderes fácticos conservadores  para bloquear las transformaciones sociales. Y Evo Morales, durante su asilo en México, a pregunta expresa sobre el desmantelamiento que hizo de las Instituciones en Bolivia, lo dijo con todas sus letras: que eran invención del imperio yanqui para atajar los cambios a favor del pueblo y para mantener los privilegios.

Durante una matiné de AMLO, y tras una dura crítica de la Revista Proceso a su régimen, el Presidente cuestionó por qué no se sumaban los medios a la transformación, como ocurrió, dijo, durante el gobierno de Madero, en que las publicaciones lo apoyaron dejando atrás cualquier otro concepto.  Proceso, le contestó, desde luego, que ningún gobierno le dictaría la agenda a la Revista.

AMLO ha ido desmantelando, cooptando o colocando afines en las Instituciones referidas en aras de sumarlas a su esfuerzo, en contra del equilibrio y de la división de poderes. Y lo puede hacer en virtud de que esas organizaciones están vinculadas al gobierno ( el Presidente manda las ternas para la selección de sus titulares y, desde luego, cuenta con su mayoría en el Congreso para fijar el monto de sus presupuestos, etcétera).  Nacieron por un acuerdo de la sociedad civil con el gobierno y se consideró que su autonomía operativa sería suficiente, pero hoy vemos que no y que, en realidad, están en manos de aquel a quien se trataría de controlar.

Lo que sigue, entonces, es la creación de Instituciones, de ONG´s y de Movimientos, cien por ciento ciudadanos, y de reacción de otros poderes, como el de los Gobernadores, y  que, por cierto ya se están asomando como  una  alternativa  más allá de los partidos políticos en decadencia.

Un par de ejemplos:  el Congreso Nacional Ciudadano, contra cuyo dirigente Gilberto Lozano se ha lanzado una campaña negra en las redes sociales (bajo la cuerda del gobierno) casualmente ahora que está destacando; o el Gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, que señala con certeza los errores de la 4T.

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