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INSABI, la misma gata solo que revolcada

Yaneth Angelica Tamayo

SemMéxico. Cd. de México. 29 de enero de 2020.- Uno de los temas más controvertidos en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, tiene que ver con la salud, en donde sus criterios de austeridad han impactado en los centros médicos que reciben recursos del gobierno federal; siendo las personas beneficiarias de dichos servicios las afectadas.

Basta, con mencionar el desabasto de medicamentos y retrovirales para personas con VIH, la falta de vacunas contra hepatitis b para los infantes; y que se diga las desafortunadas circunstancias por las que están pasando niños y personas con cáncer por no contar con los medicamentos necesarios.

Pero a esto también se le suma la incertidumbre por la que están pasando las personas que eran beneficiarias del desaparecido seguro popular, quienes ahora ven reducidas las prestaciones medicas y se encuentran ante cobros excesivos por servicios otorgados, los cuales presuntamente son a causa de no tener en claro las reglas de operación para la recuperación económica de los servicios otorgados.

Por ello, resulta interesante y reflexivo pensar en los motivos que impulsaron al Titular de Gobierno Federal, para justificar la eliminación del seguro popular y la creación caprichosa del INSABI.

Y no porque el desaparecido seguro popular fuera muy eficiente, sino porque resulta absurdo crear un nuevo organismo de manera improvisada y sin asegurarse que los beneficiarios realmente reciban la atención de calidad promocionada por su forma de política partidista.

Me atrevo a señalar como un capricho a tal organismo, toda vez que resultaba innecesaria su creación, ya que solo se requería dotar de más recurso económico al servicio de salud ya existente; las personas beneficiarias desde administraciones pasadas han sido enfáticas en evidenciar la pésima calidad de los servicios de salud en donde el Estado tiene intervención.

La forma astuta de vender un proyecto social sin una adecuada planeación como el INSABI, solo es una burla a los mexicanos que realmente esperaban la promesa de un sistema de salud completo, en donde los medicamentos y demás insumos asociados, incluidas las intervenciones quirúrgicas fueran gratuitas.

Por ello y a manera de sana crítica preguntemos.

¿Qué servicio de salud tendrá la posibilidad de brindar atención médica de calidad y gratuita, ante la emergencia de una persona que no puede pagar hospital privado y tiene que esperar a que el INSABI se organice y cumpla con lo prometido?

Si existe la posibilidad de otorgar servicio de salud universal y gratuito para las personas ¿Por qué, no se cubre las necesidades médicas de las personas que ya se encuentran en organizaciones gubernamentales como el IMSS e ISSSTE? Recordemos que existen pacientes esperando a que se cubra el desabasto de medicamentos para quimioterapias, retrovirales, vacunas u otros.

¿Por qué, si se busca garantizar el derecho a la salud y el bienestar de la población, no se amplía el catálogo médico del sector salud? ¿Realmente este cambio beneficia a los menos favorecidos? O solo se trató de cambiarle el nombre para anotarse una medalla que combine con la transformación política morenista.

En mi opinión, considero que tal medida es la “misma gata, solo que revolcada”; además, no es el único ejemplo, la misma suerte corrieron los beneficiarios de otros programas sociales ya extintos, recordemos las estancias infantiles de las cuales ahora solo sobreviven las que se encuentran en juicio de amparo.

Estas ideas que sugieren improvisación, provocan situaciones que generan que una porción de la población se encuentre temerosa, ignorada y humillada al ser excluida de una sociedad que no hace valer el principio de justicia distributiva.

Si bien es cierto que, un gobierno democrático puede sentirse comprometido con la justicia de sus propios ciudadanos, también es cierto que, al mismo tiempo, puede no sentirse responsable de la humillación hacia personas que no cumplen con sus criterios de pertenencia.

En consecuencia, la distribución pudiera ser justa y eficiente para algunas personas, pero la forma en la que se lleva a cabo no implica que lo sea para los demás. 

Lo más propicio sería fortalecer, transparentar y hacer eficientes los canales ya existentes; pues, culpar y cambiarle el nombre a los organismos e instituciones ya existentes, solo generan incertidumbre. 

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