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Nacer, reproducirse y morir en tiempos de COVID-19

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* Poner atención en que todo el ciclo de vida está siendo dramáticamente perturbado

* Los enfermos y las mujeres embarazadas/parturientas no corresponden en un mismo sitio

Valentina Hernández Ponce*

SemMéxico, 6 de abril, 2020.- Nacer y morir en los tiempos de COVID-19 nos está mostrando un mensaje crudo y rudo de lo impostergable: una transformación profunda en el sistema de salud, seguridad social y política pública. Es un hecho que los puntos de referencia con los que hemos estado familiarizados están fuera de forma y de control. ¿En dónde tenemos que poner atención si consideramos que todo el ciclo de vida está siendo dramáticamente perturbado?

Nacer

Las condiciones del nacimiento también se están viendo drásticamente afectadas con características similares: las mujeres ya no pueden estar acompañadas por sus parejas o familiares, ya no se puede hacer el apego inmediato, la intervención médica está retomando protagonismo y ante la confusión, la toma decisiones ya no está siendo tan informada. ¿Qué vamos a hacer al respecto? ¿Equipos multidisciplinarios de Parteras-Ginecólogos-Pediatras-Enfermeras-Doulas-Terapeutas-Consultoras de Lactancia, todos al servicio de las Mujeres, los Bebés y sus Familias? ¿Casas de parto, maternidades, parto en casa? 

Las redes de parteras de diferentes países y continentes están reuniendo toda la evidencia posible para establecer protocolos de atención, que mantengan la atención basada en las mujeres y sus familias, bajo el enfoque del respeto a sus derechos sexuales y reproductivos, la perspectiva de género y de derechos humanos, tal como lo expresa el modelo de atención de partería. Los principios, valores y filosofía en común que rigen claramente la práctica de la partería son: el respeto de los derechos humanos, la consideración del embarazo y el parto como eventos fisiológicos normales, la atención centrada en la mujer, autonomía en la toma de decisiones de la mujer y una práctica basada en la mejor evidencia científica. 

Una de las grandes lecciones que nos deja la pandemia: Los enfermos y las mujeres embarazadas/parturientas no corresponden en un mismo sitio. Parir en casa siempre ha sido el lugar más limpio y seguro. Los hospitales sólo son para partos que requieren de mayor intervención y ayuda o para enfermos.

La reproducción

El miedo y la ansiedad prolongados provocados por los principales factores estresantes, como la pandemia de coronavirus, no solo pueden afectar la salud mental de una persona, sino que también pueden tener un impacto duradero en la composición de esperma de un hombre que podría afectar a su futura descendencia. Ese es el hallazgo de un nuevo estudio provocativo publicado en la revista Nature Communications por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Maryland en Estados Unidos.

El ejercicio de la sexualidad también se ve en la necesidad de incorporar nuevas prácticas en la intimidad y esta es una conversación ausente en los medios y la comunicación social de los gobiernos. ¿Cómo se vive el placer y el erotismo en los tiempos en donde el aislamiento social y la distancia física hará la diferencia entre mantenerse sano y exponerse a la muerte?

Es necesario tener presente un enfoque de empoderamiento, orientado en las barreras que enfrentan las personas para proteger su salud y la salud de los demás. Recordemos las lecciones del VIH/SIDA para una respuesta efectiva dirigida por la comunidad en el marco de los derechos humanos.

Morir en soledad y en el anonimato

El escritor Manuel Vilas, publica en El País cómo es que estamos siendo testigos de una dolorosa dinámica donde las familias no pueden tocar a sus muertos y que tampoco van a poder velarlos. «El virus ha realizado una dolorosísima doble operación con la muerte. La ha aumentado en número de manera insoportable y a la vez ha suprimido de manera también insoportable: quienes están falleciendo no pueden ser acompañados en los hospitales en sus últimas horas, y cuando mueren, sus cuerpos no pueden ser vistos ni velados y únicamente pueden ser despedidos por su más estrecho núcleo de allegados en el cementerio o en el crematorio. Así, la muerte está por todas partes, pero ha desaparecido. Estamos viviendo un velatorio colectivo sin cuerpo presente.»

¿Qué impacto está generando en nuestra relación con los cuerpos?

¿Estamos preparados para atender el impacto producido por el desgaste al personal de servicios de salud? ¿Sería posible que el costo emocional y psicológico en los trabajadores de la salud conducirá a que las personas abandonen la medicina? ¿Será que este es un llamado para hacer de una vez por todas una práctica de la medicina integrativa, en donde prácticas milenarias y evidencia científica puedan coexistir?

De lo que no podemos tener duda es que este es un llamado urgente a toda la sociedad para tomar acciones para pasar de la autodestrucción al autocuidado en comunión con toda la experiencia del ser.

*Valentina Hernández Ponce es Psicóloga por la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México,UNAM, completó estudios en salud sexual y VIH / SIDA; diversidad social, igualdad de género y políticas públicas; acompañamiento psicosocial en crisis, desastres y emergencias humanitarias, certificadas por Tech Palewi, el Sistema de Desarrollo Integral Familiar del DF, Secretaría de Educación Pública del DF. Ha estado involucrada en el movimiento feminista desde los 16 años de edad. Ha trabajado como consejera psicosocial, buscando modelos de atención integral y prevención de riesgos para la mejora de las condiciones vida y promoción de la salud; como terapeuta acompañando a mujeres y hombres en procesos relacionados con la salud sexual y reproductiva, violencia de género, duelo y herramientas para el autocuidado.

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