DesobedienciaOlimpia Flores Ortiz

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Una flor entre eros y tánatos

* El instante muere al nacer

Olimpia Flores Ortiz

SemMéxico, Oaxaca, 4  de mayo, 2020.- Sucedió que alguna vez Apolo se enamoró perdidamente del fulgurante joven Jacinto, a su vez entregado a la fascinación de la compañía del dios con quien interactuaba cual si fueran pares en ese continuo gozarse juntos. El Resplandeciente para quien el paso del tiempo en la vida de los mortales, nada le significaba en su inmortalidad, respiraba cada momento transcurrido junto a su jovencísimo e inexperto amigo, quien extasiado transcurría rendido a su lado.

Un día el dios y el mancebo jugaban entretenidos y alegres a lanzar el disco (de bronce) durante el punto culminante del cenit, cuando sucedió que el Eterno lo lanzara, y llegara al joven al momento en los rayos del sol obnubilaran su vista, y le abriera la frente.

El dios en su arrebato ante la súbita muerte de su amigo, de su sangre hizo florecer un jacinto rojo

Tal es la versión del mito amoroso entre Apolo y Jacinto de Cesare Pavese en sus Diálogos con Leucó, en el que la historia es narrada por las voces de Eros y Tánatos  en conversación.

Metáfora del ciclo vida-muerte-vida. “Tánatos: Que para nacer sea preciso morir, lo saben también los hombres. No lo saben los Olímpicos. Ya lo han olvidado. Ellos duran en un mundo que pasa. No existen: son. Cada uno de sus caprichos es una ley fatal. Para expresar una flor destruyen a un hombre.”

“Eros:…Y sé también que a la muerte no se escapa. …Jacinto vivió seis días a la sombra de una luz. No le faltó la alegría perfecta ni siquiera un fin rápido y amargo. El que Olímpicos e inmortales conocen. ¿Qué querías Tánatos, para él?

Tánatos: Que el Resplandeciente lo llorase como nosotros.

Eros: Pides demasiado, Tánatos.”

*Apollo and Jacinto es una obra de arte digital de Joaquin Abella que se cargó el 20 de diciembre de 2018.

Este es el poderoso Jacinto y  Apolo, de Joaquín Avella. Arte digital. Elocuente visión de la instantaneidad del goce para que  termine prevaleciendo la sensación de inercia en el que el mensaje del discurso de La Cultura, nos penetra apoderándose de razón y voluntad.  

Nadie es más brutalmente indiferente ante la muerte, que la vida misma. O bien, tal vez no valga hacer una distinción entre vida y muerte, porque son los extremos que se funden, son lo mismo, una no es sin la otra.

El instante muere al nacer. Esa infinita sucesión, es la que habitamos creyendo que vivimos cuando morimos. Ambas pulsiones van confundidas en cada acto. En el placer hay vida y hay autodestrucción. Todo orgasmo es en sí renuncia total, el único espacio intrínsecamente libre, porque nos vaciamos hasta de nosotros mismos. Es morir un poco, en idea de poetas;  y es el triunfo absoluto de la biología inexorable, ante la razón. En cada devenir esperado, hay un plazo que fenece. El DESEO humano, o voluntad de vivir, es sólo porque sabemos de nuestra inminente mortalidad; esa es la diferencia con el resto de los seres vivos, la consciencia de nuestra finitud, y en pos de ella, a querer o no es que existimos anhelando.

Pero esta voluntad de vivir, traducida en afectos, en vocaciones, en derroteros de la vida tiene un contexto espacio-temporal: mito, lengua, tradición, organización, ley, que constituyen la Cultura, que en el Occidente compartido vivimos bajo el acecho de las culpas ancestrales que dieron lugar a los tabúes fundantes del lazo social y su Ley: el incesto y el parricidio.

Así la noción binaria de bien y mal y la ley y el temor al castigo, o el desafío,  que de ello deviene con todo y su mito estructurante encarnado por el papel de María impoluta en la familia, ese es el lazo social constitutivo que estructura y formatea al superyó siempre en vigilia en derredor de una moral con liturgia, que nos promete el Paraíso o el Infierno y bajo cuyos parámetros enjuiciamos o justificamos nuestras acciones bajo el criterio del Mal tipificado en pecado y bajo amenaza de condenación eterna y en la tierra el castigo temporal del estigma; o en el caso de la Ley, la cárcel. Siempre bajo el castigo para empezar de nuestro propio superyó integrado por el Comité que preside Dios, con el Estado, la familia y las colectividades, ya plenamente adoctrinado e imbuido de hábitos. 

Si hay algo que nos hace Mal-Estar, es justamente ese vivir bajo la noción del Mal del que nos mostró Freud en su Malestar en la Cultura, que termina de producirse en el ámbito de lo individual-subjetivo y en el de lo colectivo-intersubjetivo.

No se trata de hacer otra cosa en la vida que forcejear permanentemente por someter a nuestras pulsiones de vida y muerte a los designios de los códigos asumidos por el mito, por la Ley, por la tradición, por el sistema, por su mercado  Recibiendo siempre los castigos consecuentes, y según las inequidades solapadas pero para empezar el que nos infligimos nosotros mismos por medio de nuestros patrones conductuales que nos esclavizan.

En esta sombría primavera,  estamos  viviendo bajo inyunciones, aceptamos la vigilancia, las prohibiciones e incluso los castigos soslayando todo espíritu democrático y todo el código de los derechos humanos, como si pudieran ponerse en pausa, ejerciendo el Estado la administración de la muerte.

Miedos inéditos, se extiende la desconfianza en todo otro, que de suyo ya había fomentado la violencia, ahora además con la permanente amenaza del virus letal. Miedo a ser desechable, habrá menos lugares que ocupar.

Nuevas culpas a expiar; sistémicas e individuales: Vamos a cargar culpablemente a los muertos, porque lo fueron de la incapacidad, de la insuficiencia, de la corrupción, de la mezquindad, de la avaricia. Y porque nos vamos a polarizar por la crisis económica y a crispar aún más en la tendencia creciente a la inamovilidad y el encierro.

El Siglo XXI ha sido hasta ahora el de las tecnociencias -y su discurso- apoderadas de la potestad del Padre aquél al que matamos en la horda primitiva y quedándonos a merced del dolor, el sufrimiento, la insatisfacción; la herida del desamparo infantil, la nostalgia del padre. Como a merced del deseo insaciable, estragante y devorador de la madre.

El discurso científico, como cualquier otro discurso, no es neutral; todo discurso es político, sin poder despojarse de ello.

Acicateados por el permanente y vano anhelo de felicidad y los subterfugios a los que nos asimos en nuestra búsqueda compulsiva del placer.

Qué relación con el propio cuerpo mediado por estas tecnociencias, su discurso, sus novedades y sus dictados en la organización de la vida.

Íntimamente vivimos el sometimiento ineludible a la  presencia descarnada  y sin disimulo, de los nuestros, sin tregua alguna e igual de hastiados. Y si es en hacinamiento y precariedad menos tolerable. En estas condiciones nos vemos nosotros-nosotras mismas y nos mostramos sin pudor. Es mejor no pretender visualizar el futuro post confinamiento en esta dictadura de lo familiar ineludible. Y sus violencias desatadas, por supuesto. 

No se puede ser sociable cuando vivimos con miedo a morir, con miedo a la incertidumbre, con miedo a ser desechable, a ser excluido, con miedo a todas las agresividades que nos amenazan, Además del ancestral miedo al infierno que nos domina.

¿Qué se hace cuando el cuerpo prescinde del plus se goce que representa el desafío, en la era del confinamiento doméstico y monogámico? ¿Cómo se teje hoy el lazo social sin proximidad, sin diversificación?  ¿Cómo crear, cómo conversar, cómo confabular y conspirar; cómo coquetear y seducir? ¿Cómo pues va a diseminarse el Feminismo?

El modelo capitalista neoliberal está a cuestión total, ya no le cabe ningún sentido humano, es aniquilador de la vida de todos las especies y del divisionismo artificial de la especie humana y su supremacismo. 

Hay que hacer emerger nuevas tendencias hacia lo inalcanzable. Recrear la U-topia, como el no lugar de la Justicia,  la  Igualdad, la Democracia, la Autogestión,  la Ciudadanía, el Respeto, la Amistad; el Lugar inalcanzable pero por el que optemos siempre y cuyo espíritu paute nuestro ser con uno-una misma y con otros. Todo por hacer: nada está dicho.

Oaxaca, en el confinamiento de la primavera de 2020

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