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No saber más

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La mayoría de la información está disfrazada de conocimiento. John Hunt

Por: Florencio Salazar Adame

SemMéxico/Sur Acapulco. 08 de septiembre 2020.- Daniel Innerarity, considerado uno de los 25 grandes pensadores del mundo, autor de una cantidad de libros de ciencia política y que, en los últimos años se ha volcado a analizar las causas y consecuencias del descontento global, dice que el problema de la política es su debilidad y que nuestro pensamiento tiende a lo lineal por lo que no alcanzamos a comprender la complejidad del mundo en que se vive.

Convierte en paradoja la máxima socrática Sólo sé que nada sé. Es decir, entre más sé advierto que es mayor mi ignorancia, mi desconocimiento. Innerarity no se anda por las ramas: vivimos en una sociedad cada vez más consciente de no saber, pero un no saber que significa no saber más. Ignorar el saber es conductor hacia la incertidumbre. Por lo mismo, señala que para gobernar con eficacia y justicia deben darse “saltos conceptuales audaces”.

Complicada situación, porque ahora nos encontramos en la frontera del no saber más. Pero no debemos renunciar del saber complementario para el desarrollo pleno del ser humano. Lo único que puede transformar la realidad es el conocimiento. La verdad de la pobreza, la verdad de la desigualdad, la verdad histórica, la verdad de la ciencia y la tecnología, la verdad de las políticas públicas. La verdad de saber en dónde se está parado.

La frontera del no saber más es la educación virtual o a distancia. Este tipo de educación es apropiado a partir del nivel de bachillerato, en donde el individuo tiene un piso de conocimiento para ascender a los siguientes pisos; además, hay un interés manifiesto por el aprendizaje. Pero la educación primaria y secundaria virtual no puede ser más que un fraude para la sociedad.

Pensemos en una familia tradicional, promedio de cinco miembros, padre, madre, tres hijos. El padre sale al trabajo, vuelve a la hora de la comida, nuevamente sale por la tarde y regresa por la noche. La madre tiene que ocuparse del pesadísimo trabajo de la casa, cocinar, lavar, limpiar. Pero ahora, tiene además la carga –porque es una carga- de cuidar que sus hijos e hijas, estudien con el televisor y la computadora, suponiendo que tengan ambos aparatos.

Una hija estudia secundaria y dos hijos, primaria; uno en quinto y otro en segundo. La SEP ha divulgado los programas de clases y sus horarios. La chica tiene dudas sobre inglés, otro de geografía y el más pequeño de las tablas de multiplicar. Asumiendo, claro está, que no coinciden los horarios y que se pueden compartir algún aparato. “A ver, déjame ver el libro”, responderá la mamá. ¿Pero la mamá podrá realmente despejar dudas?

Ahora pensemos en el escenario catastrófico. Son cuatro hijos y solo tienen un televisor; peor aún, en donde viven hay señal de nada o hay señal pero ambos padres trabajan. Por otra parte, ¿cómo podrá substituirse lo significativo de la convivencia en la escuela presencial? ¿Cuánto tiempo podrán soportar madres, padres, hijos, el encierro? ¿Cómo explotará la inevitable neurosis?

No se pasa por alto que nos encontramos en una situación de emergencia y que deben tomarse medidas inéditas, pero también es cierto que hubo tiempo para planear métodos alternativos.

En tanto pasa la emergencia, deberían programarse solamente tres materias y sus equivalentes. Español (desde la escritura hasta la Literatura), Matemáticas y alguna actividad de habilidades (dibujo, diseño, etc.). Con esas dos materias y una actividad los alumnos tendrían un nivel de comprensión de la comunicación y el desarrollo de la creatividad; el desarrollo lógico de la inteligencia; y el ocio recreativo, evitando la saturación y el tedio. Las demás materias podrían esperar la vuelta a la normalidad.

En México, según la OCDE en la última aplicación de las Pruebas PISA 2018, el rendimiento de los alumnos (420 puntos), está por debajo del promedio (487 puntos). El mismo organismo informa sobre el acceso a la educación online, ocupamos el puesto 28 entre 30 países. No es casual que “de acuerdo con los certificados de defunción, hasta el 27 de mayo, el 71 por ciento de muertes en México correspondieron a personas que tenían una escolaridad de primaria o inferior”. (Raúl Contreras Bustamante, Excélsior, 18 de julio, 2020).

Las autoridades educativas podrán acreditar el programa a distancia como algo bueno, con calificación aprobatoria en todos los casos, lo cual podrá tranquilizar a los padres de familia y a los alumnos. Pero dejaría un mensaje aterrador: no hay que esforzarse, basta con simular. Debemos evitar la política que premia y promueve el conformismo, diría Zygmunt Bauman. La razón es simple: qué país tendremos en el futuro.

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