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El compromiso Político

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Por: Florencio Salazar

Los hechos políticos son para nosotros los más relevantes. Cicerón

SemMéxico. 07 de octubre 2020.- Todos los aspirantes a cargos políticos tienen el deber insoslayable de presentar propuestas centradas en el desarrollo integral de Guerrero. Quien aspira respira, tiene suficiente oxígeno para decir cómo se resolverán los problemas y las soluciones aplicables.

No se trata de ocurrencias. Proponer (del latín proponere), significa, según el Gran Diccionario de la Lengua Española Larousse, entre otras acepciones: plantear un problema para ser resuelto, determinar hacer una cosa y también presentar argumentos en pro y en contra de una cuestión. Por lo tanto, quien quiera ocupar un puesto de elección popular, debe ser consistente en sus conocimientos para presentar propuestas y soluciones posibles. Hacerlo, significaría actuar con responsabilidad política.

De querer muchos quieren. Pero  no se trata de participar en un juego de ocurrencias.  Los partidos podrían considerar dos condiciones para postular aspirantes. La primera, la básica, es que el presunto  –hombre o mujer- tenga un perfil ganador; y la segunda, la idoneidad. La primera consideración no requiere de mayor explicación; el de la idoneidad, sí.

El mismo Diccionario indica la definición de idóneo: “que reúne todas las condiciones necesarias para un servicio o función, que es o resulta conveniente o adecuado para una cosa”. Y precisamente de eso se trata, que reúna las condiciones necesarias y sea conveniente.

Los posibles candidatos serán designados según las normas de cada partido. La ley de probabilidades indica que a mayor oportunidad de ganar una elección la pugna interna será equivalente, es decir, feroz y sin  tregua;  y, en sentido opuesto, los partidos con menor posibilidad de obtener el voto mayoritario serán más accesibles para el otorgamiento de  candidaturas.

Al postular candidatos los partidos pesados estarán definiendo el gobierno y la política que ejercerán en el poder público. Las ideologías de los partidos –declaración de principios- se han borrado. Existen en los documentos pero son un vacío en las convicciones militantes. La diferencia entre lo que dicen los líderes de los diferentes partidos es mínima o imprecisa.

La auténtica ideología de los partidos hoy se localiza  en la biografía de sus dirigentes y líderes, pues en su comportamiento político se expresa el lenguaje de los hechos. Y ese lenguaje es el que nos debe importar para los fines de la idoneidad de los posibles candidatos.  Las diferencias hay que buscarlas entre los y las aspirantes.

Gobernar exige experiencia y pericia. La improvisación tiene costos que pueden ser muy altos. No obstante, lo más importante es el compromiso político. El político debe reunir –concentrar en lo posible- ideología y praxis. Las ideologías partidistas, como definición colectiva, se han vuelto nebulosas; pero la ideología, como modo de pensar del individuo, no. Cada persona tiene una visión de las cosas, de aquellas que la afectan; y también deseos, ambiciones.

El compromiso político es la propuesta de la voluntad en lo público.  Postular candidatos idóneos es asumir ese compromiso político. La postulación de candidatos dirá más de lo que puedan declarar los propios partidos de sus fines. Serán  sus propuestas las que dibujen el plano –aunque sea con lápiz- del edificio suriano en permanente construcción. Por eso debe importarnos el compromiso político como ética electoral.

Marco Tulio Cicerón adquirió prestigio y rango por la solidez de su argumentación como abogado y su brillante oratoria política. Procedía  de la que pudiéramos llamar la clase media de su  época, y logró integrarse con las elites romanas. Supuso que podía conciliar a las clases en pugna, a los caballeros y los patricios.

Pero Cicerón carecía de poder efectivo para ejecutar su propósito conciliador. Creyó que la fuerza de su palabra era suficiente, pero las élites romanas no le reconocían méritos para negociar entre ellas. Sólo logró el fracaso. Los mexicanos necesitamos representantes legislativos y autoridades que no fracasen; que le apuesten al acuerdo plural y gestionen el desarrollo.

Debemos preguntar –y preguntarnos- sobre quienes aspiran: ¿cuáles son sus  méritos?

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