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Opinión| A 67 años de que las mexicanas votaron por primera vez en elecciones federales

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  • El derecho a votar para las mujeres en elecciones federales se consiguió con la reforma constitucional de 1953.

Juan Iván Martínez *

 (Cuando nació mi mamá las mujeres todavía no podían votar)

SemMéxico/EcoSur. 06 de julio del 2022.- Esta semana se conmemora el día en que las mujeres mexicanas votaron por primera vez para elegir cargos de representación popular a nivel federal, el 3 de julio de 1955. Si bien, pareciera que ya pasó mucho tiempo y que en la actualidad las mujeres ya cuentan con las mismas oportunidades que los varones, en realidad no es así. Sus luchas han logrado mucho, pero aún hay batallas que están seguirán dando.

El derecho a votar para las mujeres en elecciones federales se consiguió con la reforma constitucional de 1953 (1) , la elección en que podrían ejercer ese derecho tuvo lugar dos años después. A mi en lo personal me llama la atención que mi madre, algunas tías y por supuesto mis abuelas nacieron en un contexto en el que a las mujeres no se les permitía votar, pareciera un dato de la era de las cavernas, pero no, es de apenas una y dos generaciones atrás.

Que su derecho a sufragar fuera reconocido no fue sencillo para las mujeres mexicanas. En el concierto internacional nuestro país llegó algo tarde, Nueva Zelanda aprobó el voto para las mujeres desde 1893; países con efervescencia sufragista lo aprobaron hasta el Siglo XX, es decir, Reino Unido en 1918 y Estados Unidos en 1920. En Sudamérica, antes que México, lo logró Uruguay en 1927.

En el contexto nacional, también se puede decir que ese derecho tardó casi cuatro décadas si tomamos como referentes los Congresos Feministas de 1917, pues desde entonces (y aún antes) ya se discutía la posibilidad de que las mujeres tuvieran el derecho al sufragio. Una de sus principales promoventes no alcanzó a ejercerlo, pero atestiguó la reforma constitucional que reconoció ese derecho, Hermila Galindo, quien murió en 1954 tras haber dedicado toda una vida a la lucha por los derechos de las mujeres.

La obtención del derecho a votar por parte de las mujeres no se acompañó de condiciones justas y equitativas para ejercer su derecho a ser votadas. Es cierto que desde aquella no muy lejana década de los 50, cada vez son más mujeres las que ocupan cargos de elección popular. Las reformas electorales de 1993, 1996, 2002, 2008, 2014 y 2019 han sido indispensables para cada vez tener más candidatas y mujeres ejerciendo el poder público, aunque no han sido suficientes para que lo ejerzan en igualdad de condiciones y libres de violencia.

Ese último, quizás sea el tema que debiera ser prioritario para el Estado mexicano en el ámbito de la participación política de las mujeres, diversas investigaciones dan cuenta de las formas en que se violenta a las mujeres que se dedican a la política; los perpetradores generalmente son aquellos que deberían garantizar su plena participación y el ejercicio de sus derechos políticos; es decir, partidos, candidatos y actores que se resisten a reconocer que el buen o mal ejercicio del poder público no está vinculado con el sexo de las personas.

La investigación “La construcción política de las mujeres: militantes partidistas, integrantes de Asociaciones Civiles y activistas independientes en Chiapas” (Martínez, 2022) indica que uno de los efectos, consecuencias o resultados de la violencia contra las mujeres, es la de mermar su seguridad y con ello obstaculizar su participación política, pero hay otros efectos que van más allá de su labor como políticas, producidos por las violencias estructural y sistémica que se ejercen contra ellas por ser mujeres en una sociedad misógina, machista y sexista.

Las formas de ejercer violencia contra las mujeres que se dedican a la política no distan mucho de las que se pueden identificar en otros ámbitos de la vida: chantajes, manipulaciones, humillaciones, desacreditaciones, amenazas e incluso persecuciones y secuestros. En esa investigación se documenta la instrumentalización de las mujeres, su objetualización sexual, y las omisiones o actuaciones insuficientes de parte de las instituciones. Expresiones todas ellas que no están necesariamente separadas unas de otras, sino que pueden aparecer imbricadas en un mismo acto de violencia.

La participación política, aunque puede colocarlas en una posición de mayor exposición para las expresiones de violencia, paradójicamente, es la que puede romper con las relaciones de dominación en las que se encuentran inmersas las mujeres, relaciones que instituciones y actores políticos se resisten a desmantelar.

 (1) Para elecciones locales se aprobó en 1947 y para elecciones federales en 1953.

Fuente:

Martínez Ortega, J. I. (2022). La construcción política de las mujeres: militantes partidistas, integrantes de Asociaciones Civiles y activistas independientes en Chiapas. [Tesis de doctorado, CESMECA/UNICACH y IUESAL/UAlicante]. 

*Académico de El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR)

jimartinez@ecosur.mx

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