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Opinión| La cultura, bajo asedio

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Dulce María Sauri Riancho

SemMéxico, Mérida, Yucatán, 8 de diciembre del 2022.- De Guadalajara a Mérida los pesares de la cultura no tienen cese. Estos días se llevó al cabo la 36 edición de la Feria Internacional del Libro en la capital de Jalisco, auspiciada por la Universidad de Guadalajara (UdeG).

El invitado de honor en esta ocasión fue el Emirato de Sharjah y la cultura árabe, que se hizo presente con su literatura, música y artes manuales.

Como cada año, se realizó la presentación de numerosos libros, seminarios, conferencias y mesas de discusión que ponen en el centro de la atención pública a esta Feria, considerada la primera del mundo de habla hispana (asómbrense, por delante de las realizadas en España) y la segunda a nivel internacional, sólo superada por la de Frankfurt, en Alemania.

Continuidad

Pocos proyectos culturales en América Latina tienen una continuidad semejante, en especial cuando se trata de libros y lectura, asolados por problemas económicos, de derechos de autor y por cambios en los hábitos de millones de personas.

Sin embargo, la FIL Guadalajara permanece, a pesar de las crisis económicas, los vaivenes políticos y muy recientemente, la pandemia que obligó a suspender sus actividades presenciales por dos años.

La Orquesta Sinfónica de Yucatán (OSY) fue creada en 2004, durante el gobierno de Patricio Patrón. Y con Ivonne Ortega en 2009 (10 de enero) fue dotada de un mecanismo de continuidad presupuestal que le ha permitido transitar tres administraciones gubernamentales de distintos partidos políticos. Desde esa fecha la OSY goza de la seguridad jurídica del fideicomiso público (FIGAROSY), con carácter de entidad de la Administración Pública Paraestatal de Yucatán.

Esto significa que los músicos que la integran tienen el estatus de trabajadores/as al servicio del gobierno del estado, al igual que otro/as burócratas. Por medio de este decreto gubernamental, publicado en el Diario Oficial del estado, el gobierno se obliga a realizar aportaciones anuales para la operación de la OSY; a la vez, un patronato formado por distintas personas de la ciudadanía yucateca conduce la recaudación de recursos para coadyuvar en el mantenimiento de la Orquesta.

Lo digo directamente: no es una dádiva ni una “graciosa” concesión del gobernador/a en turno, sino un compromiso de carácter administrativo y presupuestal con un proyecto cultural que suma esfuerzos gubernamentales y de la sociedad a través de su patronato desde hace 18 años.

Por cierto, este esquema de financiamiento mixto es único, pues en otras orquestas del país, incluyendo la Nacional, el 100 por ciento corre por cuenta del gobierno.

En 2022 la FIL Guadalajara se realizó bajo asedio gubernamental. No es novedad el hostigamiento por parte de la administración federal, dado que el presidente López Obrador la ha descalificado desde el inicio de su gobierno, regateando la presencia de sus funcionarios/as incluso en la inauguración protocolaria.

Pero este año, fue el gobierno de Jalisco y muy particularmente el gobernador Alfaro, quienes crearon un “vacío” al ordenar a las y los integrantes de su administración abstenerse de participar en cualquier acto realizado en esta intensa decena, determinación avalada por su partido, Movimiento Ciudadano.

El diferendo entre la UdeG, organizadora y promotora de la FIL desde su fundación y el gobierno de Jalisco tiene nombres y apellidos: Raúl Padilla, exrector de la UdeG, creador de la Feria en 1987 y actual presidente, y Enrique Alfaro, gobernador e hijo de quien fuera rector de esta casa de estudios cuando la FIL fue fundada.

La tensa relación personal en los últimos cuatro años hizo crisis a raíz de un recorte presupuestal de 450 millones de pesos que sufrió la Universidad, a los cuales se adicionaron 37 millones más, costo estimado de la marcha que organizaron los universitarios/as para protestar por esa determinación gubernamental.

Por su parte, el gobierno celebró su propia marcha hasta el recinto de la FIL justo el día de su inauguración. Poco parece importar el posible daño a la imagen de la Feria, cuando los cuestionamientos y los “vientos polares” provienen de su propia tierra y de su gobernador.

Si sólo fuera por razón de imagen y de derrama económica asociada a la FIL, el primer mandatario jalisciense debería de abstenerse de atacar. Los intentos de minimizar o lastimar la organización de la Feria parecen no haber prosperado. Claro que todavía falta la edición 37 del año próximo, porque en 2024 para estas fechas, ya habrá cambiado el gobierno, tanto estatal como federal.

Percibo que el gobernador Vila no quiere ni cree en la Orquesta Sinfónica de Yucatán. Dice que los esfuerzos para crearla, mantenerla y desarrollarla, “…son importantes, pero tienen una audiencia muy específica”. Es cierto que con butacas llenas del Peón Contreras -fuera de operación por el incendio del 1 de noviembre pasado- apenas suman 1,700 personas cada semana.

Miope es no ver el gran efecto multiplicador que significan los 60 músicos, mujeres y hombres, que enriquecen la labor docente de la Escuela Superior de Artes de Yucatán y la formación de la niñez y la juventud yucateca con la fuerza de la cultura.

Pero va más allá: La OSY forma parte del capital cultural de Yucatán, ese intangible poderoso que permite calificar a Mérida como una de las mejores ciudades del mundo para vivir y al estado, como el que más seguridad brinda a sus habitantes.

En los cuatro años de esta administración estatal su aportación a la OSY ha disminuido: de 32 millones de pesos en 2018 (último año del gobierno de Rolando Zapata), a 12.5 millones de pesos en 2022, con un apoyo extraordinario de 4.5 millones de pesos, es decir, apenas la mitad de hace 4 años. No parece importar que el decreto de creación del FIGAROSY diga textualmente: los recursos gubernamentales “no podrán ser menores a los ejercidos el año anterior” (art. 5, f. I).

De antología

Las maniobras para disfrazar el incumplimiento son de antología. Baste decir que en el proyecto de Presupuesto 2023 aparece una asignación de 33 millones de pesos, cuando este año se aprobó una cantidad de 32 millones. Pero antes de poner los redobles de alegría veamos lo que sucede en otra cuenta presupuestal, Transferencias, (Tomo IV) donde aparecen sólo 12.9 millones de pesos, cuando la pura nómina de las y los músicos es de casi 28 millones de pesos.

Mal, muy mal para las aspiraciones de trascendencia de Mauricio Vila sería registrar en su haber político la defunción del esfuerzo regional de asociación público-privada más importante en materia cultural.

La FIL Guadalajara es fuerte después de 36 años; vivirá cuando concluya la administración que le es hostil. La Orquesta Sinfónica de Yucatán está en vías de consolidar su fortaleza, si sobrevive este trance y la incomprensión del actual gobierno.

Sé que desde el cielo donde se encuentra Adolfo Patrón, buscará ayuda para la sobrevivencia de este proyecto. Y en la tierra, Patronato y gobierno habremos de esforzarnos para encontrar una salida.

dulcesauri@gmail.com

Licenciada en Sociología con doctorado en Historia. Exgobernadora de Yucatán

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