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Opinión| ¿Me regalas una cobija?

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Esta también es mi nación

 yo soy la nación, 

yo hago de mi nación un lugar 

donde mis hijos puedan vivir

Comandanta Ramona del EZLN

Lourdes Pacheco*

SemMéxico/Tlanesi, Cd. de México, 17 de enero, 2022.- Dos mujeres wixaritari llegan a la puerta de mi casa a vender pulseras de chaquira. Las caritas de cuatro niñas asoman mientras que las madres, cada una, trae una criatura en brazos. La niña más grande me dice ¿Me regalas una cobija? Abraza a una hermana pequeña para darle calor.

Pienso, entonces, en la Comandanta Ramona del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en su proclama de organización de las mujeres: “Quiero que todas las mujeres despierten y siembren en su corazón la necesidad de organizarse porque con los brazos cruzados no se puede construir el México libre y justo que todos deseamos”. Ella desde su experiencia de mujer pobre, analfabeta, sin educación, sin alimentos, transitó hasta convertirse en una insurgenta que gritó al México mestizo el abandono en que se tenía a las comunidades indígenas y en particular, a las mujeres indígenas.

A partir de la experiencia de ser mujer pobre explicó su decisión de irse a la montaña: “Nosotras de por sí, ya estábamos muertas, no contábamos para nada…pedimos democracia, justicia y dignidad… Tenemos hambre, nuestra comida está hecha a base de tortillas y sal, comemos frijoles cuando hay, casi no conocemos la leche ni la carne. Nos faltan muchos servicios que tienen otros mexicanos”

Ellas, como las mujeres wixaritari, cargan a sus niños y en ese cargar al hijo construyen su estar en la comunidad. La maternidad les es impuesta a muy temprana edad; por ello a los veinticinco años ya tienen cuatro hijos o cinco. Ninguna propuesta de avance de las mujeres indígenas se puede concretar si ellas están encerradas en el destino impuesto por el machismo, bajo su disfraz de naturaleza biológica. No es la naturaleza quien les impone la maternidad, son las reglas sociales que las reducen a esa función.

La experiencia de las mujeres indígenas de la maternidad se realiza como un acto colectivo porque en las comunidades, la maternidad no es algo que le ocurra a una mujer de manera individual, sino que la maternidad es un espacio de la colectividad desde la cual ellas entienden su lugar en la comunidad. Por ello, las mujeres del EZLN pudieron reflexionar desde el dolor de ser madres para proclamar otra forma de ser mujeres indígenas que no sea desde la pobreza y la desposesión. 

Al decir el dolor de su maternidad, gritan el dolor de México, porque ahí está encerrado el grito fundamental que surge desde las entrañas.

La comandanta Esther decía Nos fuimos a la montaña para dejar de ser piedras y plantas olvidadas. Tuvieron que irse a la montaña, hacer una guerrilla, tapar su rostro, para vestirse con los derechos básicos (a hablar español, leer, alimentarse, vivir; derecho a que no las vendan, no las golpeen) que si bien, son derechos viejos para la sociedad mestiza, son nuevos para las mujeres indígenas.

Hablaron al mundo desde el rostro oculto por el pasamontañas y en ese ocultamiento abrieron otro horizonte de visibilidad para las mujeres indígenas, pobres e ignoradas. Hoy su herencia, entre ellas Ley Revolucionaria de las Mujeres abre el camino para las jóvenes indígenas contemporáneas en una nueva manera de pensar, sentir y estar en el mundo.

La comandanta Ramona, junto con otras insurgentas, organizaron a las mujeres indígenas del sur del país para iniciar una nueva etapa de exigencia de derechos básicos para ellas y para sus hijos e hijas. Hoy, se celebran talleres para mujeres donde no solo se las capacita para elaborar proyectos productivos, sino que se las introduce en la capacitación para la vida política, para asumir cargos y decidir en las comunidades.  

¡Nos hacen falta las Comandantas Ramonas de la Sierra del Alica!, ¡Nos hacen falta las Comandantas Esther de las wikaritari y de las nayerij! Que sus pasos, sus palabras, sus ejemplos, sean capaces de organizar a las mujeres de nuestro sur que se empecina en quedarse en el norte y en el occidente.

Vi alejarse a las niñas wixaritari con sus cobijas y suéters que les dimos. Agregamos dulces, también. Quisiera haberles dado esa chispa de las mujeres zapatistas organizadas para que, al vislumbrar otro horizonte, caminaran hacia él. Comprendí la conciencia de clase media con que actúo y sí, sentí vergüenza.

Publicado en Nayarit Opina, Tepic, Nayarit, 12 de enero de 2022.

* Socióloga, Universidad Autónoma de Nayarit, correo: lpacheco@uan.edu.mx

SEM-Tlanesi/lp

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