Claudia AlmaguerCOLUMNAS

Desde la mano izquierda: Niños, niñas y adolescentes, el derecho a vivir sin violencia 

375 Vistas

Claudia Espinosa Almaguer

SemMéxico, San Luis Potosí, 31 de julio, 2021.-Señala el diccionario que “criar” consiste en nutrir y alimentar, pero también es instruir a un bebé o a un niño pequeño. Algo más aporta la palabra “educar”, entre sus definiciones implica desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño por medio de preceptos, ejercicios, afinar sus sentidos e instruirle buenos usos de urbanidad y cortesía. 

La gran mayoría de las mujeres que somos madres, sabemos, debido a la circunstancia cultural en donde hemos crecido, que al menos la primera parte, lo de criar, la atravesamos por entero con nuestros hijos e hijas, muy probablemente de la mano de otras mujeres, pero cuando los niños se van haciendo mayores otros elementos se añaden, la interacción con familiares, la escuela, los padres, la comunidad misma en donde se desarrolla un hijo colabora de su formación de maneras insólitas. Aunado a eso, no han sido iguales, los medios y las formas en que las generaciones anteriores fueron construidas, a las siguientes que nosotros representamos ni a las actuales hechas por jóvenes nacidos con posterioridad al cambio de milenio. 

Recientemente una modificación en la Ley General de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes causó una agitación que permite entrever algunos de nuestros más férreos atavismos, se trata de unos artículos reformados en enero de este año, a grandes rasgos se indica que todas las autoridades tomarán las medidas necesarias para prevenir, atender y sancionar los casos en que niños, niñas y adolescentes se vean afectados por el castigo corporal y humillante. 

Eso del castigo fue la causa de la alarma, según que a la menor provocación los mayores salen a decir que a ellos sí los educaban, que antes era mejor y había más límites, que el derecho a disciplinar a un hijo inclusive por medio de los golpes es lo suficientemente loable y eficaz como para defenderlo. 

No vamos a tocar aquí, los recursos de nuestros abuelos, ni siquiera los de quienes ahora rondan ya los sesenta años y su papel como formadores, el contexto de ese mundo hoy rebasado era completamente distinto. Si lo quiere ver desde el Derecho, efectivamente había en los códigos civiles desde 1928, el derecho a corregir y castigar a los hijos sobre quienes se ejerciera la patria potestad, de igual manera el código penal federal de 1931 en su artículo 294 señalaba que las lesiones inferidas por quienes ejercieran la patria potestad o la tutela, en ejercicio del derecho de corregir, no recibirían castigo siempre y cuando sanaran en menos de 15 días. 

Pero incluso allí, desde un contexto jurídico en donde sí había algo llamado “derecho a corregir” se indicaba que este debía ser ejercido mesuradamente, en caso contrario si se abusara de ello corrigiendo con crueldad y con innecesaria frecuencia entonces la pena era aplicada y la patria potestad del hijo se perdía. Es decir, 90 años después de estas normas, lo que se echa de menos son las imaginaciones creadas en torno a ellas que lo que en realidad decían y permitían. 

En el presente, la reforma de la Ley General tampoco es nueva, proviene de las Observaciones Generales del Comité de los Derechos del Niño que desde el año 2001 han señalado: el castigo es siempre degradante y cruel, incompatible con el respeto a la dignidad intrínseca del niño.

Entre lo que se ha prohibido por la norma, se comprende como castigo todo aquel acto cometido en contra de niñas, niños y adolescentes en el que se utilice la fuerza física, incluyendo golpes con la mano o con algún objeto, empujones, pellizcos, mordidas, tirones de cabello o de las orejas, obligar a sostener posturas incómodas, quemaduras, ingesta de alimentos hirviendo u otros productos o cualquier otro acto que tenga como objeto causar dolor o malestar, aunque sea leve. 

Esto también incluye el trato ofensivo y denigrante destinado a desvalorizar, estigmatizar, ridiculizar y menospreciar al niño, así como cualquier acto que tenga como objetivo provocar dolor, amenaza, molestia o humillación cometido en contra de niñas, niños y adolescentes.

Y no es que hasta ahora la violencia ya no sirva, no lo ha hecho nunca. La Organización Mundial de la Salud lleva estudiando el fenómeno desde hace un par de décadas y repite insistentemente: “La violencia contribuye a que la mala salud se prolongue durante toda la vida, especialmente para mujeres y niños. Muchas de las principales causas de muerte, como las enfermedades coronarias, los accidentes cerebrovasculares, el cáncer y el VIH/sida, están estrechamente vinculadas con experiencias de violencia a través del tabaquismo y el consumo indebido de alcohol y drogas, y la adopción de comportamientos sexuales de alto riesgo”.

Inclusive señala, hay una relación directa entre haber padecido violencia y como consecuencia desarrollar o adquirir enfermedades como diabetes, artritis, asma, depresión, ansiedad, o tener comportamiento suicida, discapacidad, etcétera. Mire a los coetáneos y vuelva a pensar quien es realmente la generación de cristal. En cualquier caso, el tiempo de interpretar como amor los cinturonazos se ha terminado, niños y niñas tienen derecho a ser criados y educados, a vivir una vida libre de violencia. 

A más ver. 

 

Comment here

Accesibilidad