COLUMNASYaneth Tamayo Ávalos

¿Por qué tarda tanto la legalización del aborto?

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Juego de Palabras
 

Yaneth Angelica Tamayo Avalos

SemMéxico, Querétaro, Qro. 24 de julio, 2o21.-  En días pasados, el Congreso de Veracruz aprobó por mayoría la despenalización del aborto por voluntad propia, convirtiéndose el Estado de Veracruz en la cuarta entidad en proteger la dignidad, igualdad, salud, intimidad y autodeterminación de la mujer para decidir sobre su sexualidad y maternidad. 
Por lo que, resulta necesario reconocer la labor que hicieron las mujeres en lo individual y colectivo para lograr este gran avance; pues los resultados de su lucha no solo beneficiarán a las mujeres veracruzanas, sino que, su trabajo podrá tener un efecto expansivo que materialice la legalización del aborto en otras entidades.
Ahora bien, algunas de nosotras habremos de preguntarnos, ¿porque en otras entidades federativas los Congresos se complican al abordar el tema sobre el aborto? Si hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación a considerado este asunto como un tema superado que requiere ser legislado. 
Desde mi punto de vista, esta puede centrarse en dos respuestas; la primera, al ser un tema que ha generado constantes disensos entre la ciudadanía que esta a favor y en contra, la despenalización del aborto se ha convertido en un tema sumamente complicado al cual le rehúyen por no entrar en confrontación con la ciudadanía que en un futuro pudieran representarles votos. 
Y la segunda, es que la mayoría de las y los legisladores no separan su labor legislativa de sus creencias personales, las cuales tienden hacer religiosas.
Siendo esta, la circunstancia que más entorpece el camino hacia la despenalización del aborto, ya que la intolerancia y la desbordante convicción personal que algunos funcionarios ejercen en su labor legislativa, contribuyen a señalar y criminalizar a las mujeres que exigen la libertad de nuestros cuerpos. 
Acciones que en conjunto han terminado por imponer un paternalismo represivo basado en un concepto moral de creencias personales e ideológicas.
Estas circunstancias, han producido un letargo al derecho que las mujeres tenemos para decidir libremente sobre nuestros cuerpos.
Lo que ha provocado que, se registren más de un millón de abortos al año, con un alto índice de mortalidad debido a las complicaciones surgidas por llevarse a cabo en condiciones sépticas o insalubres, viéndose afectadas, en especial, las mujeres de clase social baja quienes al no contar con recursos económicos suficientes acuden a clínicas clandestinas. 
Pero, además se ha generado la existencia de una tasa elevada de mujeres gestantes cuya edad no rebasa la mayoría de edad y que se ha derivado a su vez, en un alto índice de complicaciones fetales, afectaciones en la salud de las madres y muerte de menores de edad.
Lo anterior, ha puesto en evidencia la falta de interés por garantizar la autonomía personal de las mujeres, pero sobre todo sus derechos fundamentales de igualdad, libertad de decisión, dignidad, privacía e intimidad, salud física y psíquica, a no ser discriminada y a tener libertad de procreación por encima del presunto derecho a la vida de un embrión o un feto en el cual no existe vida humana toda vez que no ha formado la corteza cerebral.
Asumir una postura bajo creencias personales no está mal, lo que sí está mal es que esa postura interfiera estatalmente y jurídicamente en la libertad y plan de vida de personas que no comparte esas creencias.
Ya que, ante eso solo se generan perjuicios serios a los intereses legítimos de las mujeres que deciden abortar. Además, de que al recurrir a una falacia generalizada estigmatizan y criminalizan socialmente a las mujeres que abortan y a las que estamos a favor de la despenalización del aborto.
Los encargados de despenalizar el aborto deben ser conscientes y deben reconocer los límites que debe guardar el Estado en relación con la ciudadanía, ya que no le corresponde al Estado promover planes de vida buenos y virtuosos, porque con ello se limita la capacidad de cada persona a elegir libre y racionalmente los planes de vida y los ideales de virtud que mejor le convengan de acuerdo con sus preferencias. 
El bienestar de las mujeres no puede estar sujeto a un modelo de organización social impuesto dogmáticamente, se debe evitar asumir puntos de vista intrapersonales que entren en conflicto con el principio de autonomía personal de la ciudadanía para la cual trabajan. 
Construir principios normativos que tomen como punto de partida el respeto hacia las personas, es renunciar al punto de vista personal para colocarse en una perspectiva, desde la cual el legislador y el resto de la ciudadanía intenten ponerse en el lugar de las personas vulneradas, garantizando con ello el respeto y la protección de los derechos humanos.

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