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Opinión| Sandra Noemí Peniche Quintal: Amiga y cómplice

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Alicia Elena Pérez Duarte y Noroña

SemMéxico, Ciudad de México, 28 de diciembre del 2022.- El 14 de diciembre de este 2022 volaste al infinito; ya era de noche, allá en Mérida la Luna estaba en menguante, coqueteando con Venus; seguramente el cielo estaba lleno de estrellas, muy visible Orión y la Vía Láctea. ¿Esto es importante? No lo sé, posiblemente, en algún momento una astróloga lo preguntará.

Lo que sí sé, es que aquí dejas una estela que brillará mientras haya una mujer que necesite apoyo para decidir sobre su propio cuerpo, mientras más de una nos reunamos a pensar cómo seguir avanzando y trabajando por nuestros derechos humanos, por la vida digna, por el gozo de ser mujeres; estoy segura que mañana y en los días por venir tu voz siempre cálida e incisiva, contundente y yucateca, soñadora y puntual, amigable y sarcástica, seguirá llamando a la rebeldía y a la creatividad feminista, al trabajo promotor, irreverente pero invariablemente sororal, así como eres tú, sí, en presente.

Un día, del que no recuerdo la fecha en el calendario, nuestros caminos se cruzaron e iniciamos, tú médica yo abogada, un diálogo constante en una cercanía cotidiana que se impuso desde las entrañas de nuestro feminismo a pesar de la distancia entre tu centro de vida -Yucatán- y el espacio en donde yo estuviera, incluso cuando no teníamos a la mano estas formas inmediatas de comunicación; cuando era necesario pagar esas carísimas llamadas telefónicas de larga distancia, el timbre postal para mandar cartas o el costo del telégrafo. En ese diálogo me enseñaste Yucatán, tu tierra natal, que tiene un lugar en la historia por las libertades en nuestro país ¿Será por eso que naciste rebelde y convencida de que la libertad no es gratuita, que se tiene que luchar por ella y aprender a vivir en ella? Me llevaste a recorrer en camioneta ese territorio tan tuyo y ahí donde llegamos había mujeres que te conocían porque las habías atendido en momentos en los que necesitaron tomar decisiones vitales para ellas en medio de la incomprensión del conservadurismo generalizado; muchas se te acercaron con ese agradecimiento que nace de la confianza, de la certeza de contar contigo por haber vivido junto a ti, y en primera persona, la experiencia de la sororidad.

En todos estos años, coincidimos cómplices en la amistad y lo político, en encuentros feministas nacionales e internacionales -Mar del Plata y Beijing- son solo dos ejemplos de tu constante andar por el mundo buscando recursos para seguir construyendo espacios para el goce de nuestros derechos humanos en este país. Recuerdo tu presencia siempre constante con planteamientos sólidos, profundos y juguetones; con propuestas puntuales para impulsar el reconocimiento del derecho a la salud y de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres en medio de debates sostenidos desde el patriarcado más recalcitrante de los cuatro puntos cardinales de este Planeta.

Te recuerdo, también como una voz que llamaba a la cordura con ese humor filoso tan tuyo que te llevó a imaginar eventos de promoción de los derechos humanos como la Feria del Penetón, un espacio de educación sexual para adolescentes y jóvenes, mujeres y hombres, lleno de humor para fomentar el ejercicio de esos derechos que bien afirmaste debían ejercerse con conocimiento de causa y placer además de ser exigibles al Estado incluso a través de la justicia y sus instituciones.

En la consolidación de tu legado dejas ejemplo de dignidad, valor y ética. Creaste un espacio, el primero en nuestro país, al que las mujeres podemos acudir con toda seguridad a recibir una atención integral a nuestras necesidades de salud, y algo más. Siempre con respeto a las decisiones que tomemos sobre nuestros cuerpos, incluso en la decisión de suspender un embarazo no deseado, desde aquellos días en que estaba prohibido y era sancionado con cárcel. Me refiero a ese espacio que tú calificaste como “baluarte del ejercicio y defensa de los derechos Sexuales, Reproductivos y a la Salud:” Servicios Humanitarios en Salud Sexual y Reproductiva, A.C. Un espacio en el que mujeres, adolescentes y jóvenes encuentran esa respuesta que concretiza la vivencia de los derechos humanos conjugados en presente. Ese espacio que sigue abierto, a pesar de los ataques que tú y tu equipo sufrieron desde el primer día, de los atentados a tu vida, a tu seguridad que han quedado impunes porque el Estado no hizo su tarea de manera pronta y expedita; un espacio congruente con tu idea de servicio a la comunidad, un verdadero bastión que confronta la manera en que se enseña y practica la medicina en nuestro país: jerarquizada y sin conciencia de humanismo y de derechos humanos.

Tu vida, querida amiga y cómplice, se abraza y reproduce a través del objetivo que definiste para ti misma: transformarte, transformar tus entornos y relaciones y vivir mejor, con más plenitud y, sobre todo, de manera gozosa. Vaya legado.

Hoy estás aquí más allá de la vida y la enfermedad, hoy eres ese árbol que plantaste en tu rebeldía por no vivir a la sombra de nadie; un árbol que ha dado y seguirá ofreciendo a muchas generaciones de mujeres, de personas, un rincón para descansar bajo una sombra acogedora en el largo camino por ejercer los derechos humanos en especial los sexuales, reproductivos, a la salud y a tomar las decisiones sobre nuestros propios cuerpos, nuestras propias vidas.

Por todo eso Sandra querida y mucho más, has entrado por tu propio derecho a la inmortalidad y yo agradezco a la vida el privilegio de conocerte y ser tu amiga.

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