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Opinión|Debate indispensable

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Dulce Maria Sauri Riancho
SemMéxico. Mérida, Yucatán. 16 de marzo 2022.- No bastó la pademia del Covid-19 para recordar a la humanidad los lazos que nos unen. La frase “nos salvamos todos, nos hundimos todos” sobrecogió temporalmente las conciencias y llamó a la acción internacional para crear, producir y distribuir vacunas para prevenir la terrible enfermedad.
La ciencia y los avances en la investigación se volvieron parte de la plática cotidiana en muchos hogares. Cuando la cresta de la pandemia parecía descender en el mundo, después de un desesperanzador inicio de año con la variante Ómicron atacando, la invasión rusa a Ucrania barrió de cuajo con la frágil sensación de seguridad perdida ante los millones de personas muertas y millones más enfermas de Covid.
No es solo la inmediatez de la comunicación y las redes sociales que, puntualmente, dan cuenta de los terribles acontecimientos en tiempo real. La sensación de amenaza latente parece provenir de la posibilidad de utilizar el arsenal nuclear a disposición del gobierno de Rusia.
Pulsado el “botón de la muerte”, la humanidad cruzaría una puerta que debió haberse cerrado en forma definitiva después de Hiroshima y Nagasaki.
Ante la gravedad de la “cuestión ucraniana” tienden a perder relevancia otros problemas, así como el debate de las distintas maneras de enfrentarlos. Sin embargo, la agenda personal del presidente López Obrador sigue intentando tenazmente desviar los asuntos de las cuestiones fundamentales, tanto de adentro —política interior— como del resto del mundo —política exterior—. La semana pasada tocó el turno al Parlamento Europeo, a sus 705 integrantes que representan a los 27 países de la Unión Europea, a los cuales les llamó “borregos”, como respuesta a su pronunciamiento sobre la matanza de periodistas en México.
Marcelo Ebrard, el Sísifo de las relaciones exteriores, apenas había medio arreglado el entuerto con España cuando le estalló esta “bomba”. Al paso que lleva el canciller, poco quedará de su imagen pública cuando su jefe —el presidente— decida relevarlo. Ni los partidos más pequeños querrán llevar de candidato a quien no supo decir un oportuno “así no” a López Obrador.
“Caja china” o “juego de los espejos”, la estrategia mediática del presidente de la república no puede ocultar la violencia en la vida de numerosas personas que ni siquiera pueden sentirse seguras en un estadio de fútbol. O en quienes se han visto forzados a dejar su hogar, sus medios de subsistencia, para salvar la vida teniendo que trasladarse a otra parte del país. O la inflación desatada, que incrementa los precios de artículos de consumo diario. O la falta de una estrategia para enfrentar el rezago educativo que registran millones de estudiantes después del Covid. O la carencia de atención médica al haber desaparecido el Seguro Popular. O el déficit de oferta de empleos dignos y con salario remunerador, entre otras muchas zozobras que afligen el día a día de millones de familias.
Por eso ha sido tan meritorio el esfuerzo de millones de mujeres mexicanas expresado en las marchas y manifestaciones que se organizaron en todo el territorio nacional el pasado 8 de marzo. El rechazo a la violencia en nuestra contra y la afirmación del derecho a una vida libre de ella dominó la mayoría de las expresiones y acciones de estos días pasados.
La exigencia de políticas públicas y programas gubernamentales que garanticen a las mujeres y a las niñas el efectivo ejercicio de sus derechos llevó a debatir sobre la igualdad salarial —ya legislada por ambas cámaras—, la participación femenina en la economía, entre otros temas de relevancia. Baste señalar que los 17 Objetivos para el Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas están precisamente enfocados en propiciar y asegurar la participación plena e igualitaria de las mujeres en el desarrollo de sus respectivos países.
En México nos importa rechazar categóricamente cualquier forma de violencia en razón de género, bien sea física, sexual, sicológica, económica, institucional o de naturaleza digital. Pero las urgencias del corto plazo, la demanda primaria de mantenernos vivas, no ser asesinadas impunemente por el simple hecho de ser mujer, no puede borrar la necesidad de debatir sobre el futuro de México, ese que dará inicio el 1 de octubre de 2024.
“El país que queremos las mujeres” es una iniciativa que convoca a dar respuesta a esta demanda crucial. La llamada se presentó el pasado 7 de marzo, suscrita por una red de mujeres y de organizaciones de la sociedad, conformada para pensar y dialogar, desde una mirada feminista y con perspectiva de género, todo sobre México y su desarrollo futuro. Todos los temas, sin excepción, interesan a las mujeres.
En todos y en cada uno de ellos hay mujeres especialistas, conocedoras, con capacidad para opinar y plantear soluciones a futuro. Relaciones Estado-Sociedad; Erradicar la pobreza; Desarrollo económico incluyente y sostenible; Salud y Vida Sana; Educación, ciencia, formación para la movilidad social; Medio Ambiente; Migración y derechos humanos; Pueblos originarios; Vida libre de Violencias; Justicia; Estado para el bienestar: federalismo, órdenes de gobierno y poderes; Derecho a los cuidados.
Son doce temas para analizar, discutir y plantear posibles soluciones durante los 12 meses que median entre dos 8 de marzo, los de 2022 y 2023. Después, con las conclusiones y propuestas listas, promover su inclusión en las plataformas electorales de los partidos políticos, base formal de las campañas electorales, que habrán de inscribirse a finales de 2023.
Nada fácil la tarea que nos proponemos realizar, es cierto. Pero indispensable de atender para superar la polarización que envenena la vida colectiva; para dejar atrás los distractores de las palabras presidenciales; para construir alternativas de futuro, la mejor medicina contra la desesperanza. El 2024 comenzó ayer y, hoy, las mujeres tenemos tareas por cumplir.
Para todas las personas, mujeres y hombres que decidan ser parte del proyecto, escríbanos a elpaisquequeremoslasmujeres@gmail.com.
dulcesauri@gmail.com
Licenciada en Sociología con doctorado en Historia. Exgobernadora de Yucatán

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