La Opinión

Por la cuarta: La Sirena

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• Todo un proceso de construcción y desconstrucción

Desde muy pequeñas se nos niega el cuerpo.

LA OPINIÓN

María Enriqueta Burelo Melgar

SemMéxico. 29 de enero 2019.- En esta entrega quiero hablarles de la natación y mi cuerpo, ustedes se preguntaran, qué relación existe entre la natación y el cuerpo de una mujer, aparte que se nada moviendo brazos  y piernas, déjenme contarles que hay una íntima relación de ese deporte acuático, donde nos sentimos sirenas, mariposas o de perdiz ranitas, con todo nuestro cuerpo.

Desde muy pequeñas se nos niega el cuerpo, se habla del pene del bebe cuando es varón, pero nunca  de la vulva o de la vagina cuando el bebe es niña, en mi vida en visto que al nacer la familia diga: que labios mayores tan bellos o mira qué bonita vulva tiene, de grande le será de mucha utilidad, solo oímos frases elogiosas en torno a ese pequeño adminiculo donde se deposita el poder patriarcal  y que no siempre es nombrado como pene, sino, se le dan nombres tomados del aviario como  palomita, pajarito o con cariñito, cosita, después diremos, ay cosita, en pleno ajetreo

En una breve etapa de su vida, las niñas pueden andar en chones, exhibiendo su anatomía, por todos lados sin el menor pudor, pero la mayor parte de nuestra vida quisieran que estuviéramos cubiertas con una burka o en su versión tropical con la “blusa subida hasta la oreja y la falda bajada hasta el huesito” como cantaba el bardo, López Velarde.

Y aparte de que vivimos ocultas bajo trapos, aunque sean Carolina Herrera, la sociedad nos exige que en cada época  nuestros cuerpos se moldeen a ritmo de una tarantela y tenemos un cuerpo lleno de curvas, como el de Sofía Loren, a ritmo de los Beatles y tenemos a Twigy, quien inventa la talla cero y a partir de ella todas anoréxicas y muriéndonos de hambre, y luego entran los cirujanos plásticos que han transformado los cuerpos de las mujeres, como películas de ciencia ficción, recuerdo un episodio de Dimensión Desconocida, donde todas las mujeres somos iguales y solo tenemos que escoger cinco modelos de  cuerpos y caras.

Ante ello, quienes somos una combinación de Gina Lolllobrigida y Elvira Quintana (una actriz mexicana que falleció de cáncer debido a un injerto de vil plástico en sus senos), llegamos a un deportivo, donde los cuerpos esculturales, sin un gramo de grasa son el pan de cada día, y nosotras con nuestras michelines, la celulitis que ha dejado cráteres lunares en nuestras piernas, la panza que hace una elegante curva, pues damos media vuelta y decimos mejor me ahogo.

Pero, surge el milagro, en uno de esos viajes madre e hija, decidimos ir a Cuba, y después de unos días de salsa, guaguancó, merengue y mambo, todo sazonado con diversos rones Matusalen, Santiago, Habana Club, y la música de los Bam Bam, Buenavista Social Club, llegamos a Varadero y en esas bellas playas del Caribe, me encuentro a unas sirenas, sospecho canadienses, desparramadas sobre los camastros de playa sin ningún pudor, luciendo  80  o más kilos o serán libras, en trajes de dos piezas, no bikinis, ni monokinis, pero si un dos piezas que no deja mucho a la imaginación, esas sirenas salidas de la imaginación de Botero, me hacen soñar, si ellas se atreven a lucir esos trajes de baño, porque no yo.

Me inscribí a natación, no puedo decir que escogí el mejor traje para mi figura, ya que no había mucho donde escoger, y estoy más que sumada al movimiento de Ashley Graham, ‘Estos cuerpos son Hermosas en todas las Tallas’, sin embargo, hay momentos de inseguridad total donde quiero salir corriendo. Primero por mi edad y ser principiante, me inscriben a un grupo de la tercera edad, mi compañeritas son nuevas en el agua, y se van agarrando del borde de la piscina, yo que me siento Gertrude Ederle, la primera mujer en cruzar el canal de la Mancha, me cambio de horario, y aunque me tocan puro principiante en este nuevo horario, son jóvenes entre 18 y 25 años, pronto están nadando y con rapidez, y en el carril que nos toca, tenemos que nadar como en relevo y los estorbo por mi lentitud, la mayoría va dos vueltas y yo a la mitad de la primera, dado que mi interés no es la competencia olímpica, sino el disfrutar el líquido vital, decido nadar por mi cuenta ya sin tomar clases, uy la maestra.

Otro reto, el vestidor, dada mi educación judeo-cristiana, que elegante se oye, el estira y afloja con mi cuerpo surge nuevamente, en el vestidor con todo desparpajo, palabra dominguera, jóvenes y no tan jóvenes lucen su palmito, sus carnes, sus llantas, tranquilamente, esta heroína, ante la ausencia de vestidores se cambia en los baños, ni ante hermanas, ni amigas, me desvisto y cosa curiosa ante los galanes si, con una facilidad y rapidez, que válgame. Ayer hice una prueba, salí de la ducha con blusa y chones, sin pants  y sin taparme con la toalla y pasee orgullosamente mis piernas de doble pechuga, ya haré otro ejercicio más adelante, de sentarme en un banco como esos desnudos de Botticelli para ser admirada y sentirme orgullosa de este cuerpecito.

La Doctora Graciela Hierro, como otras autoras ya lo han citado, señala que la sociedad construye los estereotipos de belleza, cuerpo y salud, de tal forma que sólo se valoran los cuerpos jóvenes, al extremo, continúa, que el paso de los años hay que disimularlo como sea y al costo que sea, existe un deseo constante de la mujer de permanecer en este estado de la vida.

Pero en este proceso de construcción y desconstrucción, o en español vulgar, todo este aprendizaje cotidiano, ha logrado que las mujeres nos apropiemos de nuestro cuerpo y lo queramos, nos sintamos a gusto con él, a pesar de nuestras cicatrices, nuestro peso, y nuestras emociones escondidas en cada pliege.

Y para finalizar voy a citar a Serena Williams: Puede que mis brazos no se parezcan a la chica de allí o mis piernas no se parezcan a otra persona, ni mi trasero, ni mi cuerpo, ni cualquier cosa, si alguien tiene un problema, los miro a los ojos y digo: Si no te gusta, no quiero que te guste. No te estoy pidiendo que te guste.

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