Enriqueta Burelo MelgarPor la Cuarta

Por la Cuarta: Las mujeres se arrepienten de no ser madres. Y punto

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  • En las sociedades actuales todavía es mal vista  la mujer que no desea tener hijos, incluso se le tacha de egoísmo e insensibilidad.

Enriqueta Burelo Melgar

SemMéxico. 26 de junio 2019.- Me imagino como en los cuentos de hadas, que hubo una vez un tiempo donde  todas las mujeres eran madres, como un deber sagrado y no se cuestionaban ni se preguntaban a sí mismas si querían serlo o no, las únicas que se salvaban de cumplir este deber las eran sacerdotisas consagradas a Vesta en la antigua Roma, llamadas vestales “entre las obligaciones de las vestales contaban ciertas prácticas de austeridad y la observancia de la castidad” o las religiosas en el culto católico por citar dos ejemplos, asimismo, quienes permanecían solteras, lo cual no era una condición común de las mujeres a menos que fueran de una familia pobre que no tuviera para la dote, todas las demás mujeres estaban destinadas a ser madres tarde que temprano, y era una maldición y podían ser repudiadas por la pareja cuando no podían dar descendencia y más, sino podían concebir un hijo varón, nunca se cuestionaron en las sociedades antiguas que la esterilidad podía ser causa del hombre y hoy los adelantos de la ciencia nos muestran que es el varón quien otorga el sexo, pero durante siglos las mujeres cargaron con la culpa.

En las sociedades actuales todavía es mal vista  la mujer que no desea tener hijos, incluso se le tacha de egoísmo e insensibilidad. ¿Por qué no querer ser madre es catalogado como egoísmo? Porque mirar por uno mismo está todavía mal visto, querer tener libertad y no querer ocuparse de las responsabilidades que supone un hijo suena a egoísmo, cuando en realidad hay muchas mujeres que no quieren ser madres y son sensibles y generosas, simplemente han tomado la decisión y prefieren otro estilo de vida.

En su momento Rosario Castellanos en el texto “Y las madres qué opinan” puede leerse: “Si la tarea de ser madre consume tantas energías, tanto tiempo y tanta capacidad, si es tan absorbente que no se encuentra raro que sea exclusiva, lo menos que podían hacer quienes deliberan en torno al asunto del control de la natalidad, es saber qué opinan de él las madres”. Para ella el tema es candente e importante de discutir sin tabús, pues no puede seguir “asumiéndose como una de las fatalidades con que la Naturaleza nos agobia como si se extendiese hasta allí el campo del dominio del hombre”. Por lo mismo se necesitaría “un cuestionamiento acerca de lo que la maternidad significa no como proceso biológico sino como experiencia humana.” Esta puede convertirse en “un atentado contra la libre determinación individual” e imponerla “a mujeres que la rechazan porque carecen de vocación, que la evitan porque es un estorbo para la forma de vida que eligieron o de la que se alejan como de un peligro para su integridad física.”

Por otro lado se habla del instinto maternal, algo en lo que yo no creo, sino todas estaríamos pariendo cada año, lo que sí sienten muchas mujeres es que llega la hora de ser madre, pero habitualmente es producido por las creencias, cultura y sociedad que parece que lo inculca. Hoy en día cada vez más mujeres que son capaces de no escuchar las tradiciones que medio nos imponen, se escuchan a sí mismas para llevar la vida que realmente desean.

Ser o no ser madre es un tema que siempre me ha interesado, por lo que cuando encontré el libro Madres Arrepentidas de Orna Donath, me sentí identificada con ella, ya que es un texto que ignora la ley del silencio y sitúa el arrepentimiento lejos de lo políticamente incorrecto y dentro de las emociones lícitas.

El libro recoge cerca de 200 opiniones de mujeres que por diversas razones y en muy distintos grados, una vez han sido madres no encuentran la felicidad prometida. Resaltan, eso sí, que el arrepentimiento de ser madres no anula el amor que sienten por sus hijos: la clave está en que ese amor incondicional no compensa el sacrificio que para una mujer supone, casi siempre, ser madres.

Hoy por otra parte estamos en el proceso de desacralizar el mito de la madre perfecta, sabemos que la maternidad puede ser opresiva en sí misma, pues reduce las posibilidades de movimiento y el grado de independencia de las mujeres. Y ya hemos empezado a mostrarnos dispuestos a comprender que las madres son seres humanos capaces de hacer daño, maltratar y a veces incluso matar, ya sea consciente o inconscientemente. No obstante, seguimos anhelando que esas experiencias de mujeres de carne y hueso no destrocen la imagen mítica que tenemos de la madre por excelencia, y por ello seguimos resistiéndonos a reconocer que la maternidad – así como otros muchos ámbitos de nuestra vida a los que estamos obligados, en los que sufrimos y por los que nos preocupamos, y que por tanto nos suscitan el deseo de volver atrás y hacer las cosas de otro modo– podría estar expuesta también al arrepentimiento. Tanto si las madres se enfrentan a dificultades como si no, no se espera de ellas ni se les permite sentir o pensar que la transición a la maternidad ha sido para ellas un paso desafortunado.

El texto de Orna Donath Madres arrepentidas, llega en un buen momento, es un libro que ignora esa ley del silencio y sitúa el arrepentimiento lejos de lo políticamente incorrecto y dentro de las emociones lícitas.

Quiero terminar este artículo con un fragmento del poema “Las Madres Errantes” de la poeta española Paula Jiménez, que se suma a nuestras reflexiones desde otro lenguaje:

Todos los días las mujeres dan

hijos en adopción y durante meses

supieron lo que irían a hacer.

Algunas meten la cabeza en el horno

y se desligan definitivamente.

Están las que se quedan y amenazan

con morir de un síncope.

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