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Por la cuarta| Relación Madre e Hija

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Ma. Enriqueta Burelo Melgar

SemMéxico, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 25 de marzo, 2022.- «Tu madre es quien más te quiere». La relación madre e hija se ha elevado a rango de experiencia religiosa, se ha magnificado y romantizado, cuando uno piensa en la frase «Tu madre es quien más te quiere», esta adquiere una categoría de axioma, nadie pone en duda que el amor de madre, significa en un momento dado dar la vida por tu hija (también por los hijos), y ese acto si es muy real, lo hemos constatado a lo largo de la historia, sin embargo, esa madre que da su vida, también muchas veces pensó que su hija o hijas e hijos, eran un estorbo para su desarrollo profesional, social o sexual, que hubiera preferido no haber tenido hij@s.


En estos apuntes, lo que nos preocupa es la relación madre e hija, porque son del mismo sexo, porque soy madre, y fui hija, porque este vínculo nos marca en nuestra vida cotidiana, en especial cuando desde el inconsciente todos los días actuamos de acuerdo a los mandatos maternos, y pensamos que son nuestros.


En una ocasión, siendo consejera del Consejo Tutelar de Menores Infractores, se acercó una señora para que recluyéramos a su hija en el Centro de Menores Infractores, aduciendo mal comportamiento de la hija adolescente, escarbando un poquito descubrimos que la señora vivía con una nueva pareja y esta veía con ojos lascivos, por decirlo de alguna manera a la hija adolescente, y este era el verdadero motivo, la hija se había convertido en rival, y la madre en lugar de ponerle un hasta aquí a su pareja prefería deshacerse de la hija. Por otro lado, cuantas madres no ven a sus hijas como el obstáculo para no continuar estudiando o trabajar y hay un reclamo constante en este sentido, abierto o soterrado.


Las complicaciones en la relación madre e hija, creo que vienen más de la necesidad de la madre de tener una amiga, una complicidad con la hija, una relación que es una sobrecarga para ella, me ha tocado ver a madres divorciadas contándole a sus hijas con todo detalle, sobre una nueva pareja, o saliendo de parranda con las amigas de su hija, situándose a la par, creando una confusión y molestia, ya que esta es no es la relación que una hija espera de su madre.
La madre envía mensajes constantes, a veces contradictorios, de cómo ser mujer, mismos que la niña buscará constatar con un comportamiento imitativo de lo que la madre hace. Pero al llegar a la adolescencia, por el contrario, al buscar su propia identidad distanciándose de la madre, buscará confrontar y de ahí los múltiples conflictos entre madre e hija: la hija sólo busca encontrar su propio modo de ver la vida.


Quiero muchísimo a mi madre, pero me ha costado demasiado lograr una cierta independencia es la confesión de una hija única. Siempre he sido muy obediente, hasta el punto de que pretendía que con 18 años siguiera volviendo a las 12 a casa, y si no lo hacía no paraba de llamarme al móvil. Una vez llegué 5 minutos «tarde» y me dejó un mensaje en el móvil diciendo «me has fallado». Creo que eso es pasarse.

Hay madres que solo quieren hijos, y no quieren a sus hijas , quizás porque ven a sus hijas competencia que serán mujeres mejores que ellas (están acostumbradas a hundir a sus mejores amigas desde pequeñas, así les enseñaron sus propias madres también a ser malas y a envidiar ), y a los hijos los quieren más porque ellas son muy machistas por dentro y desearían haber sido varones (desprecian a las demás mujeres, y ¡ ay de las nueras! que les ven todos los defectos y todos los ardides los captan ya por adelantado !)

Otra confiesa, he visto esa frase de «tu madre es quien más te quiere» y.… me pone un poco los pelos de punta. No creo que mi marido quiera menos a nuestra hija que yo, sólo que él la quiere como es él y yo la quiero como soy yo. Hay que perdonar y perdonarse, aceptar y aceptarse, comprender y comprenderse. Esto marca un antes y un después en las relaciones paternofiliales. Sólo es mi opinión, agrega.

Alejandra, llega al consultorio de una terapeuta, argumentando sentir mucha tristeza por no poder establecer una relación de pareja estable. A lo largo del análisis, pudimos ver cómo estaba identificada inconscientemente con la madre en una constante descalificación del sexo masculino. Tras algunos meses de tratamiento pudimos detectar cómo, de alguna manera, Alejandra siempre provocaba que sus parejas se alejaran de ella, al sentirla muy demandante y poco comprensiva. Haber encontrado esta identificación con el modo de pensar de la madre y decidir cambiarla, le permitió establecer una relación de pareja más completa y satisfactoria, ya que, en algunas ocasiones, esas identificaciones con la madre (o con cualquier otra figura significativa) juegan un papel más importante en nuestra psique del que suponemos.


Vale señalar que también las madres fueron hijas y es un círculo vicioso de relaciones que se extiende hasta la eternidad, porque una madre no es amorosa en el sentido físico porque así la enseñaron, y que tanto sabemos de la historia de nuestras madres que las marcó para siempre. Una de las formas de comprender el maternaje de nuestra madre es conociendo su historia. Ella se ha enfocado en hacer lo mejor que pudo con los recursos emocionales que tenía, donde tuvo que dejar de lado sus propias emociones para apoyar el crecimiento de una nueva vida.


La sociedad y las instituciones que reproducen patrones hegemónicos, deberían entender que ser madre es un papel complejo y que no siempre es motivo de gozo, si no quieres ser madre y lo fuiste por presión social, o elegiste ser madre, pero te sientes cansada, es lógico cuando no cuentas con redes de apoyo y en ocasiones tienes que cumplir triple jornada, ser madre no es el sacrificio total, ser madre es un hecho, ya no sé si natural pero si elegido y el Estado debe brindar apoyo a las madres a través de guarderías, casas de día, para relevarlas en la tarea de cuidados y que ellas puedan disfrutar de una jornada de trabajo con la tranquilidad de que sus hijas están en buenas manos, También debería haber espacios, círculos de apoyo donde las madres puedan desahogar sus sentimientos y necesidades, por otra parte las hijas no deben sentirse culpables por haberles dicho a sus madres que no las quieren o armando una pelea por un permiso que no obtuvimos, un vestido que nos dejaron comprar, un novio que no es aceptado. Este es un proceso que requiere conectar con nuestras frustraciones, dolores, rabias y miedos. Sin ello, es imposible que nuestro agradecimiento hacia ella sea genuino.


Ambos papeles madre e hija son difíciles, para una obra de teatro te dan un guion del cual guiarte, en este caso, te avientan al ruedo, sin saber tu parlamento. No hay madres ni hijas perfectas, por lo que no nos sintamos culpables si en aras de ser una buena madre o hija de 10, nos damos un round de sombra, de los que a veces no salimos del todo ilesas. Las nuevas generaciones están más conscientes de que la maternidad es una elección, no una imposición social, asimismo, están más abiertas a acudir a terapia a resolver conflictos que se generan en esta relación filial, para poder ser libres y autónomas.

En muchas ocasiones, una mujer puede sentirse culpable de lo que le ocurre a su madre cuando ve que la experiencia de la maternidad le ha llevado a un patrón de excesivo servicio a su familia y ha perdido la ilusión de realizarse fuera del hogar. Este sentimiento puede hacer que una no se sienta merecedora de una vida más plena, como si traicionara a su madre si no siguiera su misma suerte. Pero esto a menudo se mueve a un nivel muy inconsciente y una simplemente no sabe porque a pesar de poner todo su empeño, no logra realizarse, tiene una alta tolerancia al maltrato o no se da el cuidado personal que necesita. Estamos frente al autosabotaje que tan difícil nos resulta detectar.

Bert Hellinger, a través de las Constelaciones Familiares, explica que es necesario atravesar la sensación de culpa por no continuar los patrones familiares. Solo así podremos crecer y desarrollarnos. Cuando nos negamos a ser como nuestra madre, iniciamos un movimiento evolutivo. El problema es que confundimos el patrón de pensamiento y conducta, con el ser humano que es nuestra madre y lo que hacemos finalmente es rechazarla a ella. Pero se trata de poder soltar el patrón manteniendo a nuestra madre en el centro del corazón, sabiendo que ella es mucho más que lo que vemos. Entonces nos podremos permitir pensar y actuar diferente. Esto se puede llevar a cabo incluso si ella no lo aprueba o entra en rivalidad.
En la mayoría de los casos atreverse a “ser una misma”, mueve tan profundamente las estructuras familiares que genera cambios duraderos en el tiempo. Incluso aunque las creencias de la madre no cambien, las siguientes generaciones tienen el camino abierto para cambiar.
Por esto es tan importante que nos propongamos superar obstáculos e ir hacia la afirmación de nuestro potencial. Aunque la madre lo viera como un rechazo personal, aunque una sienta que pudiera perder su aprobación y apoyo, en lo más profundo, aún sin poder expresarlo, cada madre desea la mayor felicidad para sus hijas.

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