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Preguntas y esperanza | Ante el Covid

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Dulce María Sauri Riancho
SemMéxico. Cd. de México. 19 de agosto, 2020.- Son preguntas que aparecen en comentarios y conversaciones a distancia. De cerca, en el estrecho círculo familiar, o de lejos, con amigos conectados por alguna de las plataformas tecnológicas, surgen numerosas inquietudes frente a un fenómeno que parece no tener fin. Escogí tres de las que se repiten con mayor frecuencia porque afectan la vida cotidiana de miles de hogares yucatecos.

1) “¿Qué va primero: la salud o la economía?” El sentido común y el instinto de conservación indican que, sin duda, primero la vida pues cuando viene la muerte, todo lo demás pierde sentido.

En algunos países, su sistema de protección social permitió combinar el confinamiento sanitario con la preservación de parte de sus ingresos. Sus gobiernos, junto con los empleadores, en distintos porcentajes, mantienen el salario de los trabajadores en tanto se toman las medidas necesarias para un retorno seguro. No ha sido el caso de México, ni de Yucatán. Millones de personas se ven ante la difícil disyuntiva de salir a la calle a trabajar, para obtener su sustento, o quedarse confinados en el hogar, renunciando a sus ingresos. Permanecer en casa es un lujo que cada vez menos personas se pueden dar. El retorno seguro ha implicado la coordinación entre los gobiernos y las y los empleadores para volver a echar a andar la economía minimizando los riesgos para la salud. Hasta la fecha, los resultados han sido poco satisfactorios.

El gobierno estatal y las organizaciones empresariales han anunciado la revisión conjunta de la estrategia de reanudación de actividades económicas pues el ritmo de los contagios no disminuye y el dinamismo económico no aparece.

La “temporada” toca a su fin con sus fiestas y encuentros riesgosos con el virus, pero la regulación sanitaria del transporte público sigue siendo tarea pendiente. Largas “colas” de usuari@s desesperad@s se forman en los paraderos de la ciudad de Mérida. Las unidades son insuficientes y las “corridas” cada vez más espaciadas hacen de los traslados de la casa al centro de trabajo y viceversa una peligrosa aventura cotidiana.

No debiera ser así. El gobierno tiene los medios para acordar con los concesionarios del transporte público un mayor número de unidades y un incremento de las frecuencias. Puede asimismo redistribuir los paraderos fuera del primer cuadro. Tiene además, las cámaras del C-5 para vigilar que las normas sean respetadas y en caso contrario, puede tener una reacción rápida para corregir la situación.
El reto actual consiste en proteger la salud y, al mismo tiempo, poner los medios para la reactivación económica.

2) “¿Por qué hay tantas camas vacías en los hospitales y tantos muertos? Cuando comenzaba la pandemia, el factótum sanitario, el Dr. López Gatell, señaló como objetivo primordial reducir el ritmo de contagios de tal manera que se evitara la saturación de los hospitales. En esos primeros meses, una y otra vez se subrayaba la importancia de mantenerse en casa si se presentaba alguno de los síntomas del contagio.

La espera en el hogar se transformó en un riesgo elevado, pues numerosos pacientes llegaban tarde a solicitar la atención que podría haberles salvado la vida. En estas últimas semanas, con mayor frecuencia se escucha la entendible resistencia a internarse, al asociar el ingreso a un hospital público con la muerte.

¿Habrá camas disponibles por este temor? Los infectados, se comenta, tardan más en ingresar que en registrar su deceso.

Las frías estadísticas dicen que más del 50% fallecen en los primeros cinco días y que siete de cada diez personas intubadas pierden la vida. Más que las camas -disponibles o ocupadas- deberían ser los decesos el principal indicador de la calidad de la respuesta institucional frente al Covid. Casi 60,000 muertes reprueban la estrategia seguida.

3) “¿Quiénes resienten con mayor fuerza los efectos de la pandemia?” Ningún grupo social puede declararse al margen del riesgo de contraer Covid, aunque algunos se comporten como si se sintieran invulnerables. Por grupo de edad, sabemos que, afortunadamente, los menores están mejor protegidos y que son los adultos mayores quienes registran la mayor mortalidad. Sin embargo, en la parte económica se presentan diferencias importantes. Los muy ricos, como siempre, tienen la posibilidad de escapar más fácilmente de sus consecuencias: y los más pobres, entre una situación de crónica desventaja social y los apoyos gubernamentales, sobrellevan la carga que la nueva realidad les impone.

Sin embargo, una vez más, son las amplias clases medias de las ciudades las más afectadas. La familia de madre y padre trabajadores, que en forma súbita perdieron su empleo y, por tanto, su ingreso para hacer frente a sus compromisos de hipoteca, renta, pagos a plazos y colegiaturas. El pequeño negocio familiar que tuvo que cerrar sus puertas; aquellos que están literalmente “comiéndose” su inventario, sin posibilidad de reponerlo; tragos amargos y tragedias domésticas que pueden en un santiamén transformar lo que se sentía seguro en un mar de incertidumbre.

Próximamente exploraré con ustedes, amig@s lectores, la situación de vulnerabilidad de un amplio grupo social que se caracteriza por la capacidad de invertir en su propio futuro.

Colofón: una luz de esperanza. Los gobiernos de México y Argentina, junto con la universidad de Oxford y la empresa Astra-Zéneca, anunciaron la producción masiva de una vacuna contra el Covid. La Fundación Carlos Slim pondrá el capital de riesgo para comenzar desde ahora su elaboración, mientras se obtiene el visto bueno de las autoridades sanitarias. Si se logra, la disponibilidad de vacunas se habrá adelantado varios y muy valiosos meses y se habrán prevenido miles de fallecimientos.

Si no es así, las vacunas fabricadas tendrán que ser destruidas, estimándose un gasto de más de 200 millones de dólares.— Ciudad de México.

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